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Red Internacional

Tokio 2020.Juegos Olímpicos, donde la política resuena y las pujas geopolíticas recrudecen

El domingo pasado los JJ.OO. Tokio 2020 llegaron a su fin. La mixtura entre deporte y política es un rasgo característico de la cita olímpica, y en tierras niponas no fue la excepción. En esta nota nos proponemos un repaso, de ayer y hoy, por la politicidad de las olimpiadas

Martes 17 de agosto | 17:28

Los JJ.OO. han sido históricamente un evento de fuerte contenido político. Si bien esto se vio exacerbado durante la Guerra Fría, se ha mantenido constante hasta la actualidad. Política internacional (doméstica también) y olimpismo están profundamente imbricados a lo largo de la historia, las delegaciones actúan representando a sus países, además del comité olímpico nacional, y las áreas de deportes del gobierno de cada país invierten y articulan las políticas públicas junto con los comités para el desarrollo de las distintas disciplinas. En definitiva, el éxito de cada delegación refleja en buen grado el comportamiento de una política de gobierno, y un buen desempeño es fuente de posicionamiento internacional y de prestigio en la arena política. En definitiva, las posiciones de medallero funcionan como un índice de poder o capacidades en la competencia interestatal, como tantos otros que se utilizan. Hacedores de políticas públicas y analistas internacionales coinciden en esta interpretación.

Por otra parte, según los principios del olimpismo internacional, el fomento del deporte olímpico y los buenos resultados en estas competencias también reflejan un nivel más elevado de desarrollo humano, sería una inversión pública en educación que prioriza el desarrollo de inteligencias menos abordadas en el ámbito escolar. Aunque ya poco queda del espíritu amateur del olimpismo primigenio, la puja geopolítica y el impacto mediático que trae aparejada la mercantilización de la competencia han generado una fuerte presión psicológica por resultados positivos (ver el caso de la atleta Simone Biles) , esto suele poner en tensión la idea de desarrollo humano y calidad de vida asociada históricamente a la práctica del deporte en general, y al espíritu olímpico en particular.

Caja de resonancia política

Lo ya dicho, cada delegación representa a su país no solamente al comité olímpico nacional o a la federación nacional de un deporte determinado como suele ocurrir en otros eventos deportivos [1] . Si a eso se le suma la universalidad (206 delegaciones participaron en Tokio 2020) y la multiplicidad de deportes y disciplinas que se practican (33 deportes y 50 disciplinas en Tokio [2]), queda claro que la repercusión del evento no tiene parangón. Hagamos un pequeño repaso a la politicidad de los juegos.

Los casos donde la política internacional se ha hecho presente en la máxima cita deportiva son muy numerosos. Podríamos empezar en los lejanos Juegos de Berlín 1936, atrapados bajo la propaganda del régimen nazi y la segregación racista de la época. Fue entonces el atleta afroamericano Jesse Owens el principal protagonista de esas tantas historias mínimas, de tremendo eco político, que ofrecen las olimpíadas. Su destreza atlética lo hizo acreedor de varios records y 4 medallas doradas que el führer se negaría a entregarle, la suerte en su país no le resultaría muy distinta, a pesar de sus virtudes deportivas sería condenado al desprecio y el ostracismo solo por su color de piel [3] .

Y fue justamente la lucha contra la opresión racial y el supremacismo blanco lo que volvió a resonar en una cita olímpica décadas después. Sucedió en México 1968 cuando los atletas afroamericanos Tommie Smith y Jhon Carlos realizaron el recordado saludo ‘black power’ al momento de recibir sus medallas. Y si de supremacismo blanco, política internacional y olimpiadas se trata, otro hecho destacado fue la exclusión de la República Sudafricana [4] de los JJ.OO. como puntapié inicial de la política de boicot deportivo que luego se extendería a otros eventos y como respuesta/castigo ante el sistema del apartheid que se desarrollaba en aquel país.

