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Red Internacional

El gobernador cerró un acto en el municipio de Presidente Perón, acompañado por la intendenta y funcionarios. Presentó un plan de urbanización y reivindicó el accionar de la Policía Bonaerense comandada por Sergio Berni durante el desalojo en octubre del 2020.

Viernes 13 de agosto | 19:38

“Hay que contar de nuevo la historia de Guernica” arrancó Axel Kicillof cuando le dieron la palabra en el acto en el que se presentó un plan de urbanización, a casi un año del desalojo del predio que más de 1500 familias habían recuperado para vivir. Y eso hizo a continuación: contó un cuento donde no había topadoras arrasando con las pocas pertenencias de las familias el año pasado, donde el “eficiente” equipo del ministro Berni no había prendido fuego las casillas que con esfuerzo construyeron mujeres que huían de la violencia de género, donde todo había transcurrido pacíficamente y al parecer los “malos de la película” habían sido los medios de comunicación y otros sectores no identificados con claridad.

Lo escuchaban atentos la intendenta Blanca Cantero, el ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni, el ministro de Desarrollo de la Comunidad Andrés "Cuervo" Larroque, la presidenta de Aysa Malena Galmarini y los ministros del gabinete nacional Gabriel Katopodis (Obras Públicas) y el recién asumido Juan Zabaleta (Desarrollo Social), además de la ministra de Gobierno bonaerense y candidata a senadora Teresa García. Entre el público estaba Agustina Propato -candidata a diputada nacional-, mencionada afectuosamente por Kicillof como parte de su reivindicación a su esposo Berni-.

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Antes, Katopodis había dicho que “Guernica es la señal de que estamos todos juntos, en el peronismo todos tienen el derecho a disfrutar la vida, eso es el derecho para el peronismo y eso es lo que estamos haciendo acá en Guernica”. Parece olvidar que ya eran gobierno cuando ante las miles de familias que acudieron de forma desesperada a buscar un pedazo de tierra para vivir con sus hijos, la única respuesta del Estado fue el desalojo violento y la estigmatización.

No hay derecho que valga cuando se trata de defender los intereses de empresarios como los dueños de El Bellaco S.A., que construyen barrios de lujo para una minoría de la población mientras millones siguen cayendo en la pobreza, con trabajos precarios, o directamente han perdido sus empleos.

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La versión oficial(ista): ni topadoras, ni heridos

Kicillof dijo también que ”se usó Guernica para estigmatizar, se usó Guernica para sembrar disconformidad, para sembrar indignación, sembrar odio, y acaso (me permito la duda) buscar violencia. (...) Querían ver topadoras, como en alguna época, y no se actuó así”. Se nota que para la campaña electoral no sirve contar la verdadera historia, la de un gobierno que trató de usurpadores y violentas a miles de familias, a quienes les terminaron pasando las topadoras por arriba de sus casas. Pero las imágenes valen más que mil palabras.

Refiriéndose al desalojo sin mencionarlo explícitamente, el gobernador arguyó “la gente se retiró de forma pacífica, no se derramó una gota de sangre, no hubo un lastimado, no hubo un problema, sino que hubo un acompañamiento para cumplir una orden judicial”. Pero la transmisión en vivo de La Izquierda Diario y otros medios no dejó dudas sobre ocurrido ese 29 de octubre: hubo 4 horas de represión, detenidos, heridos de bala de goma, hospitalizados, topadoras arrasando con todo, casillas incendiadas con todas las pertenencias de la gente dentro, y sobre todo, la profunda angustia de miles de familias por perder lo poco que tenían.

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Pero esas familias no se rindieron: con el apoyo y la solidaridad de otros trabajadores, de organizaciones de izquierda, con su propia fuerza y organización siguen la lucha por la tierra, por vivienda y por trabajo con derechos para todas las familias de la toma de Guernica y para todos los trabajadores. Su lucha es un ejemplo y sigue en pie, y como forma de apoyo en este diario mostramos la realidad que Kicillof y los funcionarios del gobierno quieren ocultar en campaña: que en 2020, en un año no electoral y lejos de las promesas de campaña, las topadoras y la represión violenta sobre las familias sin techo fue un hecho.




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