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Red Internacional

Jorge Langone fue el primer docente fallecido por covid-19. Demuestra que los trabajadores somos quienes más perdemos en la pandemia. Ante la segunda ola, organicémonos por vacunación, testeos y transporte, IFE para las familias desocupadas. Si no hay condiciones, docentes junto a estudiantes y familias definamos sobre la presencialidad o virtualidad y el plan de lucha por todos nuestros reclamos. Las conducciones sindicales tienen que romper la pasividad y buscar coordinar las peleas que venimos dando.

Marilina AriasDocente CABA Miembro del Consejo Directivo de Ademys

Ivana OteroSecretaria de Cultura - Ademys

Lunes 5 de abril | 15:09

El fallecimiento de nuestro compañero Jorge Langone, docente de la ET Nº 13 del barrio de Lugano, nos llenó de bronca. Por eso, muchos docentes adherimos al paro docente convocado por Ademys el lunes pasado. Por él, por nosotros y porque la vida de los trabajadores importa. UTE, el sindicato con más peso en la Ciudad de Buenos Aires, lamentablemente decidió darle la espalda a lo que desde abajo se exigía, sin organizar ninguna medida de fuerza visible y contundente ante, nada más ni nada menos, que el fallecimiento de un compañero.

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Quienes ponemos el cuerpo en las escuelas vemos con profunda preocupación cómo, mientras despedimos con bronca y dolor a Jorge, se avanza en la precarización de nuestras condiciones laborales. El programa “Jornada Extendida” es un claro ejemplo: obligan a sus trabajadores a cubrir “los agujeros” de un presupuesto educativo alarmante, asumiendo el rol de docentes de grado en varias escuelas a la vez, totalmente por fuera del estatuto docente. Muchos de ellos, contratados con acuerdos basura que desligan al gobierno de toda responsabilidad sobre lo que pueda ocurrir con su salud mientras estén al frente de las numerosas burbujas a cargo. Como si esto fuera poco, ante la organización de los trabajadores, el gobierno respondió con persecución y despidos. No hay docentes de primera y de segunda, tomemos sus demandas para terminar con la precarización en nuestras escuelas.

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Pero las escuelas no son una isla, tras sus puertas nos duele encontrar trabajadores y trabajadoras, las familias de nuestros estudiantes, que día a día se arriesgan y exponen en condiciones laborales indignantes que muchas veces se cobran hasta la vida. Así le pasó a Jorge Pacci, trabajador del Subte, fallecido el 22 de marzo a causa de la contaminación por asbesto, una sustancia altamente peligrosa y mortal, presente en las instalaciones del subte, que trabajadores y usuarios se han cansado de denunciar, responsabilizando a la empresa Metrovías. El gobierno y los empresarios son responsables de cada una de las vidas que se pierden de forma evitable. Como todas las muertes de trabajadores de la salud que día a día son los que ponen el cuerpo contra el virus en medio de una crisis sanitaria que no se resuelve.

Los trabajadores ponemos el cuerpo, ¿y el Estado?

Mientras continuamos la presencialidad en lugares de trabajo y estudio, trasladándonos hacinados en un transporte público colapsado, se aproxima una “segunda ola” de la pandemia. ¿Cómo prevenimos un pico de contagios en este escenario? ¿Por qué la vacunación aún es tan incipiente y sólo alcanzó, al día de hoy, al 1,5% de la población? Necesitamos un plan de vacunación rápido, masivo y efectivo, un plan que se podría hacer si no se fugaran del país las 40 millones de vacunas que aquí producimos. Si, leíste bien: en Argentina, más precisamente en una planta en Garín, se han producido 40 millones de vacunas AstraZeneca que son enviadas a México, donde el magnate Carlos Slim se comprometió a envasarlas para luego enviar de regreso 25 millones de dosis. Pero, ¿sabés cuántas dosis han llegado hasta ahora? Cero.

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Como si esto fuera poco, nuestro país cuenta con dos plantas públicas para envasar productos biológicos: el Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba y el Instituto Biológico Tomás Perón, ubicado en la ciudad de La Plata. La campaña del gobierno de “primero la salud” antes que la economía, cae como castillo de naipes ante esta paradójica realidad. Referentes sociales de intachable trayectoria, como Norita Cortiñas, exigieron el cese de la exportación de vacunas. El Frente de Izquierda, tomando el guante, presentó un proyecto de Ley que incluye el pedido a la declaración de utilidad pública de ambas plantas para envasar las vacunas destinadas a la población.

Pero, además del envasado, tanto en nuestro país como en otras partes del mundo se debate alrededor de la producción, planteando la necesidad de liberar las patentes ¿Qué significa esto? Que de esta manera todos los laboratorios, privados y públicos, podrían producir masivamente la vacuna ya que actualmente, si bien se conoce la fórmula, no tienen permitido hacerlo precisamente, porque quienes tienen en su poder la patente, y por lo tanto el monopolio de la elaboración, lo impiden. Es urgente que estas medidas se lleven adelante así como los testeos masivos.