Pero si hay dos conflictos geopolíticos que tomaron centralidad mayúscula en las olimpiadas, esos fueron el conflicto palestino/árabe- israelí y la feroz disputa soviética-estadounidense en el marco de la Guerra Fría. En el primer caso, la masacre de Múnich 72’ fue un coletazo del conflicto árabe-israelí que se había iniciado en 1945 con la creación del estado de Israel, continuo con la Nakba de 1948 y que se profundizó con la Guerra de los 6 días de 1967. La operación terrorista llevada adelante por Septiembre Negro marcó un drama difícil de olvidar en las citas olímpicas, la toma de rehenes en la delegación israelí culminó con 11 atletas israelíes, 5 captores y un policía asesinados. Más acá en el tiempo, con la profundización de las políticas sionistas de ocupación en Palestina, el conflicto no ha dejado de estar latente y la causa palestina se visibiliza en el mundo árabe con actos simbólicos en la cita deportiva por excelencia, en Tokio 2020 un judoca argelino se negó a competir contra su par israelí, misma situación se ha dado con atletas iraníes y egipcios en otros eventos.

La competencia entre estadounidenses y soviéticos cubrió todas las áreas y casi toda la geografía en el período de Guerra Fría (1952-1992 en JJ.OO.), y fue encarnizada en el plano deportivo del olimpismo. Cómo en otros planos, las dos potencias arrastraron a todo su bloque en el encarnizamiento y las olimpiadas fueron un espacio donde se ponían en juego los dos modelos sociales, los éxitos deportivos se asociaban directamente con un mejor modo de vida, y la realidad es que en el área olímpica la disciplina organicista del socialismo real rendía sus frutos y tenía el privilegio de mostrar sus triunfos frente a los atletas ‘capitalistas’ como un claro indicador de desarrollo humano y superioridad sistémica. Cuándo no hubo boicots y todos aceptaron competir, la URSS dominó en varias oportunidades el medallero desplazando a EE.UU. en 6 de las 9 oportunidades en que compitieron. Incluso la Alemania Democrática se convirtió en una gran potencia olímpica, a tal punto que en Montreal 76’ y Seúl 88’ obtuvo el 2º lugar en el medallero general relegando a EE.UU. hasta el 3º puesto por detrás de las dos potencias del bloque socialista. En forma inversa a lo que ocurría con muchos otros indicadores económicos, la Alemania Oriental mostraba una clara superioridad sobre su vecina Occidental (ver cuadro). Las demás repúblicas socialistas al Este de la “cortina de hierro” (Hungría, Polonia, Bulgaria, Checoslovaquia y Rumania) también tendrían actuaciones destacadas en los JJ.OO. de la Guerra Fría e incluso Cuba se convertiría a partir de los 70’ en una potencia olímpica dominando algunas disciplinas y posicionándose siempre en los primeros 10 lugares del medallero. Indudablemente había dos modelos en pugna, y los países del socialismo real dejaban ver los buenos índices en el desarrollo deportivo como también lo hacían con otros indicadores sociales (educación y salud) aunque estuvieran lejos de las potencias capitalistas de occidente en algunos indicadores económicos. La ‘Guerra Fría’ del medallero entre EE.UU. y URSS se hizo tan furiosa que culminó con los boicots de las olimpiadas de 1980 y 1984. La invasión soviética en Afganistán en 1979 fue la excusa perfecta para que los estadounidenses motorizarán el exitoso boicot a las olimpíadas de Moscú que se realizaron al año siguiente, cerca de 50 países (la Argentina gobernada por la junta militar fue uno de ellos) se plegaron a la iniciativa norteamericana y no asistieron a esos juegos, en muchos otros casos los atletas asistieron bajo la bandera olímpica o de su propia comité pero no en representación de su país. 4 años después los rusos emularían el boicot en los JJ.OO. de Los Ángeles 84’, otros 14 países se sumaron a la iniciativa soviética, del bloque del este Rumania fue el único que asistió. En 1988, si bien las dos potencias abandonaron los boicots y volvieron a compartir competencia, también se mantuvo la costumbre de traspasar los conflictos políticos a la arena olímpica, en este caso la sede de Seúl impulso la renuncia de Corea del Norte que fue acompaña por un puñado de países, entre ellos Cuba que como ya se dijo era una potencia olímpica líder en varias disciplinas.

Aunque los días de la Guerra Fría quedaron atrás, en Cuba la disputa por el modelo se encuentra más vigente que nunca y los logros olímpicos se volvieron a solapar con la política cuando el boxeador cubano Julio la Cruz festejó su triunfo y medalla contra el compatriota nacionalizado español Enmanuel Reyes al grito de “patria y vida no, patria o muerte venceremos” [5].

