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La city londinense, preocupada por el fantasma del Brexit

El jueves 23 se votará la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea. Como expone un estudio reciente sobre el poder imperialista de Londres, la plaza financiera londinense tiene mucho que perder de imponerse el no.

Esteban Mercatante

@EMercatante

Martes 21 de junio de 2016 | Edición del día

En las últimas semanas la alarma por la posibilidad de que se imponga el Brexit el próximo jueves 23 fue creciendo en los círculos de poder londinenses, como lo refleja la prensa internacional. No es para menos, ya que de imponerse esta alternativa –que se viene desinflando después del asesinato de la diputada Jo Cox cuando participaba de un acto contra el Brexit– significaría un duro golpe para las bases del poder imperialista de la corona, estrechamente asociadas al rol de mediador en las finanzas globales. Rol que depende en una medida no menor de la peculiar posición que tiene Gran Bretaña dentro de la UE.

En Ideas de Izquierda de mayo discutimos el libro The City. Londres y el poder global de las finanzas, que estudia el rol de la plaza financiera londinense en el capitalismo global. Este trabajo muestra cómo la Corona británica logró sacar provecho de las fortalezas relativas (históricas, geográficas y geopolíticas) de la plaza financiera londinense para convertirla, desde los años ‘80, en la base de una renovación del poderío británico. El reférendum que va a celebrarse el próximo 23 de junio, podría asestar un duro golpe a las condiciones que le han permitido jugar ese papel. De ahí se explica la creciente alarma en los círculos dominantes británicos ante el crecimiento que venía mostrando la intención de voto contra la permanencia durante las últimas semanas.

Norfield demuestra en su libro que Gran Bretaña sigue jugando un rol clave como potencia imperialista global, y que puede hacerlo por las fortalezas de su sector financiero. Gran Bretaña ocupa el segundo lugar por la importancia de su sector financiero a nivel mundial, detrás de los EE. UU., mientras que en algunas áreas se ubica al tope del ranking, como es el caso de las transacciones de cambio de moneda. Cuenta con 6 instituciones financieras entre las mayores 50, contra 10 que tiene EE. UU. El protagonismo mundial de su sector financiero se refleja también en el peso que muestra en su economía: los activos bancarios representan 4 veces el tamaño del Producto Interno Bruto de Gran Bretaña, el ratio más elevado en el mundo después de los de Suiza y Luxemburgo. El primer puesto ocupado por Gran Bretaña en lo que hace a activos y depósitos bancarios internacionales, así como en lo que hace a transacciones de compra-venta de monedas, se realzan aún más teniendo en cuenta que su moneda nacional está lejos de ser dominante de las transacciones mundiales (la libra es ampliamente superada por el dólar, el euro y el yen).

La posición que tiene Gran Bretaña como parte de la UE, pero no de la Eurozona, fue para Norfield una de las claves para mantener el protagonismo de la City a pesar de la notoria pérdida de gravitación de la economía británica dentro del sistema mundial. Como dice en su blog, “este rol permite, y requiere, que el Estado británico opera al mismo tiempo fuera y dentro del montaje político y económico europeo”. El sistema financiero británico es mundial, y tiene como fortaleza mediar en las operaciones en dólares, y por eso “los intereses políticos y económicos de Gran Bretaña no apoyan su membresía dentro de la zona euro”. Sin embargo, “el Estado británico también necesita tener voz en el desarrollo de la política europea para sostener su posición y el funcionamiento del sistema financiero que ayudó a crear y del cual se beneficia”. Se entiende, operar como “bróker” privilegiado en los flujos de capital que vinculan a las economías de la UE y los EE. UU. es una parte importante de los negocios de la City.

Como sostiene Norfield en The City, “lo último que querrían las grandes corporaciones del Reino Unido es dejar la UE, con el riesgo de que sean afectadas las relaciones de comercio e inversión, y con fuerte efecto colateral para los negocios de la City”. No sorprende entonces que los medios británicos hayan salido a recordar en los últimos días que el Brexit podría amenazar todas las relaciones que permiten a Gran Bretaña sostener sus estatus imperialista.

Por supuesto, nada es definitivo, y aún ante esta amenaza, siempre hay “otras avenidas de parasitismo para perseguir”, nos recuerda Norfield. Aún en el caso del Brexit, el poder parasitario de las finanzas británicas podría reconfigurarse, y The city sugiere varias alternativas por las cuáles esta posibilidad podría discurrir, aunque probablemente con fuerte impacto en las relaciones entre las grandes potencias, cambiando los equilibrios existentes. Pero en ningún modo generando un efecto progresivo como parecen esperar algunos impulsores del Brexit desde la izquierda, o “Lexit”.

La UE sí o no, no es entonces la cuestión para los trabajadores y sectores populares golpeados por las políticas de austeridad, y para los que rechazamos toda la economía política al servicio del capital: liberalización del comercio y los flujos de capitales, privatización, recorte de impuestos en beneficio del empresariado y flexibilización y precarización de la fuerza de trabajo, políticas por las que las abogan las instituciones de la UE así como todos los gobiernos nacionales de los estados de la unión. Para la clase trabajadora debemos recordar, como dijera Lenin, que el enemigo está en casa.







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