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Katherine Mansfield: escritora, una mujer que incomodaba

Su obra refleja personajes femeninos que luchan contra los prejuicios de la burguesía en los años de la Primera Guerra. Sus Diario y cuentos comprenden un enorme aporte a la literatura moderna. “Era una ladrona de instantes, una observadora incansable de las microsituaciones en que se involucraba la gente a su alrededor” diría Virginia Woolf de ella.

Liliana Vera Ibáñez

Delegada Suteba La Matanza | @liluzlisam

Miércoles 14 de octubre | 00:15

Katherine Mansfield, con tan solo 34 años vividos, es sin dudas la escritora más famosa de Nueva Zelanda. Kathleen Beauchamp era su verdadero nombre y nació un 14 de octubre de 1888.
Katherine era la que incomodaba en la familia. Demasiado “regordeta” para hacer feliz a su madre, demasiado rara para ser la muñeca juiciosa y adorable que todo buen padre victoriano exigía. Su padre, Harold Beauchamp era banquero y su madre, Annie, descendía de condes.
Sus hermanas suplieron a la perfección el papel de niñas buenas mientras Katherine con tan sólo diez años presentaba su primera historia en una publicación escolar del centro en el que estudiaba, el Wellington Girl’s High School. Cuando cumplió 14 años la enviaron a estudiar a Queen’s College en Londres, donde además de continuar sus estudios, también participó en su periódico escolar.

Fue en Oxford, en 1903, donde conocería a Ida Baker, quien se convertiría en una compañera fiel y confidente para toda la vida y con quien mantendría una relación amorosa más allá de la simple amistad.

“Quizás en este mundo no importa lo que uno quiere, pero hay que querer algo”

¿Qué mágica cualidad tienen los cuentos de Katherine Mansfield?. Primero, una desconcertante capacidad de observación de los pequeños —casi invisibles— gestos cotidianos que revelan la humanidad, la condición de sus personajes. Y un magnífico oído para los diálogos aparentemente triviales, pero cargados de un significado que actúa como una peligrosa corriente submarina. Muchos de sus cuentos parecen fotografías borrosas, o más bien cuadros impresionistas. Era como si supiera ver la esencia en la superficie de las cosas. Sus niños, por ejemplo, soportan una cruel frivolidad de los adultos hacia ellos. Su capacidad para atrapar en breves frases toda la melancolía de la infancia, hacen de sus narraciones unas miniaturas únicas.

Y quizás el mejor ejemplo de esos niños, de ese talento para recrear la fragilidad de la primera infancia, está en su largo cuento "Preludio". Es un cuento sobre una mudanza donde nada pasa y pasa todo. El mundo interior de cada personaje, sus sueños tan comunes, tan humanos, desde la joven criada hasta la patética cuñada adolescente, pasando por las tres pequeñas hijas de los Burnell, está capturado con una inteligencia intuitiva asombrosa.

"Bliss", traducido al español como "Felicidad", narra una noche de fiesta en casa de la joven Bertha Young. Los invitados van llegando, y la pluma de Mansfield parece una cámara que se desliza suave por toda la casa, en un paneo incesante de pequeños detalles y retazos de conversación trivial burguesa, tan británica. Mientras tanto, el estado exaltado de la protagonista, que se siente una anfitriona espléndida, una mujer hecha, felizmente casada, mundana, glamourosa, se proyecta sobre un hermoso peral que ella ve, bañado bajo la luz de la luna, por la ventana. Pero el mundo se derrumba cuando la protagonista se da cuenta, gracias un gesto casi imperceptible, de la tragedia que se le ha venido encima. El éxtasis estalla en mil pedazos y sin embargo, el peral sigue brillando, hermosísimo, como iluminado, en el jardín.

No podemos omitir el cuento “El canario”, donde la protagonista es una mujer mayor que extraña a su mascota, pero expresa la sensación de amor por la vida más allá de las etapas vividas: “Quizás en este mundo no importa mucho lo que uno quiere, pero hay que querer algo”.

Carta de Virginia Woolf a Katherine/ Estampilla de Nueva Zelanda

En su obra, abundan los personajes femeninos que luchan contra los prejuicios de una sociedad burguesa. Con ironía, la autora deja entrever los mecanismos del engranaje cultural que confinan a las mujeres a un rol pasivo.
Los once cuentos de Matrimonio à la mode incluyen temáticas como el aborto ("La mujer del almacén"), la soledad de las mujeres adultas ("La señorita Brill") o las diferencias de clase experimentadas en la infancia ("La casa de muñecas").

