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Red Internacional

Análisis.La crisis en Brasil y las tensiones en las Fuerzas Armadas

Brasil se vio sacudido esta semana por la repentina reforma ministerial de Bolsonaro que incluyó el reemplazo de seis de sus ministros el lunes y la renuncia de la cúpula de las Fuerzas Armadas el martes. ¿Qué implican estos movimientos?

Miércoles 31 de marzo | 15:36
Foto de archivo: el presidente Jair Bolsonaro saluda al general del Ejército Eduardo Pujol, el 23 de agosto de 2019, en Brasilia.

La inesperada salida del general Fernando Azevedo del Ministerio de Defensa el lunes fue uno de los puntos culminantes de la crisis que se expresó la caída y reordenamiento de 6 de los ministerios del Gobierno de Bolsonaro. Junto a este hecho, los comandantes de las tres fuerzas, Ejército, Armada y Fuerza Aérea, entregaron este martes sus cargos al nuevo ministro, el general Braga Netto (antes jefe de Gabinete).

Estos movimientos expresan la tensión que existe en la cúpula de las Fuerzas Armadas, que, al mismo tiempo, necesita desacoplar su imagen de la catastrófica política y gestión de Bolsonaro. Sin embargo, esto tiene que hacerlo sin llegar al punto de ruptura con el Gobierno al que aún apoyan y del que participan.

Hasta ahora, a pesar de todo el discurso mediático, solo un sector minoritario de los militares ha roto con el Gobierno, el de los generales de "tercera vía", que tienen su figura más activa en el General Carlos Albertos dos Santos Cruz.
Santos Cruz es uno de los que aparece liderando a los militares decepcionados con Bolsonaro. Habiendo sido exfuncionario del gobierno y luego de renunciar por diferencias con los hijos del presidente, algunos ven en Santos Cruz un posible candidato a la vicepresidencia en una alianza de centroderecha como tercera vía para las elecciones de 2022. Santos Cruz es un acérrimo defensor del exjuez de la operación Lava Jato, Sergio Moro, por lo que los defensores de una “tercera vía”, en la disputa entre Bolsonaro y Lula en 2022, apuestan por una figura "lava-jatista", compuesta principalmente por los generales que rompieron con Bolsonaro en 2019, algunos junto con Moro, adoptando un discurso más opositor.

Por otro lado vemos militares bolsonaristas de primer orden como el general Augusto Heleno, que están a su lado sin ninguna diferenciación, sosteniendo abiertamente al presidente incluso en momentos de escalada en el enfrentamiento ya sea con el Congreso, los gobernadores o el Supremo Tribunal Federal (STF). Es un sector, que aunque minoritario, profundiza el involucramiento de los militares con el Gobierno, hasta el punto de sostener un mayor enfrentamiento de fuerzas entre los distintos poderes.

Con la salida del general Fernando Azevedo del Ministerio de Defensa hoy vemos por primera vez, divisiones en el núcleo de generales del Ejército que ocupaban puestos clave en el Gobierno: Braga Netto, Azevedo y Eduardo Ramos. Eduardo Ramos y Braga Netto están cada vez más cerca de la posición de integración total al gobierno que expresa el general Augusto Heleno. Por otra parte está la posición de Villas Boas y del propio Azevedo, cuyo objetivo es tratar de encontrar la forma de llevar a cabo una “retirada ordenada” desde los puestos más visibles en el Gobierno hacia el llamado Centrão (coalición de partidos de derecha y de caudillos regionales en el Congreso). Es decir, garantizar una base parlamentaria para el Gobierno pero buscando al mismo tiempo un perfil más discreto para el apoyo del Ejército a Bolsonaro.

Estas disputas y tensiones en la cúpula militar también están atravesadas por los intereses personales de esta burocracia militar que se ha enriquecido mucho con sus nuevos cargos en el Gobierno, en los estados o con la reforma previsional de Bolsonaro que privilegia particularmente a los alto mando. Juntos, estos sectores de la cúpula y la casta militar fueron parte y "comieron el hueso" arrojado por el golpe institucional y luego ya con Bolsonaro en el poder, "mordieron la carne", de la que ahora les cuesta desprenderse, incluso en medio del hedor de los 300.000 fallecidos por covid-19.

El antropólogo Piero Leirner, especialista en estudios militares,ha publicado en sus redes sociales algunos puntos de análisis que llevan a una mirada muy diferente. Según él, estas divisiones serían parte de un gran “teatro” realizado por los generales y no de divisiones y tensiones reales, que involucrarían incluso a parte de los medios de comunicación y los políticos del centrão, de la izquierda, etc. Para él, los generales más influyentes del Alto Mando, entendido como un cuerpo prácticamente monolítico, trabajan juntos para perpetuarse en el Gobierno y coordinarse en una guerra de información y contrainformación.

