SEMANARIO

“La caída de Draghi reabre una larga crisis de la política italiana”

ENTREVISTA: GIACOMO TURCI

“La caída de Draghi reabre una larga crisis de la política italiana”

Redacción Contrapunto

Ideas de Izquierda

La caída del gobierno de Mario Draghi se produce en un contexto internacional convulso, en medio de la guerra en Ucrania, con cifras récord de inflación en Europa, y una grave crisis energética. A lo que se suma, en las últimas semanas, una ola de calor sin precedentes, que está provocando incendios graves en todo el sur de Europa.

Después de la salida precipitada de Boris Johnson de Downing Street, se produce ahora la descomposición del gobierno de “unidad nacional” de Mario Draghi, hombre de confianza de Bruselas. Es la expresión de una inestabilidad política profunda que atraviesan varios regímenes políticos europeos. Para comprender la crisis política italiana, conversamos con Giacomo Turci, director del medio online italiano La Voce Delle Lotte y dirigente de la FIR ( Frazione Internazionalista Rivoluzionaria). La Voce Delle Lotte es parte de la Red interncional de La Izquierda Diario.

La política italiana siempre es compleja para quien no la sigue día a día, con multiplicidad de partidos y alianzas cambiantes en el Parlamento. El gobierno del banquero Mario Draghi había agrupado a fuerzas muy disímiles en torno a la idea de la unidad nacional, pero terminó estallando. ¿Cuáles son los motivos más inmediatos que llevaron a la caída de su gobierno?

Hay explicar, antes que nada, que el régimen político italiano es una República parlamentaria y el primer ministro (cargo que ocupaba Mario Draghi) no es elegido directamente por los ciudadanos, sino que debe ser votado por el parlamento. Lo mismo sucede con el presidente de la República, una figura más simbólica, elegida también por el parlamento (cargo que ocupa Sergio Matarella). Por lo tanto, el gobierno puede caer si no tiene la mayoría en las votaciones de "confianza" que se exigen para aprobar las leyes.

Draghi se había instalado hace casi un año y medio, con el apoyo de todas las fuerzas parlamentarias, excepto el partido de extrema derecha "Fratelli d’Italia". Fue un gobierno "tecnocrático", pero con un compromiso con la mayoría de los partidos parlamentarios, de tal modo que había varios ministros en su gobierno que no habían sido elegidos por él. Por lo demás, fue un gobierno de tecnócratas. El propio Draghi tiene una carrera dividida entre las altas finanzas y la burocracia estatal. Fue jefe del Banco Central Europeo (BCE) desde 2011 hasta 2019, y sin duda pasará a la historia por haber sido una de las caras públicas del sometimiento del pueblo griego a las políticas de ajustes y privatizaciones de la Troika. Lo importante es notar que su gobierno se basaba en una coalición muy heterogénea, -desde la derecha con Matteo Salvini y Silvio Berlusconi, al Movimiento 5 Estrellas (M5E) y el Partido Democrático- y dependía de que esta perdurara para gobernar.

La crisis comenzó a fines de junio con una ruptura dentro del Movimiento 5 Estrellas, ya que Luigi Di Maio (quien era ministro de Exteriores del gobierno de Draghi) se opuso al líder de su propio partido, Giuseppe Conte. Conte cuestionaba que Italia siguiera enviando armas a Ucrania, y un grupo de parlamentarios del M5E amenazó con presentar una resolución en el senado en contra del envío de armas. Di Maio, alineado con la política otanista, rompió con su propio partido y formó un nuevo bloque, lo que debilitó al M5E.

