Política

OPINION

La culpa no es del virus

Los duros costos de la crisis después de más de cuatro meses de cuarentena, en el terreno económico-social, sanitario y represivo. ¿Resultado inevitable de la pandemia o consecuencia de las medidas tomadas? ¿Hay otro camino?

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Jueves 30 de julio | 22:59

Al momento de escribir esta nota, Argentina lleva 133 días de cuarentena y se espera que en las próximas horas el Gobierno nacional, junto a mandatarios como Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta, anuncie cómo seguirá el aislamiento a partir del próximo lunes.

Haciendo un rápido repaso de la situación, durante estos meses los costos de esta crisis histórica ya son muy elevados.

En el terreno económico y social, ya son más de cinco millones las personas afectadas por despidos, suspensiones o ataques salariales durante la cuarentena, según los datos de la investigación del Observatorio de La Izquierda Diario. De acuerdo a algunas estimaciones, la pobreza estaría en una situación gravísima, cerca de alcanzar al 50 % de la población.

También es preocupante cómo ha recrudecido la represión estatal desde el 20 de marzo, con decenas de muertes a manos de las fuerzas represivas federales y provinciales, mientras que Facundo Castro sigue desaparecido. En las próximas horas La Izquierda Diario publicará un estudio especial sobre la violencia estatal durante la cuarentena.

Por último, pero no por eso menos importante, la pandemia ya se llevó la vida de 3288 personas en nuestro país y hubo cientos de miles de contagiados. Aunque esos números trágicos son por el momento más bajos que en otros países, estamos ahora en el momento de mayor preocupación por el crecimiento de los casos durante las últimas semanas y por el temor respecto de la capacidad que tendrá el sistema de salud para no colapsar de cara a lo que viene.

¿Es inevitable que pase todo esto?

Por su manejo de la pandemia, el Gobierno ha sido criticado por derecha por enemigos de la cuarentena. En general, se trata de sectores que quieren retomar la actividad económica y sus ganancias, despreciando la vida de la población.

Ahora bien, también es cierto que desde sectores oficialistas intentan instalar la idea de que “Alberto hace lo que puede” en una situación muy compleja que “le tocó”. El propio presidente se encargó de repetir que los problemas que atraviesa el país son culpa del virus y no de las decisiones tomadas.

¿Es realmente así? ¿Los padecimientos que atravesamos son inevitables?

Veamos primero qué dice el discurso oficial y algunos interrogantes que deja, para luego encarar el problema desde otro ángulo.

En cuanto a la crisis social, el Gobierno defiende la idea de que está desplegando una fuerte política y dándole prioridad a los que más lo necesitan, destacando principalmente el subsidio ATP a empresas para pagar salarios (incluso de multinacionales que no tienen crisis y hasta salarios de gerentes) o el pago a millones de personas del Ingreso Familiar de Emergencia de $ 10.000, aunque según el propio Indec una familia necesita un ingreso mensual de más de $ 43.000 para no ser pobre. ¿Es eso realmente todo lo que se podía hacer? ¿Por qué no se destinaron mayores recursos para que la pobreza no aumente dramáticamente?

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Respecto de lo represivo, el Gobierno decidió desde el comienzo de la cuarentena empoderar a las fuerzas de seguridad, que se envalentonaron. Ahora hay abiertas fuertes polémicas e internas dentro del Frente de Todos. Pero más allá de ellas, ¿por qué el oficialismo sostiene a Sergio Berni, que alienta la mano dura y la represión en la provincia de Buenos Aires? ¿Por qué Sabina Frederic no va al Congreso Nacional a dar explicaciones de los crecientes casos de violencia de las fuerzas de seguridad en todo el país? Esos funcionarios no siguen en sus cargos por azar, sino por una decisión política.

A su vez, en el terreno sanitario, el Gobierno intenta mostrarse como un modelo de éxito en comparación con otros países del mundo.Sin embargo, la realidad es que Argentina está entrando ahora en el peor momento de la pandemia y la preocupación existe. Este jueves fue el propio presidente el que lo expresó, diciendo que “tenemos que ponernos firmes porque no está funcionando esto”. Pero si lo que está en juego son nuestras vidas: ¿por qué en estos 133 días no se centralizó el sistema de salud público y privado ni se invirtió fuertemente para contar con más personal de salud, tener la capacidad de testear masivamente o instalar una cantidad mucho mayor de camas de terapia intensiva?

Hay que invertir las prioridades

Recursos para atender las necesidades de las mayorías hay de sobra. Pero la realidad es que hay una decisión política de no afectar los intereses de los poderosos de siempre.