¡Que los gobiernos no decidan por nosotros! Unidad entre docentes, estudiantes y familias!

En este contexto, resulta indignante como la Ministra de Educación, Soledad Acuña, junto con Horacio Rodríguez Larreta y la complicidad explícita del gobierno nacional a través de Nicolás Trotta, se llenan la boca de discursos para el marketing electoral. Mienten. El año pasado nos llevaron a una virtualidad “sin GPS” que profundizó la desigualdad a partir de la brecha digital, aspecto que reflejó el Observatorio de la Deuda Social Argentina cuando informó el año pasado que el 49% de los estudiantes no tenían computadora ni WiFi en su casa. En otras palabras, que la mitad de los pibes no tenían los recursos para acceder a una educación a distancia. Un año después, y luego de infinidad de promesas gubernamentales de “estar trabajando para resolverlo”, es imposible creer que esas condiciones hayan mejorado.

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En las escuelas vemos el hambre y la pobreza. Los últimos datos del INDEC, que nos hablan de que el 57,7 % de los menores de 15 años en Argentina son pobres, se viven en cada alumno y alumna que no tiene zapatillas, que no comieron el día anterior a cada jornada escolar; en las familias que buscan changas, que no saben cómo afrontar la subas de alquileres, que pueden quedar en situación de calle o no cuentan con recursos para sostener la educación de sus hijos e hijas.

Los ministros decidieron una presencialidad sin consultar ni garantizar condiciones seguras. No pusieron un solo peso para adaptar las escuelas a este nuevo contexto de pandemia. Atrás quedó el eslogan del gobierno nacional, “la salud primero que la economía”: ahora dicen que la economía "no soportaría una cuarentena". Las prioridades son claras: no hay aumento del presupuesto educativo pero sí se negocia la deuda externa de millones de dólares con el FMI. Nos preguntamos: ¿con quién es la deuda? ¿Con los millones de niños pobres o con los que se enriquecen a costa de su pobreza?

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Ante el rebrote de casos en la Ciudad de Buenos Aires, llamando la atención el alza entre niños y jóvenes, y el fallecimiento de nuestro compañero Jorge Langoni, los y las docentes queremos organizarnos junto a nuestros estudiantes y sus familias, porque somos los que verdaderamente sostenemos las escuelas. Queremos decirles que no vamos a agachar la cabeza.

Sin conectividad ni dispositivos tecnológicos no hay condiciones de igualdad para estudiar. Sin vivienda ni trabajo, no hay manera de asistir a la escuela. Sin un plan efectivo de vacunación masiva para todos los trabajadores esenciales, no hay condiciones de presencialidad seguras.

Por eso, apostamos a que en cada escuela, en cada distrito escolar, se organicen asambleas docentes e iniciativas junto a la comunidad educativa. Que surjan comités de organización, comisiones de higiene y seguridad y cualquier otro tipo de espacio de deliberación para decidir, de abajo hacia arriba, cómo continuar ante el aumento exponencial de contagios, como se está llevando adelante en el Colegio Pueyrredón del barrio de San Telmo, donde familias, estudiantes y docentes se organizan a partir de una comisión de seguridad e higiene.

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Que la unidad de docentes, estudiantes y familias trabajadoras sea una fuerza para pelear por condiciones seguras, que puedan evaluar si la escuela debería cerrarse o no, cuidando la vida de todos. Que tomen en sus manos una campaña activa por vacunación masiva para que nuestras vidas valgan más que los negocios millonarios de los laboratorios en acuerdo con los gobiernos. Es por esto que hoy más que nunca difundimos el proyecto de ley del Frente de Izquierda para darle fuerza a esta idea.

Ante el hambre, la desocupación y la pobreza que azota a gran parte de la población, organicémonos para pelear por medidas integrales y de emergencia ante la crisis. Juntos podemos exigir la restitución de un IFE de $40.000 por mes a las familias que lo necesitan, alimentación saludable para nuestros estudiantes, licencias y dispensas junto con conectividad y dispositivos para los docentes y estudiantes que no pueden exponerse a la presencialidad, y todas las demandas que esta pandemia recrudeció para las grandes mayorías. Jóvenes piqueteros de organizaciones de desocupados exigieron esta semana que pasó, conectividad y dispositivos frente al Ministerio de Educación. Tenemos que unir nuestras demandas, coordinar. Divididos somos débiles, unidos somos una fuerza poderosa que puede ir por todo lo que venimos exigiendo.

Con esta unidad queremos ir a la asamblea abierta de Ademys del día martes, exigiendo a la UTE-Ctera que convoque a llevar adelante en común un plan de lucha en unidad con los otros sectores de trabajadores que también salen a las calles de la Ciudad, como los trabajadores del subte, las y los compañeros del movimiento de desocupados, de la salud y los tercerizados ferroviarios de MCM.

Las demandas son las mismas: que la crisis no la paguemos los trabajadores exponiendo nuestra salud, exponiendo nuestras propias vidas.




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