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DEBATE

La analogía de Antonio Maestre comparando a Pablo Iglesias con Lenin (o cómo falsear la historia para justificar el gobierno con el PSOE)

El periodista Antonio Maestre compara la política de Pablo Iglesias hacia Pedro Sánchez con la de Lenin, Trotsky y los bolcheviques hacia el gobierno provisional de Kerenski para enfrentar el golpe de reaccionario de Kornilov. Un verdadero disparate que encubre una posición conformista.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Jueves 14 de noviembre | 12:33

Las analogías son una gran herramienta para la construcción de conocimiento, así como para otorgar mayor poder explicativo a una determinada idea o argumento, para señalar la existencia de propiedades o dinámicas comunes entre los fenómenos que se compara, sin necesidad de que se repitan todas sus características. Pero el artículo publicado por Antonio Maestre en La Sexta no es el caso.

El artículo ha suscitado un interesante debate en Twitter, con múltiples respuestas en las que hemos intervenido varias compañeras y compañeros de la CRT e Izquierda Diario. Aquí queremos sintetizar y profundizar algunos de los argumentos respondiendo a este.

Para justificar la política de Unidas Podemos y el pacto de gobierno con el PSOE, en su analogía Antonio Maestre hace uso (y en nuestra opinión, abuso) del famoso apotegma de Lenin: "el análisis concreto de una situación concreta", como método del marxismo. Y abusa no sólo porque compara situaciones concretas totalmente distintas (hoy no hay ni revolución, ni contrarrevolución... ni tampoco fascismo), sino porque tergiversa el "análisis concreto" de ambas.

Veamos los argumentos. Maestre sostiene que Pablo Iglesias, haciendo uso de la “doctrina marxista” y el “análisis concreto de la situación concreta”, estaría actuando como Lenin con el gobierno provisional de Kerenski ante el intento de golpe de Estado contrarrevolucionario llevado a cabo por el comandante en jefe del Ejército ruso, el general Kornilov, en septiembre de 1917. En este caso, Kerenski vendría a ser Pedro Sánchez, y Kornilov estaría representando por las huestes de VOX.

La analogía es absolutamente forzada. En primer lugar, porque no hay ninguna revolución ni por ende contrarrevolución. Aunque no dudamos que el propio Maestre coincide con este análisis elemental. Pero tampoco hay en curso un golpe de Estado (comparar el aumento de representación parlamentaria de los protofascistas de VOX con un golpe de Estado es banalizar, y mucho, lo que significa un golpe de Estado, y sino preguntemos a los hermanos y hermanas del pueblo boliviano).

Ahora bien, incluso si aceptásemos que la analogía es forzada, tal vez pudiera ser útil. Pero no. Porque Maestre hace una comparación basada en falsedades históricas. Si se quiere ser riguroso al echar mano de la historia para pensar la actualidad, lo mínimo es partir de la realidad histórica y no de la “historia” que nos conviene inventar. Entonces en este caso deberíamos analizar cuál fue realmente la política de Lenin.

La realidad es que jamás hubo ningún "abrazo fraternal" -para usar las palabras textuales de Maestre- entre Lenin y Trotsky con Kerenski. La política de los bolcheviques frente intento de golpe de Estado de Kornilov (que en septiembre del 17 ingresaba hacia Petrogrado con un ejército, mientras Lenin se encontraba en la clandestinidad y Trotsky detenido en la fortaleza de Pedro y Pablo), fue “apoyar el fusil en el hombro de Kerenski para derrotar a Kornilov” por medio de la lucha, pero sin brindarle ningún tipo de apoyo político al gobierno provisional, y sólo como un paso previo a derrocar a dicho gobierno y darle “todo el poder a los soviets”.

Es falso que Lenin determinó ingresar al gobierno de Kerenski como plantea Maestre (estaba en la clandestinidad perseguido por ese mismo gobierno). Lenin y Trotsky propusieron “suspender temporalmente” la preparación de la insurrección abierta contra el gobierno provisional y defenderlo militarmente para derrotar antes a los fascistas. Pero lo hicieron sin brindar ninguna confianza a Kerenski, sin ningún “abrazo fraternal”, y mucho menos entrar en su gobierno para jurar lealtad a sus políticas reaccionarias. En el camino, siguieron trabajando para fortalecer la vanguardia obrera de Petrogrado organizada en los soviets, que de este modo terminaba de ganarse la confianza de la Rusia del interior y los soviets de soldados y campesinos (los aliados).

Una vez derrotado el golpe, en las pocas semanas que van de septiembre a noviembre, se pasó a la preparación de la insurrección y la toma del poder (“el cielo por asalto”), derrocando al Estado burgués, enterrando para siempre al zarismo y abriendo un nuevo capítulo en la historia de la humanidad y la lucha de los explotados y oprimidos por su emancipación.

Así de claro lo planteaba Lenin, siempre manteniendo la independencia política respeto a los partidos de la burguesía liberal:

“A primeros de septiembre, reacciona Lenin en su carta al Comité Central (…): ’Ni ahora siquiera debemos apoyar al gobierno de Kerenski. Sería faltar a los principios. ¿Acaso no hay que combatir a Kornilov?, se nos objetará. Claro que sí; pero, entre combatir a Kornilov y apoyar a Kerenski, media una diferencia, existe un límite, y este límite lo franquean algunos bolcheviques, cayendo en el ‘conciliacionismo’, dejándose arrastrar por el torrente de los acontecimientos’" (“En camino: consideraciones acerca del avance de la revolución proletaria”, 1º de mayo de 1919. LT)

Nacido de la represión a la vanguardia obrera durante las protestas de julio, el gabinete social-revolucionario de Kerenski era en realidad un gobierno de la reacción. Fue el propio Kerenski quien comenzó una ofensiva represiva contra los bolcheviques y para desactivar el poder de los soviets, y de este modo le dio aire a la ofensiva de Kornilov.