Por eso es que en lugares de trabajo y en los barrios se empieza a comentar que “el Gobierno arruga ante los empresarios”.

Veamos solamente algunos ejemplos.

El Gobierno amagó con poner un impuesto a las grandes fortunas, pero hasta ahora no les tocó ni un pelo. Los Rocca, los Magnetto, los Galperín o la Sociedad Rural siguen de fiesta. Si se hubiera adoptado un proyecto como el que propusieron Nicolás del Caño y Romina del Plá en el Congreso Nacional, de impuestos extraordinarios a los grandes patrimonios y a las altas rentas, afectando tan solo al 0,03 % de la población, habría recursos tanto para la emergencia sanitaria como pagar pagar un IFE de $ 30.000 a todas las personas que lo necesitaran.

Alberto Fernández también anunció que expropiaría la empresa Vicentín, pero retrocedió ante los banderazos y cacerolazos de Juntos por el Cambio, representantes sojeros y su base social. Se consolidan así las maniobras fraudulentas de ese grupo económico.

El presidente también dijo esta semana que “no va a postergar a los argentinos para pagar la deuda”. Sin embargo, durante la cuarentena ya pagó más de 2000 millones de dólares que fueron a manos de los especuladores, de una deuda que además es ilegal e ilegítima. ¿Cuántas camas de terapia intensiva o IFE se podrían haber pagado con esa fortuna? ¿Cuál es la prioridad? Ahora, además, están intentando cerrar una negociación por la deuda, para que el saqueo del país siga por años, postergando el trabajo, la salud o la educación.

El Gobierno decretó la prohibición de los despidos, pero la realidad es que, con la complicidad de la CGT y todos los burócratas sindicales, miran para otro lado y dejan que la desocupación crezca y las suspensiones sean con baja de salarios. Además, que en muchos lugares de trabajo no se cumplen los protocolos sanitarios, poniendo en riesgo la vida de los trabajadores.

En campaña electoral, el Frente de Todos había dicho que iba a priorizar a los jubilados por sobre los bancos. Pero la realidad es que congeló la movilidad jubilatoria, perjudicando a más de dos millones de adultos mayores, mientras que los bancos siguen llevándosela en pala: solamente en el mes de abril ganaron $ 17.500 millones.

El aumento de la violencia policial y la represión de las fuerzas de seguridad no está desligada de lo anterior: ante el aumento de la pobreza, la respuesta no es satisfacer las necesidades de las mayorías afectando los intereses de los poderosos, sino redoblar la criminalización de la pobreza.

Otro camino

Si esta es la realidad hasta ahora, no hay ningún motivo para pensar que el Gobierno, cuando pase la cuarentena, tendrá una política que priorice dar solución a los problemas de las grandes mayorías.

Por el contrario, es necesario comenzar a prepararse para ganar las calles y pelear por otro programa: ellos discuten las medidas que van a implementar de acá en más ante la crisis, nosotros necesitamos las nuestras.

Para frenar los ataques, desde el PTS venimos proponiendo impulsar junto con el Frente de Izquierda (con fecha a definir y según la evolución de la cuarentena), una gran Jornada de Movilización en todo el país por el salario y la salud del pueblo trabajador, contra los despidos, la precarización y el gatillo fácil, para que la crisis la paguen los grandes empresarios y no el pueblo trabajador. Denunciando la complicidad de las burocracias sindicales y llevando esta propuesta a los movimientos piqueteros combativos, a los centros de estudiantes, al Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, al movimiento de mujeres y a todos los sectores que acuerden con la convocatoria.

A su vez, reuniendo a los sectores antiburocráticos y combativos, como hemos comenzado a realizar por región y por gremio, nos proponemos construir polos para pelear con más fuerza para terminar con la pasividad cómplice de las direcciones sindicales y, en lo inmediato, para apoyar cada lucha y poner en pie comisiones de seguridad e higiene para defender nuestra salud y nuestras vidas en cada lugar de trabajo, frente a la sed de ganancias patronales a las que no les importa.

Junto con estas peleas inmediatas, desde el PTS planteamos también la necesidad de fondo: avanzar, al calor de todas estas peleas y junto a miles y miles de compañeros y compañeras con los que las damos en común, en construir también una alternativa que pelee por medidas fundamentales como el desconocimiento soberano de la deuda pública, el monopolio estatal del comercio exterior, la nacionalización de la banca o la expropiación y gestión bajo control de los trabajadores de los recursos estratégicos del país, para que esta crisis no la paguemos nosotros; para reorganizar la sociedad en función de las necesidades de las grandes mayorías y no de las ganancias de unos pocos.

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