Economía

PATEANDO EL TABLERO

La discreta ilusión de frenar el ajuste sin salir del régimen del FMI y sus amigos

Editorial en Pateando El Tablero, 101.7 Jujuy FM, miércoles de 13 a 15 hs.

Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad Cs. Económicas UNJu.

Miércoles 28 de octubre | 18:41

Esta semana Cristina Kirchner publicó una carta al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de su esposo y ex Presidente. Apelando al método utilizado en su carta podemos mencionar que hay un conjunto de certezas sobre cómo Argentina va a llegar este año a alcanzar la mayor caída de su economía desde el colapso del 2001-2002 y por qué sostener un acuerdo con el FMI no traerá nada bueno para el pueblo trabajador.

Primera certeza: comenzando por la coyuntura, sin dudas, existe una fuerte “extorsión devaluatoria” como sostiene Cristina, sin embargo, el problema de la demanda de dólares que termina en distintos momentos en un saqueo del Banco Central, si es de clase. El responsable no es el pequeño ahorrista, aquel que trata de cubrirse frente a una devaluación; si no, lo son los grandes actores económicos. Así fue durante la gestión de Macri que tomó deuda para financiar la fuga de más de 86 mil millones de dólares y entre los 100 principales compradores se encuentran los mismos grupos empresarios de siempre. Como también, en lo que va del año, mientras se espera un superávit comercial de 17 mil millones de dólares, el gobierno nacional con los pagos de la deuda pública (U$S 3 mil millones) y autorizando dólares para el pago de deudas de los empresarios (U$S 7 mil millones) en ocho meses permitió la salida de U$S 10 mil millones como sostiene el economista, Claudio Lozano, director del Banco Nación e integrante del Frente de Todos. A ellos hay que sumar la extorsión de los buitres financieros agrupados en los fondos de inversión, Templeton, Pimco, entre otros, que no satisfechos con los negocios durante el macrismo, ahora lograron un jugoso canje financiero de parte del ministro Guzmán quien les otorga bonos atados al dólar cuando sus inversiones estaban en pesos.

Segunda certeza: La pandemia desatada por el coronavirus generó un impacto en todo el mundo, provocando fuertes caídas de las economías y una gran incertidumbre sobre el ritmo y las posibilidades de recuperación. Sin embargo, lo que también es cierto, y no se encuentra en la carta de Cristina, es que la magnitud de los efectos sanitarios, sociales y económicos no tienen al virus como responsable; si no a los gobiernos que durante las últimas cuatro décadas vaciaron los sistemas de salud e incluso durante la propia pandemia siguen manteniendo el negocio de las clínicas privadas y los laboratorios. En paralelo, el gobierno nacional garantizó negocios millonarios para unos pocos como por ejemplo hicieron los bancos privados que a julio ganaron $103 mil millones, sobre todo gracias a la posibilidad de colocar los depósitos en Leliqs entregadas por el Banco Central. A la vez, que solo durante el segundo trimestre se perdieron 3,7 millones de puestos de trabajo. Estos despidos que incluyen al sector privado fueron permitidos al dejar vulnerar el decreto presidencial que los prohíbe. Si hay miserables es porque otros los dejan despedir. Lo cierto es que en toda crisis, hay ganadores y perdedores, como también gobiernos responsables de estos resultados.

Tercera certeza: pese a que intenten mostrar que el FMI “cambió” y que se lo podría considerar un “aliado”, incluso se discute el desembolso de otro préstamo, en realidad el fondo viene por lo suyo y, junto al gran empresariado, ordena un presupuesto de ajuste como el enviado por el ministro Guzmán al Congreso para el año próximo. Esta es una forma de garantizarse parte de los dólares para el pago del mayor préstamo del organismo entregado a un país. Recordemos los famosos 44.000 millones de dólares que le dieron a Macri para financiar su campaña. Pero el FMI es algo más que un acreedor de peso liderado por los Estados Unidos. El fondo es una de las caras visibles de la garantía de una serie de mecanismos legales y convenios que han profundizado la entrega y la decadencia del país desde 1976 en adelante. Podemos considerar entre ellos, la Ley de Entidades Financieras (1977) que conoció muy pocos cambios hasta el momento y le permite a los bancos extranjeros controlar la tasa de interés y así condicionar el sistema de crédito a favor de grandes empresas y de la especulación financiera; la subordinación al CIADI donde se ejecutan juicios contra el país a favor de empresas extranjeras, la Ley de Inversiones y Tratados Bilaterales de Inversión, la participación en la OMC que apunta a una mayor apertura comercial, como también la continuidad de las privatizaciones de empresas de servicios públicos, los puertos, la hidrovía, las leyes a la medida de las mineras, entre otras, que hacen a un país cada vez más controlado por el capital extranjero dueño del 62% de las 500 principales empresas junto a sus socios locales que poseen el resto en calidad de subordinados.

Entonces, ¿no resulta una ilusión la propuesta de Cristina de llegar a un acuerdo favorable a las y los trabajadores sentándose en una mesa con el FMI, los especuladores, los dueños del agronegocios, las mineras, los banqueros, las privatizadas, los industriales, con los mismos que presionan por la devaluación y un mayor ajuste fiscal?

Lo cierto es que el peronismo no está dispuesto a modificar las bases de estas conquistas históricas a favor del poder económico. Y lo demostró pagando en efectivo la deuda al FMI en 2006, dándoles una década ganada a los empresarios y banqueros como la propia Cristina les recuerda en la carta, manteniendo la mayoría de las empresas del Estado privatizadas. Pero también es cierto que la magnitud de la crisis de la economía nacional y mundial le dejará un reducido margen para mantener viva la ilusión de contentar al gran capital y, a la vez, otorgar algo -que no sea más ajuste- a la clase trabajadora como exige el empresariado. Mientras se va apagando esta ilusión, se comienza a encender una certeza: no habrá salida favorable para las mayorías sin dar vuelta la herencia del régimen del FMI y sus amigos.







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