Política

DICTADURA CÍVICO-MILITAR

Julio D’Alessandro: “En los 70 luchamos contra los nazis de la Mercedes y sus socios de Smata”

El exobrero de la automotriz alemana es testigo en el juicio por desapariciones en la empresa durante la dictadura. Es en el marco del megajuicio Campo de Mayo. Aquí cuenta parte de esa historia.

Jueves 11 de julio | 16:05

Mercedes Benz fue una de las multinacionales responsables del genocidio en Argentina. Fue proveedora de los camiones Unimog para las dictaduras latinoamericanas que conformaron el Plan Cóndor. Antes y durante la dictadura el, Ejército argentino fue su principal cliente.

Pero además, varios de los cargos jerárquicos de la empresa eran ocupados por nazis que, ayudados por Juan Domingo Perón, encontraron refugio en el país para escapar de su responsabilidad en uno de los mayores genocidios de la historia.

Entre ellos, Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS y responsable de la llamada “Operación Final” en la que se asesinó a millones de personas durante el genocidio nazi.

Con documentos de identidad falsificados por el Vaticano, Eichmann arribó al puerto de Buenos Aires el 14 de julio de 1950. En octubre de ese año, la Policía le entregó un nuevo documento de identidad.

Incluso Jorge Antonio, empresario y colaborador de Perón, reconoció que fue él quien personalmente empleó a Adolf Eichmann en Mercedes Benz, cuando aún la fábrica no había iniciado la producción.

El empresario peronista declaró: “Pensé que era una monstruosidad lo que había hecho Eichmann, pero pensé también que era la guerra y él no hacía más que cumplir órdenes”. El pez por la boca muere, o confiesa en este caso.

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Julio D’Alessandro es un extrabajador de Mercedes, integrante de la lista opositora al Smata, que comandaba José Rodriguez.

En diálogo con La Izquierda Diario, D’alessandro señaló que “casi todos los cargos jerárquicos de la empresa estaban integrados por inmigrantes de la Alemania de posguerra. Entre ellos había miembros del ejército alemán y oficiales de la SS, incluído Eichman, que estaba en la empresa con otra identidad, se hacía llamar Klement”.

¿Cuándo ingresaste a Mercedes Benz y cómo era la situación en la fábrica?

  •  Ingresé en enero de 1971 y trabajé ahí hasta el 1° de septiembre de 1975. Cuando empecé a trabajar en la planta 2 la mayoría éramos jóvenes y había mucha bronca contra la empresa y el Smata, que era propatronal. Estuvimos obligados a organizarnos clandestinamente, porque lo que hacían la patronal y el Smata es apretar a todos los compañeros que reclamaban por nuestros derechos.

    Entonces hicimos una herramienta que era un volante para preservar nuestros puestos de trabajo, que metíamos en el turno noche, lo pegábamos en los lugares donde los obreros hacíamos una parada antes de ir al comedor, en el vestuario y en otros lugares. Esto nos representaba y nos daba fuerza para organizarnos y estar unidos.

    Lo que quería la patronal era aumentar los ritmos de trabajo. Los reclamos que hacíamos eran varios, uno era por la categorización, por el problema del comedor porque habían varios problemas de intoxicación, pero el más importante era el ambiente.

    Me acuerdo que en el 72, en el verano afuera hacía como 30 grados, salíamos y no hacíamos la producción, la fábrica estaba proyectada para aire acondicionado pero nunca lo pusieron y ese establecimiento todo cerrado, con los gases, los ácidos, se trabajaba con plomo, en el caso mío particular se trabajaba con la guisa, que es un material que no se puede enfriar con el agua y el calor hacía saltar todo el metal por el aire.

    Esto pasaba en todas las secciones de la planta 2, que estaban pegadas una a las otras y en otros como motores y tratamiento térmico también pasaba lo mismo. La empresa no quería poner los aires para no dar el brazo a torcer para que nosotros no tengamos ninguna conquista.

    Esto sumado a que no querían poner fecha para elecciones de comisión interna y otros reclamos. En enero de 1974 hacemos una toma de fábrica, en un mes de mucho calor. En esa toma le sacamos los aires acondicionados a los directivos de la fábrica, de apellidos Ceriani y Metz (otro de los nazis de Mercedes Benz).

    Espías y persecución dentro y fuera de la fábrica

    . Había espías dentro de la fábrica, policías, había patotas del sindicato, nosotros sabíamos que estaban armados, uno de ellos se jactaba de ser del comando de organización asociado a la Triple A.

    Para fines del 74 Snuck, que era un jefe de sección, también nazi, hace una lista que logramos conseguir con los nombres de los compañeros que para Mercedes estaban organizando todo, donde estábamos entre otros Hugo Crosatto y yo.

    Un día este Snuck me llamó para hablar en su oficina. Me dijo que querían trabajar en armonía. Le dije que para eso tenían que poner los aires, que a la empresa no le costaba nada y que además teníamos el derecho de elegir a nuestros representantes y Snuck me dice “usted sabe lo que hace”.