Esto, a su vez, profundizó la distancia entre el M5E y Mario Draghi. Hay que tener en cuenta que este gobierno promovió una política coherente con la necesidad de los grandes capitalistas de apropiarse de nuevas tajadas de mercado, promoviendo una fuerte redistribución hacia arriba de las rentas a costa de los pequeños propietarios. La principal consecuencia política de esta orientación ha sido el distanciamiento del M5E, que pretendía que se aprobaran algunas medidas económicas que Draghi no tuvo en consideración. La semana pasada, el M5E se abstuvo en una votación clave en el parlamento, haciendo tambalear a Draghi, que presentó su dimisión ante el presidente de la República, Sergio Matarella pocos días después.

La reacción de Draghi ante esta crisis llevó a que un sector de la derecha también le retirara su confianza, percibiendo que el gobierno quedaba demasiado inestable para continuar un año más (las elecciones estaban programadas para el 2023).

Esa coalición se había formado hace más de un año, para dar una salida "por arriba" de "unidad nacional" a la crisis política. ¿Cómo se explica esa confluencia de fuerzas de extrema derecha con otras de centro, neoliberales, etc.?

Uno de los motivos puede parecer muy pedestre, pero es real: el parlamento estaba lleno de diputados recién elegidos que necesitaban permanecer en el cargo al menos cuatro años y medio, porque esto les garantiza una renta vitalicia. Es decir, que respondían a sus propios intereses de “casta política”. La principal razón política para este tipo de coalición, sin embargo, es la grave crisis de los grandes partidos parlamentarios. Estos "queman" a sus líderes muy rápidamente en comparación con el pasado. Se trata de una crisis de “representación” que tiene un largo recorrido en la historia reciente italiana.

Draghi era una figura de "alto perfil" que contaba con la confianza de las instituciones europeas, de Estados Unidos y de los bancos, y estaba acostumbrado a cerrar las filas de sus "subordinados" con puño de hierro. ¿Qué mejor figura para mantener unidos a los partidos reaccionarios, conservadores, liberales y los viejos socialdemócratas de Liberi e Uguali? Los partidos del régimen, por su parte, vieron la oportunidad de imponer una serie de medidas en beneficio de los capitalistas convirtiendo a Mario Draghi, y no a ellos, en el principal culpable. Durante la pandemia, Draghi militarizó la gestión de la crisis, y todos los partidos avalaron esa política.

Los partidos también se han puesto a la sombra de Draghi en la política bélica y todos han hecho propio un discurso de defensa de la OTAN y de Zelensky en la guerra de Ucrania. Se han sumado de buen grado a la ola militarista europea que prepara una mayor militarización de las fronteras de la UE, como ya es evidente en el caso de la frontera hispano-marroquí. Los discursos que se proclaman sobre la paz y la diplomacia son, como en el caso de Conte del M5E, sólo discursos, porque lo que crece es el rearme imperialista.

Explicaste que uno de los desencadenantes de la crisis fue la ruptura con el gobierno del movimiento 5 Estrellas. ¿Qué queda hoy de este partido, quiénes son sus principales líderes? ¿Y cuál fue su evolución en los últimos años? Recordemos que fue presentado por muchos analistas como una expresión de la "nueva política" populista.

La principal causa de la reciente tensión y ruptura del M5S es su alejamiento de su perfil mediático populista "rebelde" y su total adaptación a la gestión gubernamental: les bastó con entrar en el Parlamento para convertirse en una especie de nueva Democracia Cristiana. Mientras que antes teorizaban que sólo podían integrarse a un gobierno cuando obtuvieran una mayoría absoluta de votos (algo que ni siquiera la DC consiguió nunca), pasaron a la idea de estar siempre en el gobierno, con alianzas cambiantes (con la extrema derecha, o con los social liberales).

El M5S intenta ahora presentarse con un perfil más "popular" y progresista, con la esperanza de jugar como un importante aliado del Partido Democrático en las próximas elecciones. Pero este es el mismo partido que ha gobernado con la derecha durante los últimos años en esta legislatura. Y en sus reivindicaciones políticas no ha dado ningún salto real hacia la izquierda. La realidad es que el ’nuevo’ partido de Conte se mueve ahora en el espacio de centroizquierda ’democristiana’, en sintonía con las posiciones pseudoprogresistas del Papa Bergoglio en nuestro país.

