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Red Internacional
La Izquierda Diario

Este martes comenzó el paro nacional por 48 horas convocado por Foeva. En Mendoza, el paro fue contundente, con zonas con el 70 % de acatamiento, garantizado por bloqueos organizados por delegados y trabajadores autoconvocados. En la provincia del sol y el buen vino, los trabajadores de la vitivinicultura explotaron contra la opulencia patronal

Miércoles 31 de marzo | 00:00

La bronca acumulada en las viñas y bodegas por la burla de la propuesta de un aumento del 30 % por parte de los grandes bodegueros, preanunciaba una medida contundente. Sin embargo, la acción de este lunes se transformó en un hecho histórico, en el momento en que las y los trabajadores de la vitivinicultura irrumpieron imponiendo un paro activo, con cientos de cortes en las puertas de las bodegas de toda la provincia.

Ante las amenazas, aprietes y maniobras de las empresas para hacer trabajar a contratados y eventuales, la unidad de los trabajadores se impuso en los piquetes, garantizando un paro histórico.

La bronca no es nueva, en la provincia del sol y el buen vino, quienes hacen posible la vendimia trabajan en las peores condiciones. En las bodegas la precarización laboral es moneda corriente, contratos temporales, por agencia, siempre pasando de bodega en bodega todas las temporadas, pero siempre con un salario “de hambre”, como denuncian los trabajadores. Mientras que un trabajador con 10 años de antigüedad apenas supera los $ 30.000 de salario, los grandes bodegueros siguen facturando millones, aún durante la pandemia.

Según un estudio del sociólogo Nicolás Guillén, los principales 14 grupos bodegueros destinan al pago de salarios menos del 10 % de su facturación. Por caso, la reconocida Luigi Bosca, destina solo el 6,5 % de sus U$S 22 Millones de facturación anual a pagar salarios con los que los trabajadores no pueden comprar los vinos que producen, que superan los $ 1000 la botella.

En las viñas la situación es aún más precaria. No solo cobran menos sueldo, sino que lo hacen en peores condiciones. Muchas veces no registrados, sin elementos de seguridad laboral ni sanitaria, trabajan a la intemperie del frio en invierno y del sol en verano. Allí, el desprecio patronal es brutal.

Esa bronca se siguió acumulando durante la pandemia, cuando en el peor momento sanitario de la provincia, el Gobierno nacional, a pedido del provincial, declaró esenciales a miles de trabajadores vitivinícolas, a expensas de su salud y condiciones de vida, con el único fin de asegurar la cosecha y los negocios de los grandes bodegueros. Fueron los mismos que dejaron varados a cientos de trabajadores golondrina en la terminal de Mendoza sin agua, comida ni la posibilidad de volverse a sus casas luego de trabajar en la cosecha.

A costa de la salud de miles, los grandes bodegueros obtuvieron en 2020 un récrod de exportaciones de vino: se exportaron 395 millones de litros, un 26,7 % mas que el año anterior. El mayor volumen de los últimos 12 años. Más allá de esto, niegan el aumento de salario que exigen los trabajadores y trabajadoras.

A ellos no los pueden engañar, son ellos quienes vieron aumentar la producción, las exportaciones y la facturación de las empresas mientras ofrecen aumentos que no llegar a cubrir lo perdido frente a la inflación.

Ese contraste entre la opulencia de los grandes bodegueros y las condiciones de trabajo que les imponen, entre el valor de su trabajo y lo que (no) pueden comprar con su salario, gestó la organizaciòn, y la solidaridad entre trabajadores de distintas bodegas que son la base sobre la cual se asienta la unión que les permite decir basta y plantarse en las puertas de las bodegas de toda la provincia para dejar en claro que: son ellos quienes hacen posible la vendimia.




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