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Red Internacional

Anticipo de más ataques. Cristina Kirchner y un discurso conciliador con la oposición de derecha y el poder económico

Cristina sigue con el guiño a la derecha. Después de reunirse con el economista de derecha liberal Carlos Melconian y de atacar a los movimientos sociales, la vicepresidenta hizo un discurso conciliador con el poder económico y la oposición de derecha. Las urgencias de las grandes mayorías, ausentes. Guzmán como chivo expiatorio. Habló de los problemas con el dólar pero el oficialismo no plantea ninguna medida que cuestione los problemas estructurales. Esto solo puede traer como consecuencias nuevos ataques contra el pueblo trabajador.

Viernes 8 de julio | 18:12

Este viernes por la tarde Cristina Kirchner volvió a aparecer públicamente. Lo hizo en el marco de la inauguración del Cine Teatro Municipal de El Calafate. Compartió mesa con Jaime Perczyk, el ministro de Educación de la Nación; Javier Belloni, intendente de El Calafate; y Alicia Kirchner, gobernadora de la Provincia.

Su intervención era muy esperada, ya que se trataba de la primera aparición pública de la vicepresidenta tras la renuncia de Martín Guzmán y el agravamiento de la crisis. Su alocución, finalmente, confirmó que la presidenta continúa el giro a la derecha de las últimas semanas. Vale recordar que venía de hacer gestos importantes, como reunirse con el economista de derecha liberal Carlos Melconian, con el traidor dirigente de la CGT Héctor Daer y, sobre todo, de hacer un fuerte ataque público a los movimientos sociales. Estas declaraciones, junto a los ataques de la oposición de derecha y grupos mediáticos, fueron caldo de cultivo para que se redoblen la criminalización de la protesta social y la persecución, como se vio esta semana con los allanamientos a distintas organizaciones en Jujuy, CABA y el conurbano bonaerense.

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El discurso de este viernes en Calafate confirmó que la vicepresidenta está en un marcado rumbo de conciliación con el poder económico, con el propio presidente y la oposición de derecha, aunque ahora más acentuado aún por la aceleración de la crisis política y económica. Esta orientación es en pos de garantizar una "gobernabilidad" en la que siguen ganando el FMI y los poderosos de siempre, al tiempo que se profundiza la crisis social, agravada ahora por un nuevo golpe inflacionario.

Una de las frases más destacadas de su discurso se planteó al final del mismo, cuando afirmó "que sin rencores pero, con muchas ideas y fundamentalmente con mucha esperanza de que podamos hacerlo es que debemos auto convocarnos (...) para la construcción de una Argentina en paz que presupone, además, una Argentina también con paz social". En el mismo sentido, un poco antes y fundamentando su pedido de convergencia entre distintos sectores, se refirió a las condiciones internacionales que enmarcan la crisis del país. “Está muy feo afuera. Y como está muy feo afuera yo les pido a todos y a todas que (…) más allá de las ideas (…) tenemos que encontrar un punto de coincidencia común porque si no, no va a haber Argentina para nadie”.

Los llamados a la "paz social" y a celebrar acuerdos -más allá de las posibles interpretaciones- están dirigidas a la preocupación por posibles aumentos de la conflictividad social bajo los golpes de la crisis.

En este marco, en el discurso de Cristina Kirchner estuvieron ausentes las referencias a medidas urgentes frente a la crisis social, pero no la preocupación de impedir la protesta popular, lo cual está a tono con su ataque a los movimientos sociales.

Junto a esto, el discurso de Cristina Kirchner dejó como frases más resonantes las referencias al ahora ex ministro de Economía Martín Guzmán. “Creo que fue un inmenso acto de irresponsabilidad política”, dijo hablando sobre su dimisión del pasado sábado. Luego sumó que “también fue un acto de desestabilización -en cierta manera- institucional, porque el mundo como está, el país como está, el dólar como está… hacerlo enterar al Presidente de una renuncia por Twitter, no me parece bien”. Y por último sentenció: “Me parece un gesto de inmensa ingratitud personal hacia el propio Presidente. Ustedes saben las diferencias que puedo tener con el Presidente en cuanto a políticas o funcionarios, pero este presidente había bancado a ese ministro de Economía como a nadie, enfrentándose inclusive con sus propias fuerzas de la coalición. ¿Se merecía realmente eso?".

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De esta manera, Cristina, que durante los últimos meses apareció enfrentada a Martín Guzmán, busca un chivo expiatorio para los nuevos momentos de crisis e incertidumbre económica que se viven por estos días, sumándose a una crisis de larga data. Cargar las tintas sobre el ex ministro cumpliría esta función política, cuando la crisis de reservas del Banco Central, las nuevas exigencias del FMI, el alto riesgo país o la crisis de la deuda en pesos amenazan con un nuevo salto de la crisis, golpeando al crecimiento económico y acicateando aún más la inflación en un contexto ya de por sí muy grave. La preocupación por la conflictividad social va ligada a este panorama, así como las alianzas de la vicepresidenta con los empresarios, el pejotismo o la burocracia sindical.

