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Red Internacional

Represión.La bota militar sobre los jóvenes en Colombia

Un Ejército asesino y lleno de escándalos, más después del asesinato del presidente de Haití Jovenel Moïse que dejó al descubierto la exportación de mercenarios, es el que ahora secuestra jóvenes y pretende obligarlos a pertenecer a sus filas. A su vez, judicializaciones y asesinatos selectivos son otras formas de acallar a la juventud colombiana.

Begonia D.Corresponsal en Bogotá

Miércoles 25 de agosto | 13:08

Luego del Paro Nacional que comenzó el 28 de abril en el que los jóvenes encararon las revueltas y desafiaron a las fuerzas policiales, el Ejército arremete contra ellos deteniéndolos de manera ilegal para obligarlos a prestar el servicio militar. Si bien, el servicio militar sigue siendo obligatorio en Colombia pese a las negociaciones del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC en 2016, el Ejército se viene saltando los protocolos establecidos para enlistar jóvenes.

De acuerdo con las declaraciones hechas por los familiares de los jóvenes secuestrados por el ejército al periódico El Espectador el pasado 19 de agosto “les habrían retenido sus documentos de identidad, y luego obligado a ir al Batallón de Artillería Número 13 para definir su situación militar”. Se sabe que desde el 2014 por sentencia T-455 de 2014 de la Corte Constitucional se prohibieron las redadas o “batidas” en las que se detenía a jóvenes que no han resuelto su situación militar.

Las atrocidades cometidas por Ejército contra los jóvenes en Colombia no solo tienen que ver con el enlistamiento, sino también con el asesinato de 6.402 muchachos que fueron presentados como bajas de la guerrilla durante el Gobierno de Álvaro Uribe entre el 2002 y el 2010 y que fueron conocidos como “falsos positivos”. Los jóvenes eran engañados con promesas de trabajo, llevados a zonas alejadas, asesinados y luego disfrazados como guerrilleros.

Los reclutamientos y la selección de jóvenes para ser presentados como “falsos positivos” por parte ejército se llevan a cabo en las zonas más pobres de las ciudades o en zonas rurales apartadas. Además de esto, se conocen 12 denuncias de casos de violaciones a mujeres y niñas, como el de la niña de la comunidad indígena Embera, quien fue encontrada amarrada a un árbol y violada por varios solados en el departamento (Provincia) de Risaralda, hecho ocurrido el 21 de junio del 2020.

Son también escandalosos los asesinatos de niños y niñas a manos del Ejército colombiano. El pasado 29 de agosto de 2020 en un bombardeo en el departamento del Caquetá fueron asesinados 8 niños y niñas. Por su parte, el actual ministro de defensa Diego Molano defendió el operativo del ejército afirmando que los niños son “máquinas de guerra”.

No solo se pretende acallar a los jóvenes con la bota militar, también se encuentran judicializados por “terrorismo” 165 integrantes de las primeras líneas de las ciudades de Bogotá. Cali, Soacha, Pasto y RIonegro, con penas que llegan hasta los 30 años de prisión; estigmatizados y encarcelados por exigir derechos como salud y educación, bajo procedimientos arbitrarios. No suficiente con lo anterior, también se están realizando asesinatos selectivos a jóvenes líderes, como el sucedido el 23 de agosto, en el que sicarios dispararon contra Esteban Mosquera estudiante de música de la Universidad del Cauca.

Secuestros, violaciones, desapariciones, asesinatos, son el historial de un Ejército que se levanta contra el pueblo para mantener un Gobierno corrupto y narcoparamilitar. Aun así los jóvenes siguen siendo la fuerza que mueve la rebelión contra el Gobierno de Duque. Son una generación que se politiza y se organiza, que no tiene nada que perder y sí mucho que ganar.




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