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OPINIÓN

La Bonaerense mata, Berni hace campaña y el Gobierno de Kicillof los banca

El crimen de Ursula Bahillo, el amparo de la Bonaerense al oficial femicida y la represión a la movilización que gritaba “¡ni una menos!”. Un reclamo “sindical” para reprimir, robar, torturar, desaparecer y matar en mejores condiciones. Y un Gobierno que deja hacer, a cambio de poder controlar a sangre y fuego a la población.

Daniel Satur

@saturnetroc

Miércoles 10 de febrero | 23:35

Foto Prensa de Kicillof

En todas las comisarías de la provincia de Buenos Aires (como en todas las comisarías del país) los tachos de basura están llenos de denuncias por violencia de género (en todos sus grados) realizadas por mujeres contra sus parejas, exparejas, padres, tíos, abuelos, jefes y patrones.

A esta altura es irrefutable que el modus operandi de la Policía es descartar sistemáticamente las denuncias y deshacerse pronto de las víctimas, permitiendo que el abuso, la violación y el femicidio se reproduzcan y perpetúen.

El caso de Ursula Bahillo se inscribe en este panorama. Pero además Matías Martínez, su asesino, quien con sus golpes y amenazas llevó a la joven de 18 años a denunciarlo reiteradamente y a pronosticar su trágico final, no sólo es oficial de la Bonaerense. También contó, durante mucho tiempo, con el amparo deliberado de sus colegas y superiores para atacar desenfrenadamente a sus parejas.

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Guardianes del orden viril

Cuando las amigas y los amigos de Ursula se enteraron del crimen, con total convicción marcharon hacia la comisaría de ese pueblo del noroeste de la provincia de Buenos Aires. Sabían que entre el femicidio de la joven y el accionar de quienes cumplen tareas en el viejo edificio de Alem 637 hay mucha relación. Obscena relación.

Tan obscena que la misma Policía no tuvo empacho en responder a balazos la bronca popular. El lunes a la medianoche Nerina Moyano, una de las amigas de Ursula, se paró frente a la comisaría con sus brazos caídos y sus lágrimas mojándole las mejillas. Cuando gritó “¡justicia por Ursula!” recibió una bala de goma a cinco centímetros de su ojo izquierdo. La suerte no quiso cegarla.

El hecho fue tomando cada vez más estado público. A la denuncia de la familia de Ursula sobre las reiteradas denuncias que hizo contra Martínez antes de que éste la asesinara se sumó la conmoción que causó en las redes sociales el video en el que es baleada Nerina.

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Campaña sucia

Es sabido que el ministro de Seguridad Sergio Berni está en campaña. Quiere ser el próximo gobernador. Ese dato es central para entender la actitud demagógica y caradura que tuvo ante el femicidio de Ursula, ordenando la intervención de las dos comisarías del pueblo (Policía Comunal y de la Mujer), anunciando que Asuntos Internos hará una “auditoría preventiva” y sancionará a los policías involucrados (tanto en el trato a Ursula cuando denunciaba como en la represión a sus seres queridos cuando ya estaba muerta) y viajando a Rojas para ver a la familia.

Pero el mismo Berni, que se muestra activo para “resolver” el asunto de Rojas, cuestionó la movilización popular a la comisaría. Movilización sin la cual el caso no habría alcanzado la repercusión nacional que tiene ni él se hubiera “preocupado” tanto.

Para el ministro, el caso de Ursula “es una situación que nada tiene que ver con el accionar policial” y rechaza la bronca popular que “terminó prendiendo fuego un patrullero que es una herramienta del Estado”. Lo dijo en Radio Mitre, uno de los medios estrella del Grupo Clarín. Pero entonces ¿por qué ordenó intervenir las comisarías? Payaso.

