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Red Internacional

En marzo de 2021, el gobierno Municipal de Martín Llaryora, junto al Ministerio de la Mujer en representación del gobierno provincial de Schiaretti, presentaba “el Primer Centro Verde Inclusivo”. Dejaban constancia de ello en un placa que hoy se vuelve incriminatoria. En esta nota te contamos por qué.

Hace poco más de un año, el 30 de marzo de 2021, el gobierno Municipal de Martín Llaryora, junto al Ministerio de la Mujer en representación del gobierno provincial de Schiaretti, presentaba “el Primer Centro Verde Inclusivo”. Dejaban constancia de ello en un placa que hoy se vuelve incriminatoria.

En la ciudad de Córdoba, según anuncia el municipio desde su sitio oficial, habrá 5 centros verdes para el reciclado de residuos secos. El “Ecofem” es el único que, indican, es operado totalmente por mujeres y presenta una visión “innovadora”.

A pesar de que se explicita que el Centro verde tiene capacidad para 28 trabajadoras que se desempeñan en 3 turnos de 6 horas, las trabajadoras cuentan que allí se desempeñan alrededor de 60 mujeres y personas trans y trabajan en 3 turnos de 4hs. Muchas de ellas son o fueron víctimas de violencia machista, quieren abandonar la precariedad que las lleva a la prostitución o simplemente, por su edad, falta de capacitación u otras variables vitales que impactan en la vida de mujeres y personas trans, no consiguen trabajo. Varias de ellas tienen deudas, no tienen donde vivir, e inclusive están en la calle.

Todas tenían la esperanza de abandonar esa situación ruin que las atravesaba. Esa fue la promesa: trabajo estable a futuro, salarios dignos si hacían “todo su esfuerzo”.
El “Ecofem” fue presentado como un espacio “productivo de mujeres (que) tiene dos ejes integrales y transversales: la sustentabilidad y la equidad”. Así lo vendió la municipalidad de Córdoba con la gestión de Llaryora junto a Victoria Flores por el Córdoba Obras y Servicios (COyS) y el gobierno provincial a través de su Ministra de la Mujer, Claudia Martínez.

Victoria Flores, responsable del COyS municipal, anunciabaen el principal diario de la provincia: “esperamos que la apertura pueda realizarse antes de la finalización del Mes de la Mujer” y agregaba que “las personas que van a trabajar en esta primera etapa ya se están capacitando y fueron seleccionadas de un padrón de mujeres en situación vulnerable propuesto por el Ministerio Provincial de la Mujer”.

En las publicaciones oficiales de las redes sociales, vemos a una Claudia Martínez pintando maripositas de colores en las paredes de lo que pareciera un depósito. En otras fotos vemos a Victoria Flores recorriendo las instalaciones sonriente. En otra imagen, las funcionarias, cómplices, chocan puños. Mientras tanto, amparada en el cinismo y la demagogia de las fotos, la vulneración de los derechos de las trabajadoras no ha tenido límites.

Muy lejos de este cuento de hadas, las empleadas narran la pesadilla que vivieron durante meses hasta que decidieron alzar la voz y por eso, las echaron. Todo un gesto de consideración.

En una nota de este medio, apenas inaugurado uno de estos centros, anticipábamos que poco podía esperarse de una política así: llejos de significar inclusión, la pretendida “inserción laboral” de estas mujeres en una condición de absoluta precariedad como la de estos centros de reciclado, el resultado sería cristalizar el despojo y la iniquidad.

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Ni empoderamiento ni inclusión

La historia de muchas de estas las personas que trabajan en los centros de reciclado es la de la vulneración de todos sus derechos. La política de los gobiernos del PJ ha insistido en pisotearlos una vez más. No conformes con ser responsables de más de dos décadas de un modelo que ha generado el 50% de pobres en la provincia, han desplegado todo tipo de políticas que asientan las desigualdades y vuelven una y otra vez a violentar derechos: es el caso de las trabajadoras despedidas de ECOFEM, Centro Verde donde las mujeres y disidencias deben separar la basura y prepararla para el reciclado.

Desde el vamos, las trabajadoras no están contratadas en relación de dependencia. Son monotributistas, ocultando el vínculo laboral con cualquiera de los responsables. Están amparadas, en los papeles, por una Cooperativa denominada El Badén, cuyos responsables inscriptos son Alicia Romero y Luis Álvarez. Muchas de ellas, son enviadas allí desde el “Polo de la Mujer” como lo explicitaron tanto Flores como Martínez.

Las condiciones en las que se desenvuelven, difieren demasiado de lo que sostiene públicamente el gobierno: “Además, al contar con mujeres empleadas, se promueve la ampliación de sus autonomías, como la económica, el empoderamiento de ellas y sus familias, y con ello, la reducción de las desigualdades de género”, señalaron desde la Municipalidad de Córdoba en un tuit frente a la inauguración del Centro.

