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La revolución traicionada: el socialismo y el Estado

La revolución traicionada es un gran libro, sin dudas, para recomendarlo en su totalidad aunque en este caso ponemos a disposición el capítulo que se titula “El socialismo y el Estado” a modo de incentivar su lectura o repaso para quienes ya han tenido la oportunidad de leerlo.

Nora Dragún

Ediciones IPS-CEIP / No Docente UNLP - Agrupación El Frente

Sábado 10 de octubre | 00:49

Ilustración: Ana Laura Caruso

En los últimos días de junio de 1936, Trotsky y Natalia exiliados en una aldea cercana a Oslo, Noruega, en la casa de la familia Knudsen, allí en medio de gran intercambio de correspondencia con sus seguidores y amigos terminó de escribir La revolución traicionada. El libro se publica cuando Stalin ya había proclamado la sanción de la nueva Constitución que era presentada como “la más democrática del mundo” y cuando se anuncia el primer Proceso de Moscú, procesos que significaron la matanza de los viejos bolcheviques –y de los miles que seguirían por conservar las tradiciones de la Revolución de Octubre–. Ese fue el marco en que esta obra vio la luz.

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Según escribió I. Deutscher, en su conocida trilogía (recientemente publicada por Ediciones IPS), “La revolución traicionada ocupa un lugar especial en la obra literaria de Trotsky. Fue el último libro que logró terminar y fue, en cierto sentido, su testamento político. En él presentó su análisis definitivo de la sociedad soviética y un examen de la historia de dicha sociedad hasta mediados de la era de Stalin”.

En esta obra Trotsky confronta la realidad estalinista con la concepción marxista clásica del socialismo, en ella se propone rebatir el comunicado oficial que promulgaba que ya se había realizado el socialismo en Rusia, basado en que habían pasado las hambrunas y que, aunque mínimamente, la industria había mejorado en sus números. Refuta cada una de las aseveraciones de Stalin en cuanto a la realización del socialismo en la Rusia soviética volviendo a los análisis de Marx quien planteaba que el predomino de las formas sociales de propiedad no significan aún el socialismo. El socialismo no puede basarse en la miseria y la escasez de una sociedad, y si bien Marx había previsto una primera fase de desigualdad en el socialismo, esta iría decreciendo y no aumentando como estaba ocurriendo en ese momento. Y resalta: “Sería más exacto, pues, llamar al régimen soviético actual, con todas sus contradicciones no un régimen socialista, sino un régimen preparatorio o de transición del capitalismo al socialismo… La fuerza y la estabilidad de los regímenes se miden, en último análisis por la productividad relativa del trabajo”.

Para Trotsky la sociedad soviética se hallaba aún a medio camino entre capitalismo y socialismo, podía avanzar o retroceder y eso debía medirse en el aumento o disminución de las desigualdades. Defendió la concepción leninista de la extinción gradual del Estado y sostuvo que sin esa realidad no se podía hablar de socialismo. “El socialismo es el régimen de la producción planificada para la mejor satisfacción de las necesidades humanas y sin lo cual no merece ese nombre”.

Para Stalin era imposible que se pueda extinguir el Estado en un solo país, y eso le daba pie a la refutación contundente de nuestro autor de que por lo mismo tampoco era posible el socialismo en un solo país.

Esta discusión profunda que se dio no tiene nada que ver con algún tipo de doctrinarismo purista ni con una educación moral sino que fue de suma importancia para el pensamiento marxista. El Estado obrero adquiere un doble carácter, es socialista en la medida que defiende la propiedad social de los medios de producción y es burgués en la medida que dirige una distribución desigual entre los miembros de una sociedad. Este es un gran aporte de Trotsky en la transición al socialismo. Sostenía que el elemento burgués del Estado había ganado peso a expensas del elemento socialista, y que esto era preservado por la burocracia estalinista que, por su propia naturaleza, era creadora y protectora de esa desigualdad. Sin embargo no consideraba que la burocracia fuera una nueva clase social, porque a diferencia de cualquier clase explotadora no podían acumular riquezas, y sus privilegios y poder estaban directamente ligados a la propiedad nacionalizada, aunque también remarcaba que esto no podía mantenerse en el tiempo ya que uno u otro factor (el socialista o el burgués) terminaría por prevalecer. Esta cuestión se mostró totalmente cierta, aunque con tiempos mucho más extensos que los previstos por Trotsky, quien no pudo prever el resultado contradictorio de la Segunda Guerra Mundial que terminó fortaleciendo al estalinismo, los acuerdos de Yalta que dividieron el mundo en campos cercando así la posibilidad de la revolución en Europa y los intentos de levantamientos en los países del Este como efectivamente sucedió. La burocracia terminó por transformarse en agente de la restauración capitalista que aconteció a fines de los años 80.

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Trotsky abogó por una revolución política que derrocara el régimen burocrático manteniendo las bases del Estado obrero y las relaciones de propiedad existentes.  “No se trata de reemplazar a una camarilla por otra, sino de cambiar los métodos mismos de la administración económica y la dirección cultural del país”, sentenció, y concluye en una de las últimas páginas: “Esta es la primera vez en la historia que existe un Estado salido de una revolución obrera. Las etapas que debe franquear no están escritas en ninguna parte. Los teóricos y los constructores de la URSS esperaban, es cierto, que el sistema soviético, completamente transparente y flexible, permitiera al Estado transformarse pacíficamente, disolverse y morir, a medida que la sociedad realizara su evolución económica y cultural. Sin embargo, aquí también la vida ha mostrado ser más compleja de lo que la teoría anticipaba. El proletariado de un país atrasado fue el que tuvo que hacer la primera revolución socialista. Pero este privilegio histórico, debe, de acuerdo con todas las evidencias, pagar con una segunda revolución complementaria contra el absolutismo burocrático. El programa de esta revolución dependerá del momento en que estalle, del nivel que el país haya alcanzado y, en gran medida, de la situación internacional”.

En esta etapa actual de decadencia imperialista, cuando se empiezan a ver procesos más agudos de la lucha de clases en el mundo con la profundización de la crisis económica, política, social, sanitaria y ambiental, este libro ofrece lo más avanzado del pensamiento revolucionario y debates que hoy tienen mucha actualidad.







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