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Cómplice

Berni sabe que la Policía Bonaerense mata. De muchas formas y todo el tiempo. A Ursula la mató muchas veces, hasta que uno de sus ejemplares más osados decidió clavarle las 15 puñaladas finales. La Bonaerense mata a los pibes pobres de los barrios populares del conurbano. Los mata en vida cuando al transformarlos en “soldaditos” los condena a robar para la caja negra de la institución. O literalmente los mata si les pibes se niegan a robar.

Berni sabe que la Bonaerense es partícipe necesaria de cada secuestro con fines de trata, de cada ajuste de cuentas por narcotráfico, de cada entradera o salidera filmada en vivo y en directo en cualquier rincón liberado del conurbano.

Berni sabe que la Bonaerense mata con el gatillo fácil en la calle y con la tortura en la comisaría. El único crimen que la Policía comete sin fines de lucro, al decir de Ricardo Ragendorfer. Y también que la Bonaerense, como último recurso, desaparece gente. Como hizo con Julio López, con Miguel Bru, con Luciano Arruga, con Andrés Núñez, con Facundo Astudillo Castro, con tantas pibas presas de las redes de trata y con tantos más.

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Berni lo sabe y actúa en consecuencia. Banca. Banca, a morir, a los criminales de uniforme. Pero no los banca solo porque es un milico adaptable al espíritu criminal de sus subordinados. Los banca porque la necesita. Una policía cohesionada, con alto poder de fuego y “dispuesta a todo” es fundamental para el objetivo oficial de hacer que la crisis económica y social en curso la pague una vez más la clase trabajadora.

Si se quiere gobernar al servicio de las clases dominantes, en la provincia de Buenos Aires, con sus millones de pobres e indigentes y su extenso conurbano, debe hacerse con mano dura. Ahí está Guernica para demostrarlo. No hay otra. Y para eso la Policía debe ser privilegiada, cuidada y encubierta.

El frente es de todos

Por eso Berni banca a la Bonaerense. Y por eso Kicillof banca a Berni. No lo hace solamente porque ambos son kirchneristas. Eso los une, sin dudas. Pero ahí hay mucho más que filiación política. Hay un vínculo de conveniencia. Kicillof le deja hacer su campaña basada en todos los clichés de la demagogia populista de derecha y, a cambio, el ministro le promete la “gobernabilidad” de la fuerza, ésa que ansía (a cualquier costo) todo ocupante de la Casa de Gobierno de La Plata.

Por eso en el caso de Facundo Castro, emblema de la represión estatal excusada en “hacer respetar” la cuarentena, Kicillof también hizo demagogia, como Berni. Le prometió a Cristina Castro no encubrir a nadie e investigar hasta las últimas consecuencias. Una mentira grande como la escuela Juan Vucetich.

Su compromiso de clase con la Bonaerense lo convirtió en un encubridor hecho y derecho de la desaparición forzada seguida de muerte de Facundo. “Alberto Fernández y Axel Kicillof me mintieron, nunca se hicieron cargo de nada”, dijo en diciembre Cristina Castro a La izquierda Diario.

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Kicillof y Berni también encubren los crímenes de Brandon Romero de Mar del Plata, de Alan Maidana de Quilmes, de Lucas Verón de San Justo, de Fernando Leguizamón de Quilmes, de Ulises Rial y Ezequiel Corvalán de San Nicolás y de un largo etcétera. Y pareciera que nunca pagan ningún costo por ello.

Asuntos internos

Berni está en campaña. Por eso, con la misma impostora celeridad con la que intervino las comisarías de Rojas, este martes pasó a “disponibilidad preventiva” a unos 400 agentes de la Bonaerense que en septiembre habían protagonizado la temeraria protesta por mejores ingresos y condiciones en las que realizan su tarea.

Lo hicieron rodeando la Quinta de Olivos y la Casa de Gobierno bonaerense, logrando que Fernández y Kicillof acordaran en cuestión de horas la satisfacción de todos sus reclamos (a costa de pelearse con Rodríguez Larreta por los puntos de coparticipación birlados a punta de lapicera).