Trotsky relata aquellos acontecimientos en su brillante “Historia de la Revolución rusa”:

“En las horas que tenían libres de servicio, los marinos iban a la cárcel a ver a sus compañeros detenidos, a Trotsky, Raskolnikov y otros. "¿Es que no ha llegado el momento de detener al gobierno?" -preguntaban los visitantes-. "No, no ha llegado aún -se les contestaba-; apoyad el fusil sobre el hombro de Kerenski y disparad contra Kornílov. Después le ajustaremos las cuentas a Kerenski."

Siguiendo el hilo de la analogía histórica, le respondí a Antonio Maestre que más que comparar a Iglesias con Lenin, sería más acertado hacerlo con Martov, el líder de los mencheviques (conciliadores) que sí era partidario de una alianza de gobierno con Kerenski y la burguesía liberal. Esta mención parece que no le gustó tanto al propio Pablo Iglesias, que me respondió con sorna preguntándome si yo me creía Kolontái. Seguro que no, pero compararse con Lenin para justificar las maniobras reformistas que se han hecho desde el nacimiento de Podemos para terminar en La Moncloa como vicepresidente de un gobierno imperialista de la mano del PSOE es un poco demasiado.

En este punto, tal vez sí podría servir retomar la analogía de Antonio Maestre, pero sería más bien para decir que el gobierno de Sánchez se fortaleció con políticas reaccionarias después de reprimir los reclamos del pueblo catalán y aplicar el 155. Por esa vía le dio aires a la reacción y al crecimiento de VOX. El crecimiento de la ultraderecha fue obra de las propias políticas de los social-liberales.

Así que retomemos la “política concreta de la situación concreta”, en el presente: nada puede haber más alejado de la táctica y la estrategia de Lenin que la política de Pablo Iglesias y Unidas Podemos.

Pablo Iglesias se ha abrazado fraternalmente con el social-liberal Pedro Sánchez (y no es una metáfora política), pero no porque estemos ante un golpe fascista, sino porque está convencido de que es posible "regenerar" el Régimen del 78 desde dentro, integrando el gobierno para intentar una gestión más “social” y “honesta”. Al mismo tiempo, también está convencido de que es imposible cambiar algo por fuera de las instituciones de la democracia liberal.

Como dijimos en algún otro lado, si hubo una característica fundamental en Podemos desde su surgimiento fue su excesivo optimismo en las posibilidades de democratizar las instituciones del Estado capitalista, el cual era directamente proporcional a su pesimismo con relación al potencial transformador y revolucionario de la clase trabajadora y la lucha de clases.

En este sentido, solo nos proponen seguir sosteniendo el “mal menor” del régimen monárquico, su pata “progresista” y tragar todos los sapos que implica: represión al pueblo catalán y negación del derecho de autodeterminación, reformas laborales, restricciones presupuestarias para mantener el “equilibrio fiscal” exigido por Bruselas, sostenimiento de los CIEs, expulsión de migrantes en las fronteras, o sus políticas exteriores… ¡como el apoyo dado al golpista Guaidó en Venezuela!

Esta lógica de subordinación al “mal menor” y al conformismo es la que ha guiado su estrategia desde 2015-2016... ¡cuando Vox todavía sacaba el 0,26%! Como siempre, la socialdemocracia (o su versión degradada y mediática, el neorreformismo) siempre termina siendo el mejor “médico de cabecera del capital”.

Ese conformarse con “poco y nada”, ya lo anuncia también Maestre, antes incluso de que la formación del gobierno esté terminada: “No es previsible que en una situación de inferioridad manifiesta en el gobierno Unidas Podemos tenga capacidad para cambiar de manera sustancial las cosas”, dice en su artículo.

Y como ya hemos visto en las experiencias de los autodenominados “Ayuntamientos del cambio”, la moderación desde el gobierno, la renuncia a medidas sociales y democráticas elementales por parte de un gobierno que había generado expectativas de “cambio”, solo lleva a decepciones y frustraciones, lo que facilita que se fortalezca la derecha.

El núcleo fundamental del argumento de Maestre es que frente al "peligro fascista" hay que pactar un gobierno con los "socialdemócratas". Pero la mejor analogía para pensarlo serían los años 30, y especialmente Alemania. Allí sí que pueden citarse hasta el hartazgo los lúcidos “análisis concretos” de Trotsky sobre el ascenso del nazismo, el rol pérfido de la socialdemocracia, la política criminal del PCA y la política del frente único proletario (que era primero defensivo, pero para pasar a la ofensiva). Política de Frente único que no significaba acuerdos parlamentarios para gobernar con los social-liberales sino lo opuesto, impulsar la lucha de clases y la acción común en las calles de las organizaciones obreras para derrotar a los fascistas mediante la acción revolucionaria.

Pero Maestre no hace esa analogía. Quizá porque sería peligroso para defender sus propias ideas. Porque la conclusión fundamental de los años 30 es que las políticas criminales de la socialdemocracia y el estalinismo no hicieron más que dejar camino abierto para el ascenso del fascismo, desarmando a las masas para combatirlo.

Si alguna analogía sirve para pensar hoy es que al fascismo se lo combate con la lucha de clases, defendiendo un programa anticapitalista e independiente del régimen imperialista español, reivindicando del derecho de los pueblos a la autodeterminación (como hizo Lenin), y no pactando con los social liberales del 155, los CIEs, el IBEX y la Corona, que con sus políticas de derecha ayudaron como nadie a que emergiera la extrema derecha.

En lo único que podemos coincidir con Maestre es en sus palabras finales: "lean libros marxistas". De hecho, lo recomendamos encarecidamente.







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