Por otro lado, y en una señal hacia el poder económico, la vicepresidenta se refirió a la reunión con empresarios en la que participó, este jueves, el ministro de Interior, Wado de Pedro. Ahí, el ministro llamó a Juntos por el Cambio a consensuar un modelo de país. Cristina hizo referencia a ese encuentro, como un intento de “discutir políticas y no personas”, uno de los ejes que recorrió el discurso. “Me gustó mucho la intervención que tuvo Wado de Pedro en el Cicyp”, indicó.

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Fue en ese marco que rescató una investigación de la Unión Industrial Argentina (UIA). “Quiero rescatar de este trabajo, de esta propuesta de la UIA, están las metas que se fijan para los próximos cuatro años: producción industrial, empleo industrial, empresas industriales, exportaciones industriales y en inversión”, afirmó, señalando que ese informe se remitía a los años 2011 y 2012.

La vicepresidenta dedicó parte importante de su intervención a señalar el problema de tener una economía "bimonetaria", tal como ella lo define. En ese marco señaló la cuestión de la fuga de divisas, reconociendo que también fue un problema durante su gobierno. En este marco, reivindicó que Santa Cruz se encuentra entre las 9 provincias del país que produce más dólares de los que consume, gracias, en parte, a un modelo extractivista, basado en la explotación de oro y plata.

Camino a un programa económico neomenemista

En su discurso CFK solo hizo un diagnóstico de los problemas del dólar y del peso argentino. Señaló "hay que ponerse de acuerdo porque así el año que viene gane Mandrake el mago (…) no va a haber solución para este problema estructural de la economía argentina que lo constituye la economía bimonetaria". Sin embargo, no planteó salidas ni desarrolló ningún programa.

Las crítica no implican, sin embargo, poner en cuestión los problemas estructurales del país que están en la raíz de ese problema monetario. Argentina, en tanto economía dependiente, sufre una persistente sangría de divisas por los pagos de la deuda pública, las remesas de utilidades de las empresas a sus casas matrices y un alto grado de importaciones. Esto último se encuentra relacionado con la matriz industrialmente atrasada del país. Y, en estos meses en particular, por las compras de combustible, resultado de la dependencia externa en este vital insumo.

En ese esquema hay que señalar, también, las múltiples maniobras de sobrefacturación de importaciones y/o subfacturación de exportaciones que realizan numerosas grandes empresas que participan del comercio exterior. Mecanismos que se complementan con otras operatorias irregulares, en las cuáles se evade directamente el control estatal.

A estos problemas se suman la constante fuga de divisas que lleva adelante, de manera constante, el gran empresariado. Una fuga que -por vía legal e ilegal- ha llevado a que existan fuera del país alrededor de USD 400 mil millones, una cifra sideral. Entre los grandes fugadores se encuentran empresas de origen nacional y extranjero. Ese proceso, además, sería imposible sin la labor de los grandes bancos, que facilitan todo tipo de maniobras funcionales a ese proceso.

Todos estos mecanismos deben ser cuestionados si se quiere enfrentar con seriedad la crisis permanente por la falta de dólares. Es por eso que no puede existir ninguna solución profunda sin medidas de fondo como la nacionalización del sistema bancario y su fusión en un banco único controlado por sus trabajadores, que impida la fuga de divisas. Otra medida fundamental es el monopolio estatal del comercio exterior. Administrado por sus propios trabajadores y trabajadoras, puede impedir las múltiples maniobras que empujan a la sangría constante de la riqueza nacional.

Ni Cristina Kirchner ni nadie en el Frente de Todos plantean medidas que vayan, siquiera, en esa dirección. Pero no tomar ese camino implica, por el contrario, preparar las condiciones para nuevos y mayores ataques contra las mayorías populares. Eso es lo que hoy está en discusión dentro del mismo Frente de Todos y, también, dentro del arco de la oposición de derecha y los sectores empresarios. Analistas y economistas discuten a diario las eventuales salidas a la crisis actual dentro del esquema existente. Se habla de opciones que van desde una devaluación de la moneda -algo que hoy pareciera no querer el oficialismo- hasta diversos esquemas de semi-dolarización. Este mecanismo, como demuestran experiencias internacionales, implica la necesidad de nuevos y mayores ajustes sobre la economía como forma de respaldo. Se sostienen, básicamente, sobre la contracción del llamado "gasto público" y una mayor caída del poder adquisitivo de las grandes mayorías.

Así, sin poner en cuestión las bases económicas que empujan a la crisis con el dólar, la política de Cristina Kirchner y el Frente de Todos empujaría en el camino de un plan semi-menemista de mayores ataques.

En este marco de crisis aguda, decenas de organizaciones sociales, políticas y de trabajadores nos preparamos para salir a las calles este 9 de Julio. Porque los trabajadores, las mujeres y la juventud tenemos que intervenir en la crisis para dar nuestra salida. Apoyando las luchas, exigiendo que las cúpulas sindicales rompan su subordinación al gobierno y convoquen a un paro nacional y plan de lucha en la perspectiva de la huelga general y planteando una salida de fondo, que parta de romper con el FMI, el no pago de la deuda pública y medidas de emergencia como la nacionalización de la banca y el monopolio estatal del comercio exterior. Por un Gobierno de los trabajadores y una perspectiva socialista desde abajo ante el desastre capitalista.

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