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El Trabajo y las trabajadoras

Los testimonios desmienten que en los centros verdes se procese “residuos secos generados por los vecinos en la separación domiciliaria, sumado al material de mayor volumen proveniente de negocios, instituciones y grandes empresas”, como señala el municipio, puesto que la tarea consistía en “acarrear a lo largo de unos 100 metros, unos bolsones de basura que vienen de la calle, así nomás, sin separación previa, y hacer la tarea de separar la basura para ver qué es lo reutilizables y qué hay que descartar. En las bolsas no viene sólo cartón, papel, metal o vidrio. Hay de todo, hasta perros muertos y fetos hemos encontrado", según cuenta una de las trabajadoras.

Para el tratamiento de estos 26.297 kilos de residuos que la Municipalidad declara haber procesado desde marzo del 2021 hasta julio de 2021, los únicos elementos que estas mujeres tienen (para un trabajo de riesgo porque expone permanentemente su salud e integridad física) es un par de guantes y unos borcegos que no son de los talles que corresponden a sus pies. Los uniformes tampoco son de sus tallas.

Las trabajadoras denuncian que producto de estas condiciones, se han lastimado con elementos cortantes y hasta se han clavado agujas. La respuesta de la responsable encargada del lugar, ante situaciones como esta es de negarles importancia. Fue una de las propias trabajadoras, hoy despedida, quien debió realizarse y costear estudios para comprobar que no se había enfermado por el pinchazo.

Entre otras cuestiones, señalan que arrastrar todos esos kilos de basura durante meses sin los implementos de seguridad, les ha provocado daños irreversibles en su salud. Una de las trabajadoras cuenta que apenas puede moverse: está operada de una hernia abdominal provocada por el esfuerzo que su cuerpo no podía hacer.

Sin fajas, sin protección, sin siquiera indicaciones de capacitación mínima para un trabajo pesado, tenían que arrastrar esos bolsones de basura, subirlos a balanzas y pesarlos, o agacharse hasta el piso durante horas para recoger la basura desparramada en la operación previa a la selección. La respuesta de los encargados del Centro para la “equidad” ante esta trabajadora fue que se tomara una semana para recuperarse. No le advirtieron que le descontarían esos días. No les importó si tiene 2, 5 o 7 hijos e hijas a cargo. Le descontaron dinero por no ir a trabajar enferma.

Violencia laboral en el EcoFem

Muchas de las compañeras que se desempeñan en el “Ecofem” vienen de atravesar situaciones de violencia contra ellas, de todo tipo y color: algunas llegan siendo víctimas de violencia física, psicológica o arrojadas a la explotación sexual para sobrevivir. Pero cuando las trabajadoras reclamaban ante situaciones como éstas, las echaban. Durante meses estuvieron sin cobrar los días trabajados. Sólo cuando comenzaron a organizarse y contactarse con los medios de comunicación para sacar a la luz la precariedad de la situación, el maltrato y humillaciones que sufrieron, aparecieron los “depósitos” en sus cuentas bancarias.

“Queremos denunciar la violencia y el hostigamiento laboral que de manera sistemática allí se ejercía y ejerce, además de los despidos arbitrarios que cayeron sobre todas nosotras, ni mencionar las personas que aún siguen trabajando y no pueden hablar, debido al miedo generado por quienes están a cargo de este centro verde. En EcoFem se trabaja con miedo y maltrato constante”, señalaron a través de un escrito.

Una historia, mucha brutalidad

La edad de quienes trabajan en el Centro Verde "inclusivo" va desde los 18 hasta los 60 años o más. Esa es la edad de Juana, 62 años. Juana es víctima de violencia por parte de su ex pareja. Fue al “Polo de la Mujer” a hacer una denuncia. De allí, pasó directo al “EcoFem”. Le dijeron que tenían un trabajo para ella. Juana estaba en la calle, se había quedado sin nada, perdió su casa: “me tuvieron que sacar con bomberos y la policía por cómo me tenía este tipo”.

“Estuve unas semanas en un hotel pagado por el Polo. Estaba perdida, no entendía qué me pasaba. Un día, saliendo de allí en estado de shock, me caí y me quebré”, relata. “No tuve asistencia, terapia ni nada. Cuando me ofrecieron lo del EcoFem, me pareció que estaba bien, eran ocho mil pesos y yo estaba en la calle. Con eso no tenía que molestar a nadie para pedirle que me dejara dormir en su casa, para poder comer pero iba a trabajar con ataques de pánico. Mis compañeras me contenían, Ximena sabe, te puede contar.”

El anuncio de estrellas de colores que hace el Ministerio de la Mujer, con Claudia Martinez, y la propia Alejandra Vigo, esposa del gobernador Schiaretti (por videollamada) anunciando la inauguración del ECOFEM de Av. Alem, dice que en cada centro hay un “Punto Mujer”, esos supuestos puntos de referencia para que las víctimas de violencia.