La momentánea “separación” de la fuerza de casi medio millar de agentes fue una jugada de Berni, acordada con Kicillof, para intentar quebrar el espíritu de cuerpo que imperó en la Policía en septiembre, cuando una “vanguardia” armada arrinconó al Presidente y al Gobernador mientras una amplísima “base” de oficiales y suboficiales acompañaba la movida en grupos de Whatsapp y Facebook.

La intención de Berni es vandorista: golpear para negociar. ¿Negociar qué? La gobernabilidad que necesitan con Axel. ¿Y qué está dispuesto a dar el Gobierno a cambio? Todo se puede charlar.

Por caso, más impunidad ante los crímenes que salen a la luz. También algunos privilegios que van más allá de los haberes mensuales. Desde la creación de hospitales policiales para no mezclarse con la población en los hospitales generales hasta el financiamiento de cursos de capacitación y provisión de más tecnología represiva. En definitiva, mejores condiciones para “trabajar” (aunque no sean trabajadores).

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Delitos complejos

Pero a Berni la cosa puede no resultarle tan fácil. Busca dividir a la tropa, de un lado “retirados” y “exonerados por ladrones” (quienes hoy agitan la protesta) y del otro los “chicos y chicas” que tienen pocos años en la fuerza pero “ponen el cuerpo para defendernos” en las calles calientes de la provincia.

Dicen conocedores de los pasillos del Ministerio de Seguridad que del éxito de esa operación depende el futuro del carapintada al frente de la cartera. Y hasta dicen que es tanta la presión que se autoimpuso para lograrlo que si fracasa será él mismo el que presentará la renuncia. Todo calculado. Campaña hecha y derecha.

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En este contexto, no se sabe aún si a Kicillof le fallaron los asesores en comunicación o deliberadamente buscó ganarse el odio de cientos de personas que terminaron putéandolo en veinte idiomas en las redes sociales.

Lo cierto es que en el mediodía de este miércoles el Gobernador le regaló un escenario ideal a Berni para que éste desplegara todo su estilo y discurso. Fue en Florencio Varela, donde ambos le entregaron decenas de patrulleros a la intendencia y renovaron, una vez más, su compromiso para con la Bonaerense.

Minutos después del acto Kicillof tuiteó: “Nos comprometimos a transformar la Policía y en ese camino estamos. Recomponiendo el poder adquisitivo del salario, invirtiendo en su formación, en equipamiento y en la modernización de la fuerza. Gracias al refuerzo presupuestario del Gobierno nacional, llevamos adelante el Programa de Fortalecimiento de la Seguridad”.

“Nuestro compromiso de transformación es inclaudicable y lo que pedimos a cambio es algo muy sencillo: dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”, agregó el gobernador en Twitter. Demagogia y más demagogia. ¿Alguna reflexión sobre el femicidio de Ursula? Nada. Sólo selfies entre patrulleros. Mientras, en Rojas la familia de la joven esperaba que el mismo Estado que no la cuidó les entregara su cuerpo para darle sepultura.

Un Estado muy presente

“El Estado es responsable” no es una consigna vacía ni mucho menos ha perdido valor. Es certera y además sirve para contrarrestar a esa otra definición, rayana con lo posmoderno, que afirma que “el Estado está ausente” en casos como el de Ursula.

No, los representantes centrales del Estado bonaerense siempre estuvieron presentes, en éste y en todos los casos. Quienes manejan el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, que bancan a la Bonaerense en todo, están presentes y son responsables.

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Salir de a miles a las calles, con la máxima organización independiente posible, es una tarea de primer orden en el largo camino de la lucha para terminar con tanta muerte a manos de la Bonaerense y de todas las fuerzas represivas del Estado, nacionales o provinciales.

Lo último que se debe hacer es confiar en los cantos de sirena de funcionarios y funcionarias que, mientras cacarean un discurso progresista, avalan (por acción u omisión) el afianzamiento de una política represiva que no deja de regar de muertos la provincia.







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