A pesar de pertenecer cronológicamente al grupo constituido por autores como James Joyce, D. H. Lawrence, Virginia Woolf y E. M. Forster, Mansfield representa un caso aparte en la literatura anglosajona de la época, pues, de forma análoga a la del ruso Antón Chéjov, supo captar la sutileza del comportamiento humano.

La literatura marcó un sendero profundo en la vida de Katherine. Uno de sus últimos días de vida había escrito en su Diario: “Quiero la tierra y sus maravillas: el mar, el sol. Quiero penetrar en él, ser parte de él, vivir en él, aprender de él, perder todo lo que es superficial y adquirido en mí, volverme un ser humano consciente y sincero. Al comprenderme a mí misma quiero comprender a los demás”.

Es algo terrible estar solo,
sí que lo es, claro que sí,
pero no bajes tu máscara hasta que tengas
otra máscara preparada debajo, todo lo terrible
que quieras, pero máscara.

(Katherine Mansfield)

En sus últimos meses de vida, cuando se sabía condenada, en una entrada de su imprescindible Diario, con fecha 17 de enero de 1922, da con una de las ideas clave que atraviesan la teoría del cuento moderno: la importancia de lo que no se cuenta, el relato como un juego de equilibrios entre lo escondido y lo visible, lo dicho y lo no dicho, la ausencia y la presencia: "La verdad es que una historia puede contener solo una cantidad determinada de información; siempre se tiene que sacrificar algo. Se tiene que omitir lo que se sabe y se desea utilizar. ¿Por qué? No tengo ni idea pero así es".

Los Diarios de Mansfield los escribió sin pensar que iban a ser publicados. Leerlos es como leer el proceso de su mente: cómo creaba escenas, cómo utiliza hechos de la vida cotidiana para trabajarlos creativamente después. “Cuando escriba sobre el violín debo recordar ese modo de subir levemente y de hundirse lastimeramente; el modo cómo busca”, escribe en sus cuadernos.
En 1907 escribió su único relato explícitamente lésbico: “Leves amores”, que consiste en un cuento de tan solo una página que explica una cita entre dos mujeres descubriendo diversos placeres juntas: la sexualidad, una cena, la ópera.

En 1907 la relación de Katherine con su familia, ya conflictiva, iba a empeorar. Fue el año que escribió el relato ‘Leves amores’. Eso provocó que en 1908 tuviera que abandonar su país natal. Se fue a Londres y poco tiempo después quedó embarazada de Garnet Trowell. Su madre, Annie, viajó a Londres a principios de 1909, recogió a su hija y se la llevó a Bad Wörsihofen, un sanatorio de Baviera, para mantener el embarazo en secreto y, de paso, curar a su hija de su lesbianismo. El primer ‘problema’ de Katherine, el embarazo, acabó pronto, ya que la escritora sufrió un aborto.

Pasados más de cuatro años, Katherine se casó con el editor John Middleton Murry, aunque Ida Baker continuaba siendo parte esencial en la vida de la escritora. Pero ya en diciembre de 1917, había enfermado de tuberculosis y comenzó a viajar por Europa en busca de una cura para su enfermedad. El 9 de enero de 1923, a los 34 años, Katherine Mansfield murió a causa de una hemorragia en París.
“Mansfield era una ladrona de instantes, una observadora incansable de las microsituaciones en que se involucraba la gente a su alrededor. Diría que es una especie de gato, extraño, reservado, siempre solitario, observador" diría Virginia Woolf sobre ella.
Pasó gran parte de su vida enferma, y los dolores corporales chocaban constantemente con su pasión por la vida y cada pequeña señal que de ella descubriera.

Escribió 73 cuentos. Algunos de ellos son:

  •  En un balneario alemán (In a German Pension, 1911).
  •  Preludio (Prelude, 1917). Este relato formaría parte tres años después de la segunda colección de relatos de la autora, Felicidad y otros cuentos.
  •  Felicidad y otros cuentos (Bliss: and Other Stories, 1920).
  •  Fiesta en el jardín y otros cuentos (The Garden Party and Other Stories, 1922).
  •  El nido de la paloma y otros cuentos (The Doves’ Nest: and Other Stories, 1923).
  •  Algo infantil y otros cuentos (Something Childish and Other Stories, 1924).

    Otras obras

  •  Diario, 1927.
  •  Cartas, 1928.
  •  Poemas





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