Es decir, según él, desde la ruptura del general Santos Cruz en 2019, pasando por la salida del general Eduardo Pazuello al Ministerio de Salud hasta la renuncia de los tres comandantes de las Fuerzas Armadas tras la renuncia de Azevedo, no son más que distracciones orquestadas por el grupo que controla el Alto Mando para ocultar sus verdaderas intenciones de profundizar su control sobre el Gobierno.

Una cosa es cierta, hay mucho teatro en todo esto. Los "informantes anónimos" de la prensa dominante ciertamente actúan de manera coordinada con el objetivo de exagerar las diferencias entre los comandantes y el Gobierno y facilitar el trabajo de desvincularse del Gobierno de Bolsonaro sin necesidad de entregar los cargos. Pazuello siempre se ha mantenido activo, por lo que está jerárquicamente subordinado a las órdenes del Alto Mando, el cual es plenamente responsable por su gestión de la pandemia como Ministro de Salud. Además, todo militar en activo en cargos de Gobierno sólo puede hacerlo porque ha sido autorizado por sus superiores.

Pero estaremos más cerca de la verdad si, contrariamente a la lectura de Piero, vemos que se está poniendo en escena otro espectáculo. Es precisamente el grado de tensiones dentro de las Fuerzas Armadas, el Ejército y el Gobierno lo que determina el espectáculo de las mentiras inventadas por los grandes medios de comunicación y sus “generales anónimos” (estos seres fantasmales). Los generales manipulan hábilmente sus propias diferencias para favorecer un punto que es del interés común de todos, o de la mayoría: preservar la imagen del Ejército y seguir apoyando al Gobierno, ocultando en la medida de lo posible las verdaderas intenciones y divisiones reales que atraviesan el Alto Mando y los generales de reserva.

La idea de que los militares están hoy trabajando hacia una “tercera vía” es una de las exageraciones y engaños interesados de parte de la prensa que se deja "engañar" por esos "informantes anónimos" porque en realidad expresan sus deseos y de sectores del bonapartismo institucional de que alguna figura de centro derecha, como Dória, Leite, Huck, o incluso más de extrema derecha, como Moro, se fortalezcan hacia las próximas elecciones.

Esa tensión está presente, y esto lo saben Bolsonaro y su ala de militares más leales. Tanto, que todo indica que intentaron provocar la situación de un motín policial en Bahía para imponer un hecho dado al conjunto de los militares, que validase una intervención federal en un estado gobernado por el PT. Anteriormente, para confirmar esta hipótesis, se nombró a Heleno para el Consejo de Defensa, organismo estatal que evalúa las intervenciones y solicitudes de defensa y estado de sitio. Bolsonaro tuvo que recular, como se expresa en el eliminación de publicaciones de los parlamentarios bolsonaristas en las redes sociales. La salida de Azevedo y la renuncia colectiva de los mandos de las Fuerzas Armadas es más que una mera operación distraccionista y revela profundas fisuras que el Alto Mando intenta minimizar.

En este sentido, los acontecimientos de este martes son una medida de fuerza y un alerta por parte de sectores del Ejército y de las Fuerzas Armadas para que Bolsonaro reconozca la correlación de fuerzas y el debilitamiento de su gobierno y no se embarque en aventuras golpistas que dividan aún más a las Fuerzas Armadas. Todavía es muy difícil saber qué posición es hoy la que prevalece entre los comandantes militares, pero es plausible suponer que en el próximo período se desarrollará una batalla sorda por el control de las Fuerzas Armadas.

Al contrario de lo que propone Piero, es fundamental percibir las debilidades y diferencias dentro del sector de militares que forman parte del Gobierno, especialmente en este momento en que aumentan las disputas entre los golpistas en las Fuerzas Armadas y el propio Bolsonaro, pues representan una sacudida importante en las relaciones internas entre los actores de este régimen autoritario.

Es a través de estas fisuras entre "los de arriba" que los trabajadores pueden encontrar su camino para emerger de hecho como una "vía", una alternativa política propia y organizada, contra todas las alas del régimen del golpe institucional: Bolsonaro, los militares, el STF, los gobernadores y parlamentarios.

El PT busca su lugar dentro de este régimen, y Lula guía las alianzas con la derecha (especialmente con el PSDB) a través de sus gobernadores. A través de las centrales sindicales como la CUT y la CTB, garantizan la "tranquilidad" de los de abajo y les permiten que sigan llevando al país a la peor crisis sanitaria, social y económica de los últimos tiempos, mostrando la docilidad que tendría un posible gobierno del PT en 2022 frente al fortalecimiento de los poderes autoritarios de los militares, el Centrão y el Poder Judicial.

No podemos esperar al 2022, la clase trabajadora necesita hoy una salida, que barra con la represiva Ley de Seguridad Nacional (una ley de la dictadura que reflotó el bolsonarismo para perseguir y reprimir opositores y activistas) y todos los vestigios y privilegios de los militares adquiridos en los últimos años, luchando por la derogación de cada reforma aprobada por el régimen del golpe e imponiendo una nueva Constituyente que cambie todas las reglas del juego.




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