Medios de comunicación

A 175 AÑOS DE SU ÚLTIMA EDICIÓN

La Gaceta de Buenos Aires, el “diario de la revolución”

Fundada por Mariano Moreno en 1810 desapareció, un día como hoy, por decreto del primer presidente argentino Bernardino Rivadavia once años después de su creación.

Meke Paradela

@mekepa

Lunes 12 de septiembre de 2016 | Edición del día

Cuando se habla de “Revolución de Mayo”, muchas veces sucede el inevitable tirón y viaje a la infancia, a la primaria en donde las figuritas del Billiken y de Anteojito nos pintaban un día lluvioso y lleno de paraguas, cuya finalidad era el reconocimiento y el aprendizaje de aquellos hombres que conformaron la Primera Junta y de la trascendencia de esa fecha en la liturgia nacional. Uno de esos hombres, Mariano Moreno, también nos terminó dando vueltas en la cabeza ya que por él se instituyó el Día del Periodista el 7 de junio. Pero ese día no fue una fecha casual en el almanaque, sino que justamente fue la salida a las calles de La Gaceta de Buenos Aires, diario fundado por Moreno y cuya desaparición, un día como hoy pero de 1821, estuvo sujeta a un decreto de Bernardino Rivadavia.

El nacimiento de La Gaceta estuvo marcado desde sus comienzos por la necesidad imperiosa de comunicar los acontecimientos y hechos que estaban teniendo lugar. La Revolución de Mayo había generado todo tipo de rumores y conspiraciones, por lo que el naciente gobierno patrio precisaba de un instrumento para poder dar a conocer a la población los motivos, cambios y consecuencias de los hechos que se iban sucediendo de forma vertiginosa.

Es así que Mariano Moreno, abogado, periodista, político con fuertes influencias francesas y uno de los principales impulsores de la necesidad de un gobierno que no tuviera dependencia española, decide fundar nueve días después una gaceta con el objetivo de comunicar los actos de gobierno mediante la publicación de la ideología oficial así como de sus resoluciones, decretos y noticias de carácter local e internacional bajo el lema: “Rara felicidad de los tiempos en que se puede decir lo que se siente y sentir lo que se quiere”, de Tácito.

Si bien sus postulados centrales giraban en torno a la publicidad oficial y a la libertad de pensamiento, que convirtieron a La Gaceta en un decisivo formador de opinión en la sociedad, al mismo tiempo no existía la posibilidad de tomar alguna posición contraria a la de la Primera Junta ni sobre la religión católica, cuyos preceptos fueron instaurados a fuego y sangre a la población por parte de los mismos españoles sobre los cuales pretendían independizarse.

A lo largo de sus once años de vida, La Gaceta tuvo destacados redactores, pero sus plumas centrales estuvieron a cargo de Moreno y de Manuel Alberti, otro de los vocales del nuevo gobierno. Pero el exilio del primero y del fallecimiento del segundo, hicieron que la publicación pasara a manos del diputado cordobés Gregorio Funes y posteriormente hacia Pablo Agrelo.

Con el paso de los años, el niño mimado de Mariano Moreno perdió el carácter de su tirada tradicional y se convirtió en un semanario bisemanal hasta que Bernardino Rivadavia lo transformó en una publicación oficial con el mote de “ministerial”. Posteriormente recuperaría su nombre original, pero a lo largo del tiempo ya había perdido su lugar de formador de opinión y junto con la merma de su esencia y calidad, finalmente Rivadavia decidió suprimirlo un 12 de septiembre de 1821.







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