“Este #CentroVerde es el quinto administrado por el ente @CordobaOyS y es el primero inclusivo. El mismo contará con una #SalaCuna para el cuidado de los niños y un #PuntoMujer, un espacio seguro de orientación y acompañamiento ante situaciones de violencia de género y de referencia para las mujeres.”

El relato de Juana lo desmiente todo. Juana, de 62 años, estaba allí recibiendo una asistencia económica del Polo (de $8000 en 2021). Pero las trabajadoras denuncian que no sólo jamás hubo en EcoFem un espacio de referencia para las mujeres víctimas, sino que una de sus propias compañeras, enviada allí por el Ministerio de la Mujer, jamás recibió asistencia terapéutica. Aventuran, inclusive, que lejos de haber estado trabajando, ella debió haber recibido asistencia, recuperarse emocional, psíquica y físicamente, para recién después evaluar si estaba en condiciones de trabajar.

Otras señalan que lejos de "rehabilitarse y empoderarse" en el EcoFem reciben la misma violencia que recibían en sus casas, la única diferencia es que "los maridos les pegaban". Todas venían de atravesar situaciones de violencia, y el trabajo que intentaban hacer de manera colaborativa, riéndose, despejándose de lo que les tocaba atravesar en sus hogares,no era posible. Ni siquiera eso que hacen otros espacios de socialización era posible es posible en el Ecofem, señalan.

Empoderamiento y demandas

Sin embargo, a pesar de la violencia recibida en su casa, a pesar de la violencia recibida en el lugar donde le prometieron trabajo, Juana y sus compañeras se plantó y es una de las que se organiza para denunciar esta situación y exigir trabajo digno.

Quieren, todas ellas, trabajo con salario que le permita cubrir la canasta básica familiar que hoy alcanza los 119 mil pesos en Córdoba, no los 30 mil que les pagan con atraso de meses y que mantienen a raya, ilegalmente. A las trabajadoras que cobran un Plan Potenciar Trabajo que en su momento rondaba los 19 mil pesos, les descontaban para que con el aporte del municipio incluido, no “se pasaran” de los 30mil, para que todas “cobraran lo mismo”. Fraude y estafa laboral por donde se lo mire.

Las trabajadoras reclaman un trabajo con salario que les permita vivir. Quieren la obra social que les prometieron, quieren los aportes jubilatorios y de la seguridad social que nunca tuvieron producto del fraude laboral en el que la propia Municipalidad de Córdoba y el gobierno provincial las tienen, reproduciendo la exclusión, el despojo, las humillaciones de las que intentan salir.

La violencia es tal, denuncian, que al momento de cumplirse un año de la apertura del Centro Verde presuntamente inclusivo e igualitario, les ofrecieron un agasajo, con sandwichitos de miga y bebidas. Lo que sobrevino fue el despido de varias de ellas, casualmente, de quienes se habían animado a cuestionar las condiciones a las que estaban sometidas.

Lejos del discurso pusilánime del “empoderamiento” que prometen las y los funcionarios del Polo de la Mujer, la “Muni”, el ente de servicios públicos municipal (COyS) y los gobiernos, el empoderamiento de estas mujeres surge a partir de rechazar categóricamente tratadas como la propia basura que recicla. El empoderamiento de estas mujeres se erige sobre sus propias fuerzas, como mujeres, trabajadoras, a las que nadie jamás les regaló nada sino que lo que tienen en sus vidas se lo consiguieron ellas, organizadas y “abriendo la boca” para que sus derechos sean respetados.

Paradojas de un sistema como el capitalista, donde los gobiernos gestionan los grandes negocios de los empresarios como el de la basura, en detrimento de la vida de la población trabajadora y sus sectores más vulnerables.

Desde La izquierda diario nos hacemos eco de sus reclamos, responsabilizamos y denunciamos junto con ellas al gobierno de Llaryora y de Schiaretti, con sus cínicas voceras que para hablar de derechos de las mujeres, empoderamiento, respeto, diversidad e inclusión laboral deberían hacer ellas el trabajo que les mandan a hacer trabajadoras del "EcoFem".

Como hemos sostenido desde estas páginas, hay que reducir la jornada laboral a 6hs, 5 días a la semana, afectando las ganancias de los empresarios, para generar nuevos puestos de trabajo y que estas compañeras puedan trabajar en condiciones de salubridad, dignas, con derechos y salarios que les permitan alcanzar la canasta familiar.

Además, sostenemos el histórico reclamo de que se destine presupuesto un plan de emergencia contra la violencia hacia las mujeres y disidencias sexuales en situación de violencia que lo necesiten: un subsidio igual a la canasta familiar, equipos interdisciplinarios que puedan atender sus necesidades terapéuticas y vitales que estén bien pagos; créditos para vivienda y subsidios para alquileres, así como refugios gratuitos con todas las comodidades para quienes necesitan salir urgentemente del hogar donde conviven con sus agresores.


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