Quisiera que nos explicaras cuál es la ubicación del resto de los partidos italianos. En el arco de la extrema derecha y la derecha: Giorgia Meloni, Matteo Salvini y Silvio Berlusconi ¿qué papel tienen?

Hace más de diez años, hubo un intento de unir a toda o casi toda la derecha en un solo partido, el Popolo della Libertà. Tras el fracaso de este intento, gran parte de la derecha sigue organizada en tres partidos: Forza Italia de Silvio Berlusconi, La Lega de Salvini (que tiene un perfil más católico-nacionalista que en sus orígenes, cuando reivindicaba la separación del norte de Italia) y Fratelli d’Italia de Meloni (que es el heredero del pro-fascista MSI). Estos han sido capaces de mantener su alianza en prácticamente todas las elecciones desde 2018, ganando a menudo y confirmando que son una mayoría relativa en el país.

La competencia entre la Liga y el FdI por el papel de primer partido de centro-derecha llevó a Giorgia Meloni, líder del FdI, a adoptar posiciones menos radicales, más cercanas al consenso neoliberal-atlantista, pero a mantenerse en la oposición a Draghi, reivindicando la necesidad de una agenda política menos "proeuropea" y llamando a que hubiera elecciones generales para poner fin a gobiernos totalmente ajenos a la voluntad popular. Esta posición resultó fructífera, ya que el FdI es ahora firmemente el primer partido en las encuestas, con un 23% de las preferencias. Forza Italia y la Lega, sin embargo, habiendo mantenido siempre perfiles autónomos y críticos en el gobierno -mucho más que el PD-, intentan ahora hacer olvidar este año y medio de gobierno de “centro”. Salvini fue lo suficientemente inteligente como para no exigir un ministerio para sí mismo con Draghi, y lleva adelante sus propias campañas de "cuasi oposición”.

¿Y el Partido Democrático?

El Partido Democrático, como he dicho, ha asumido durante más de diez años el papel de partido baricentro en la política nacional italiana, debido a los vínculos con la burguesía italiana y la confianza depositada por el capital financiero en sus dirigentes. Es un partido que utiliza ciertos temas progresistas en los medios de comunicación y que todavía tiene vínculos con la burocracia sindical mayoritaria, pero ha sido el principal garante de todas las contrarreformas de la última época política. Entre los grandes partidos, fue sin duda el PD "el partido de Draghi".

Se realizarán elecciones en septiembre y la ultra derecha cosecha una alta intención de votos. ¿Quiénes son los Fratelli de Italia? ¿Puede haber un gobierno de la extrema derecha?

Fratelli d’Italia nació en 2013 como una alianza de dirigentes de centro-sur para reconstruir un partido de extrema derecha y pro-fascista tras la crisis de su antiguo partido, Alleanza Nazionale. Giorgia Meloni representa la victoria del sector que tiene sus bastiones en Roma y el Lacio. Se trata de un partido con grandes similitudes con el de Marine Le Pen en Francia, pero con un perfil más pro-OTAN y con menos vínculos con Rusia, a diferencia de la Liga, que ahora intenta hacer olvidar sus antiguas simpatías políticas. Es probable que el próximo gobierno esté formado por su coalición, en la que la extrema derecha (Liga y FdI) representa más de un tercio de los votos.

¿Podemos hablar en Italia de una crisis orgánica, en términos de Gramsci? Una crisis recurrente, por lo que se ve.

