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Red Internacional

Luego de despedir a más de tres mil trabajadores, la empresa sigue funcionando y pide rutas y beneficios al Estado. Mientras, sus trabajadores siguen en pie de lucha por su continuidad laboral.

Los trabajadores ya lo habían advertido. Para cuando miles de aeronáuticos perdieron su trabajo, la empresa LATAM azuzaba la idea de retirase del país. Aquello no fue así siquiera durante un segundo. El lucro de la empresa con los cielos argentinos tiene total vigencia.

Con el pasar de las semanas y al calor de la normalización de los vuelos, la empresa intenta colarse, luego de haber llevado adelante el atropello empresario más significativo en plena pandemia. Despidos masivos que dejaron a tres mil familias sin trabajo.

Concretamente, hoy está pidiendo rutas, permiso para más aviones, matrículas y pide operar en todos los aeropuertos rentables de la Argentina, sumado a que abundan promociones que desarrollan sus distintas orientaciones comerciales en el rentable rubro aerocomercial. El pedido llego a las oficinas de la ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil).

LATAM es la avanzada de un bloque empresario que reclama mayor flexibilización contra los trabajadores, con altos puestos y cargos dentro de la reaccionaria usina patronal denominada “Coloquio de Ideas”. En su historial, cuenta con haber aportado ministros y funcionarios al gobierno de Macri. Los mismos que instalaron el concepto Low Cost (bajo costo) en la política aerocomercial. La impunidad empresaria y la consumación de su orientación flexibilizadora se dieron, digamos todo, en pleno gobierno de Alberto Fernández. Pareciera que la partida vuelve a favorecer a los empresarios en desmedro de los trabajadores. Resulta imposible creer que la empresa pretenda acrecentar sus negocios sin la anuencia de los funcionarios oficialistas. Una postal que se repitió en estos años de despidos y ajustes crecientes. No alcanza con la excusa de la pandemia. La impunidad empresaria es un requisito básico si lo que se pretende es ir a la baja en las condiciones del pueblo trabajador. Si LATAM se sale con las suyas aquello jugará a favor de las grandes empresas que promueven la flexibilización laboral.

El carácter testigo de este conflicto no reconoce solo al bando patronal. Del otro lado y claramente enfrentados, está la tenacidad del colectivo obrero.Un largo caminar de movilizaciones a la vera de los aeropuertos son la marca registrada de un sector que no aceptó la resignación y decidió dar pelea de manera activa. Desde el día uno de la pandemia el conflicto no cesó. No están solos. Enormes muestras de solidaridad de un amplio arco de personalidades, artistas, sectores políticos y sociales salieron a pronunciarse en defensa de los puestos de trabajo.

La cosa no fue fácil. Es necesario clarificar y alertar a la opinión pública que los trabajadores de LATAM en lucha no contaron con el apoyo de sus organizaciones sindicales. Es muy necesario un balance de este año y medio: mas allá de los discursos, numerosos sindicatos aeronáuticos no hicieron nada. Y cuando se dice nada, se dice nada. Sin vueltas. Tres mil familias desocupadas y nada. Entre los reyes del amague, el Sindicato APA de la CTA de Yasky se destacó por ser el de mayor afiliación, tanto como el de mayor claudicación. La única hostilidad que mostraron y siguen mostrando es contra sus propios afiliados que salieron a la pelea. Mansitos con el patrón y pendencieros con el laburante. Cualquier parecido con el arco sindical del país no es pura coincidencia.

Pero por bajo la cosa fue distinta. La intersectorial y la asamblea de trabajadoras/es de LATAM apeló a la solidaridad y coordinación. Colaboración y unidad con aquellos trabajadores que estaban en situaciones similares. Unificar aquello que la burocracia siempre quiere dividir. Se destaca la unidad con los compañeros tercerizados de Aerolíneas (GPS) presentes siempre y poniendo el cuerpo a las movilizaciones aguerridas en los cortes de Richieri y Aeroparque. Sucede que fueron los propios trabajadores de LATAM quienes salieron al paro en defensa de la Línea de bandera cuando el anterior gobierno de Macri amenazó vaciarla. De ahí, el apoyo de la familia aeronáutica toda a la causa de las compañeras/os de LATAM contra los despidos. Como fuere, la solidaridad con este colectivo de trabajadores y su reclamo de continuidad laboral merecen todo el apoyo. Un triunfo de estos trabajadores es un triunfo de todos los trabajadores que enfrentan situaciones similares. Y aquello sucede por miles y millones.

El marco del conflicto es bajo la nueva dinámica de normalización de los aeropuertos y el servicio aéreo. Todos los actores coinciden en un rebote de la actividad aerocomercial. Las dilaciones para concretar el compromiso de continuidad laboral plasmado en las actas ya no encuentra la degradada excusa de la parálisis pandémica. Los planes y subsidios de “pre viaje” promovidos desde el Estado, sumado a la propia dinámica de nuestra Línea de Bandera ubican el Estado como el instrumento más realista para concretar la tan necesaria continuidad laboral del colectivo de trabajadoras/es de LATAM. Los acuerdos alanzado en los Ministerios y plasmado en actas deben respetarse. El gobierno es responsable.




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