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Red Internacional

En una entrevista por Canal 9, el empresario y legislador porteño de Juntos por el Cambio dijo que quienes trabajan en sus restaurantes no cobran más de $ 70.000. Es la mitad de lo que cuesta la canasta básica. La impunidad de una clase parásita y superexplotadora.

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Martes 15 de noviembre | 14:23
Roberto García Moritán | Foto archivo revista Hola

Puede que a Roberto García Moritán se lo identifique popularmente por ser el esposo de Carolina Ardohain, más conocida como Pampita. De allí que suele decírsele a él mismo “Pampito”. Pero es bueno conocerlo también por sus propias características personales. Empezando por que es empresario del rubro gastronómico y legislador porteño de Juntos por el Cambio.

Además de que, ideológicamente, es uno de los exponentes mediáticos de los valores de la ultraderecha vernácula. Tanto que algunos conocidos de su padre Ricardo García Moritán (exfuncionario de la dictadura y del gobierno de Néstor Kirchner) le preguntan por qué en lugar de militar junto a las “palomas” de la coalición opositora no se pasa a las filas de bocones como Javier Milei y compañía. Y él se ríe como no entendiendo qué le están queriendo decir.

García Moritán tiene (al menos que se conozcan públicamente) dos lujosos restaurantes en la Ciudad de Buenos Aires: La Mar y Tanta . Allí se ofrecen platos “exclusivos” a precios exorbitantes y, obviamente, clientela nunca le falta. Sin embargo, no pierde oportunidad para lanzar baldes de lágrimas de cocodrilo, quejándose de cuanto impuesto debe pagar y siempre amenazando que, por las deudas y los “costos laborales” (léase, lo que paga de salarios y cargas sociales), está al borde de cerrar sus negocios.

En las últimas horas “Pampito” volvió a dar que hablar. No por algún nuevo exabrupto en la Legislatura porteña. Tampoco por demostrar su ignorancia supina sobre historia argentina. Menos aún por algún evento doméstico junto a su mediática esposa. Esta vez fue en una entrevista que le hicieron en Canal 9 el domingo a la noche, en el programa “Opinión Pública” que conduce Romina Manguel.

“La verdad es que, hoy por hoy, en Argentina ni siquiera dos sueldos básicos alcanzan (para cubrir) la canasta básica”, dijo al reflexionar sobre la situación económica actual. No lo decía como asalariado, precisamente. Por eso el periodista Jairo Straccia le preguntó cuál es el salario promedio que se paga en un restaurant suyo. Y el empresario, sin ruborizarse, respondió.

“No sé, puede estar en el orden de los $ 70.000, más la propina debe estar en $ 80.000. Depende el cargo, ¿no? Estoy hablando de un sueldo con el que se empieza”, afirmó García Moritan. Como todo capitalista gastronómico, hasta le adjudica carácter de “sueldo” a esa contribución informal, arbitraria y cada vez menos frecuente de los comensales a la que se conoce como propina.

Es decir que quienes trabajan cada día y cada noche para que García Moritán llene sus cuentas bancarias (recordemos que el rubro de la gastronomía es uno de los que más facturó en la recuperación pospandemia), lo hacen por salarios que (como él mismo reconoce) no llegan a cubrir siquiera la mitad de la canasta básica.

Hay que hacerle una (nueva) corrección al empresario mediático. Según la medición más creíble que hay en la actualidad, la de la Junta Interna de ATE-Indec, en el mes de septiembre la canasta básica para una familia de dos adultos y dos menores rondaba los $ 205.000. Es decir que García Moritán reconoce que le está pagando a su personal sueldos que apenas superan el 35 % de esa canasta. Lo que se dice, un tipo ahorrativo.

Obviamente el empresario no podría hacer lo que hace (superexplotar a sus empleadas y empleados mientras se llena de plata) si no fuera por la fenomenal contribución de la dirección del Sindicato Gastronómico. Allí está Luis Barrionuevo, el histórico burócrata que debería representar los intereses de los empleados de García Moritán, que no lo hace y que, muy probablemente junto a su esposa y diputada peronista Graciela Caamaño, haya ido a degustar más de una vez los manjares que Pampito ofrece en La Mar o en Tanta. Cuestión de clase.


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