Ya en la década pasada hubo algunos signos notables de una crisis orgánica, en el sentido de una crisis estructural, una crisis de hegemonía, una crisis del Estado en su conjunto. El principal síntoma fue el ascenso de lo que era un pequeño grupo populista, el Movimiento 5 Estrellas, que evolucionó hasta convertirse en un partido aparentemente ecologista-progresista, pero en realidad con un carácter cada vez más evidentemente conservador y contra el movimiento obrero. No es casualidad que el M5S siempre haya intentado pasivizar a las masas y se haya convertido en el partido más gubernamentalista de todos. Podríamos decir que, con la dispersión y recomposición de distintos sectores de los viejos partidos, estamos viviendo una segunda oleada menor de crisis orgánica, en la que no existe una estructura política estable capaz de afrontar las enormes dificultades que plantean las contradicciones profundas de la economía y la sociedad, especialmente a nivel internacional. El hecho de que se haya exaltado a dos figuras bonapartistas de pequeños "salvadores de la patria", como Giuseppe Conte y Mario Draghi, y que estas figuras se "quemen" tan rápidamente, tiene que ver sin duda con el concepto de crisis orgánica.

Te has referido al contexto internacional convulsivo. ¿Qué impacto está teniendo la guerra de Ucrania y la alta inflación en la situación económica y social de las clases populares en Italia?

Sectores enteros de la economía italiana se vieron perjudicados por las sanciones occidentales a Rusia y por la progresiva desvinculación de la economía rusa: las relaciones comerciales y de inversión entre ambos países no eran marginales. El largo gobierno de Berlusconi (2001-2006) produjo un giro a la política italiana, desde entonces la Rusia de Putin se convirtió en un país "amigo", en el marco de una política multilateral de Italia más autónoma de la OTAN.

Más recientemente, desde el PD hicieron todo lo posible por trasladar toda la responsabilidad de las buenas relaciones con Rusia y China a la derecha y al Movimiento 5 Estrellas, que se habían mostrado muy favorables a nuevos acuerdos e intercambios vinculados al nuevo proyecto de la Ruta de la Seda china. Pero se trataba de políticas más de fondo de sectores de la burguesía italiana, en las que estuvo involucrado también el PD, con vistas a tener un papel más fuerte dentro de la UE y la OTAN. Por lo tanto, ahora hay un cierto desorden ante el realineamiento económico y político contra Rusia.
A su vez, el aumento de los precios de la cesta de la compra, de las facturas de energía y de los combustibles ya ha golpeado duramente a la mayoría de la población, y los planes de importación de nuevas fuentes de energía son demasiado lentos en comparación con las necesidades de este año y del próximo: se habla de un invierno especialmente duro, con agudas crisis sociales ya que muchos sectores populares van a pasar frío.

¿Y qué papel han tenido los sindicatos, tanto los mayoritarios como los del sindicalismo de base en estos meses?

Los sindicatos mayoritarios han permanecido esencialmente pasivos y complacientes con respecto al gobierno de Draghi. Tuvieron que llamar a una jornada de huelga general el 16 de diciembre de 2021, con reivindicaciones vagas y sin ninguna continuidad, porque la rabia social había alcanzado niveles preocupantes. Se arriesgaban a que sus bases tomaran como referencia política al 5 Estrellas y a la derecha "rebelde" -en lugar de a sus amigos socialdemócratas liberales-. Y también buscaban evitar que sectores obreros se lanzaran a la lucha desde abajo sin esperar. Esto ya empezó a ocurrir, en gran medida, en el caso de la fábrica GKN de Florencia, donde los trabajadores respondieron al anuncio de cierre con la ocupación y organizando una campaña de solidaridad extraordinaria.
Los sindicatos de base siempre se han alineado contra el gobierno, pero a menudo tienen la limitación de un importante sectarismo y un espíritu antipolítico. Esto es un gran impedimento para desarrollar un frente unido que pueda unir a los trabajadores no sólo en la lucha de defensa económica, sino también exigiendo mejores condiciones y participando en la lucha política contra los capitalistas y sus gobiernos.

El 20 de mayo pasado estos sectores impulsaron movilizaciones contra la guerra y la inflación, un posicionamiento importante en esta situación, ¿no es así?