    En el 74 ya había represión, nosotros sabíamos que estaban haciendo listas como en Acindar, en Córdoba. Muchos compañeros ya estábamos marcados y la patronal con sus espías y el sindicato buscaban dónde se imprimían los volantes y se hacían las reuniones. Nos estaban vigilando. El control era más estricto en la fábrica y afuera también. Yo militaba e el PRT.

    En julio o agosto de 1975 nos citan a los que habíamos sido elegidos comisión paritaria a una reunión en el Smata sección La Matanza. Los compañeros de la fábrica no nos querían dejar ir porque nos iban a apretar, ya en ese momento había mucha represión contra la clase obrera. Les dijimos que si nos llamaban públicamente no nos iba a pasar nada y fuimos.

    Los del Smata nos recibieron armados hasta los dientes. Nos decían que nosotros queríamos romper el sindicato. Después nos hacen subir a una azotea a punta de pistola y llamaron a otro más que nos empezó a apretar contra la pared, nos amenazaban y nos decían que nosotros sabíamos lo que hacemos, como me había dicho Snuck.

    Logramos que se ponga fecha para elecciones de comisión interna y logramos elegir una comisión representativa de los obreros porque no dejamos que el Smata se lleve las urnas al sindicato.

    ¿Cómo era la relación de Mercedes Benz con los militares?

  •  La patronal trataba de evitar que se pare la producción porque en esos momentos se vendían muchos vehículos militares a Brasil, Uruguay, Bolivia, Chile y otros países más donde habían dictaduras. El Ejército argentino era el principal cliente de Mercedes Benz.

    Sabíamos por compañeros que trabajaban en los sectores que Mercedes les vendía camiones a las dictaduras latinoamericanas con precios que no se entendían.

    Había mucha persecución, nos seguían con autos, pude ver que uno de los que me seguía en el 76 era Rubén Lavallén, apropiador de Paula Logares y jefe de Seguridad de Mercedes Benz. Lavallén fue comisario durante la dictadura de la Brigada de San Justo, que participó personalmente en la detención de trabajadores de la planta y apropiador de Paula Logares, nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo. Él participó en persona del secuestro de nuestro compañero Gigena, que continúa desaparecido.

    Los militares se movían libremente por la empresa. Lavallén entró a hacer inteligencia a Mercedes antes de ser jefe de Seguridad de la empresa.

    ¿Cómo actuaron el gobierno y el Smata?

  •  El gobierno de Isabel Perón y López Rega ya había empezado a eliminar a los opositores al sindicalismo burocrático. Todos veíamos la vigilancia en nuestras casas, no solamente a gente que Snuck tenía en la lista, sino a muchos compañeros.

    Luchábamos por salarios, pero también por mejores condiciones de trabajo y contra la burocracia y el gobierno de Isabel Perón. En el 75 los trabajadores empezamos a pelear por paritarias en todo el país y en Mercedes, como en la mayoría de las fábricas opositoras a los sindicatos, elegimos comisiones paritarias. Pero entre la patronal y el sindicato se llevan las urnas a la planta 1 donde tenían gente que respondía a José Rodríguez, que venían armados.

    Toda la fábrica al enterarse que había ganado el Smata y no nosotros para la producción. Mientras, se estaban formando las coordinadoras interfabriles.

    Entre los activistas queríamos pedir una nueva elección. La amenaza del sindicato era que Mercedes Benz iba a cerrar la fábrica. Pero nosotros sabíamos que la empresa tenía muchos contratos comerciales.

    El 1° de septiembre del 75 nos despiden a los que habíamos sido elegidos como comisión paritaria (era el día de mi cumpleaños). Los despedidos quisimos entrar a hablar con la dirección de la fábrica pero no nos dejaron. Nos citan a las oficinas centrales que quedaban sobre Avenida Libertador, algunos compañeros decidimos irnos porque la represión era insoportable durante el gobierno de Isabel.

    La bronca se acumulaba contra la empresa y el sindicato de José Rodríguez. Cansados de no poder elegir a sus representantes el 1° de octubre comienza la huelga de los 22 días donde se elige al grupo de los nueva.

    El exilio y la lucha por el juicio y castigo

  •  En 1977 me exilié en Italia y volví para quedarme en 2004 y me encontré con mis compañeros de Mercedes Benz. Ayudado por un periodista y unos partisanos que habían luchado contra los nazis y Mussollini estuve en Italia. En 2004 decidí volver a Argentina a seguir la lucha por los derechos humanos.

    En ese momento Héctor Ratto, nuestro compañero que sobrevivió y estuvo detenido en Campo de Mayo, me contó que mientras lo torturaban le preguntaban por mí.

    Con otros compañeros de Mercedes y otras fábricas pusimos en pie la “Asociación Trabajadores y Delegados de los 70”.

    Vamos a seguir la lucha por el juicio y castigo para todos los genocidas y para que los empresarios responsables no queden impunes. Es un compromiso con nuestros 30.000 y con las nuevas generaciones que salen a luchar por sus derechos.







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