Sí, durante esa jornada, el sindicalismo de base, al convocar una huelga nacional, consiguió movilizar con fuertes posiciones antibélicas. Este ha sido un posicionamiento importante, mucho menos extendido en otros países. Aunque fue minoritaria, fue un buen ejemplo de cómo movilizarse para llamar a huelgas con contenido político y que sean masivas, sin limitarse a movilizaciones aisladas o corporativas.

Este sector del sindicalismo de base está enfrentando también una fuerte criminalización de la protesta. Esta semana hubo movilizaciones por la libertad de varios dirigentes sindicales.

Sí, es un fenómeno que lleva años produciéndose y quizás todavía no es muy visible, pero desde hace un tiempo estamos viendo medidas represivas más brutales y provocaciones mediáticas por parte del aparato judicial-policial contra activistas de sindicatos y movimientos sociales. Este fenómeno puede vincularse sin duda a los "experimentos" de represión y autoritarismo que se aceleraron con el periodo de cuarentena en la crisis pandémica.

Para cerrar la entrevista, ¿nos puedes contar brevemente cuál es la perspectiva que están planteando desde la FIR y La Voce Delle Lotte ante la magnitud de la crisis actual?

En primer lugar, digamos que la lucha contra la inflación, contra la guerra y sus consecuencias, y contra las políticas de rearme imperialista del Estado italiano y la OTAN, tienen que estar en el centro en el próximo período. Y también parece claro que la clave de un cambio profundo pasa por la movilización y autoorganización de amplios sectores de trabajadores y oprimidos, con una política independiente de todas las alas capitalistas y de la decadente casta política italiana.

Pensamos que, en esta situación tan aguda, es clave luchar para crear un polo de independencia de clase, que pueda agrupar a la clase trabajadora más combativa con sectores de jóvenes, migrantes, del movimiento de mujeres. Para esto, habría que retomar las experiencias radicales de unidad de acción y de programas comunes de lucha que se dieron en los últimos años en Italia, aunque estos hayan tenido limitaciones.

Al mismo tiempo, frente a las elecciones, sería importante poder ofrecer una alternativa política, ya que es fundamental denunciar al reformismo sin reformas del PD y de la burocracia sindical que lo apoya. Pero, para eso no solo habría que unirse para las luchas, sino también dar pasos en crear una alternativa política unitaria, de clase y anticapitalista. Una plataforma de este tipo podría aprovechar las elecciones para hacer una campaña entre miles de trabajadores y trabajadoras. Incluso, en caso de tener buenos resultados, poner los escaños en el parlamento como tribunas para organizar las luchas y para difundir con más fuerza un programa para que la clase obrera no pague esta crisis. El ejemplo del Frente de Izquierda en Argentina, y el papel que juegan allí nuestros compañeros del PTS, es algo para ser seguido de cerca desde la izquierda italiana.

Desafortunadamente, la izquierda política que no tiene compromisos con el PD es muy débil y algunos grupos se van a presentar en una lista inspirada por la coalición de centro-izquierda de la NUPES (Nueva Unión Popular Ecologista y Social) francesa de Mélenchon. Una política reformista y de conciliación de clases.

A diferencia de quienes buscan una y otra vez atajos políticos en el régimen, nosotros pensamos que la crisis solo puede tener una salida favorable a la clase obrera y el pueblo si luchamos por una política de independencia de clase, y por desarrollar la autoorganización. Solo rompiendo la dictadura de los banqueros y los capitalistas que están detrás de todos los gobiernos y de esta democracia para ricos, es posible construir una sociedad socialista sobre nuevas bases.

El capitalismo nos ha llevado a una catástrofe ecológica continua, causando guerras, empobrecimiento y hambrunas. Para atacar de raíz estos males, no podemos aspirar “humanizar” este sistema, sino que tenemos que proponernos derribarlo. Somos aun un pequeño grupo en Italia, pero la fuerza pensamos que está en estos grandes objetivos.


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