Medallero Total de las dos Alemanias [6]

Por supuesto que no todo fue color de rosas en el desarrollo deportivo del bloque del este, las grandes conquistas de la Alemania Oriental se verían muy opacadas cuando finalmente se descubriera todo el sistema de dopaje estructurado de forma sistemática por el Estado a través del plan 14.25 [7]. El drama de la espectacular gimnasta rumana Nadia Comaneci, llamada el “hada cautiva” por la prensa occidental, fue otra página oscura para el deporte olímpico del bloque del "socialismo real" . Algunos han querido ver cierto paralelismo con la historia de Nadia en el conflicto que se produjo en Tokio 2020 con la atleta bielorrusa que terminó pidiendo asilo en la embajada polaca en Japón ante el temor de regresar a su país [8].

Los JJ.OO. también tienen impacto en la política internacional a través de las delegaciones que se habilitan a participar. La pretendida universalidad en el espíritu olímpico hace que el COI tenga más miembros que la ONU, es decir que países existentes. Los casos más resonantes de esta injerencia de las olimpiadas en estos conflictos políticos de fronteras nacionales o reconocimiento de soberanía son los que se dan en torno a las fronteras de la República Popular China. No ajena a las polémicas se dan las participaciones de las delegaciones de Hong Kong, China y de China Taipéi. Otro caso clamoroso en ese sentido es la participación de Palestina. Y otros que también llaman la atención, aunque de menor impacto, son las intervenciones de Puerto Rico o de algunas colonias británicas, la de Bermudas llamó particularmente la atención en Tokio 2020 al alzarse esta delegación con la primera medalla dorada de su historia. Finalmente, otra delegación de rimbombancia política en los juegos recientes es la de Refugiados [9] que se estrenó con 10 atletas en Río 2016 y contó con 29 atletas en Tokio 2020 [10]
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Por último, no todo es política internacional en los olímpicos, también hay ecos politizadores que retumban de forma transversal y no involucran a los países, sino que están relacionados con los nuevos movimientos sociales o con mensajes de fraternidad humanista. En Tokio 2020 podemos citar dos de estos casos, el más trascendente se relaciona a los mensajes políticos que dieron algunas atletas en torno a la vestimenta que se les obligaba utilizar y en respuesta al sexismo y la cosificación que regula las normas de vestimenta de la cita deportiva . En relación a este tema otro dato político que aporta Tokio es el avance de la paridad entre mujeres y varones en el número de participantes (ver gráfico). El otro asunto fue el extraordinario momento que entregaron dos atletas en la prueba de salto en alto al decidir compartir la medalla de oro, hermoso mensaje de compañerismo y solidaridad que ya contaba con un antecedente en los juegos de Berlín 36’ cuando dos atletas japoneses no accedieron a realizar un desempate, y aunque fueron ordenados arbitrariamente en 2º y 3º lugar luego partirían sus medallas para compartir plata y bronce, esta bonita historia es conocida como las medallas de la amistad [11].

La cita olímpica es un espejo del mundo en que vivimos, una buena dosis de desigualdad, de violencia, de mercantilización, de sociedad patriarcal ha habitado y habita en ellos. Un puñado de países acumula gran parte de las medallas como lo hace con las riquezas. En Tokio 2020 EE.UU. y China pelearon medalla a medalla el liderato del medallero y recién el último día los norteamericanos pudieron pasar al frente apenas por una medalla dorada, ya los chinos habían triunfado como locales en Beijing 2008 pero las demás olimpiadas pos Guerra Fría fueran todas para los estadounidenses, el avance chino nos trae a otro deja vu de la estratificación interestatal transpuesta en el olimpismo, al parecer los días de la hegemonía unipolar norteamericana también acabaron en el olimpismo y se asoma una ¿nueva Guerra Fría?, el medallero olímpico parece confirmarlo. Pero las olimpiadas también son retrato de esperanza, de las naciones más postergadas que pueden mostrar con orgullo de superación las habilidades de sus atletas que alcanzan éxitos deportivos en condiciones desfavorables, y sobre todo, de aquellas y aquellos atletas que se plantan y dejan sus mensajes contestatarios contra los poderes establecidos.


[1Al respecto es interesante la polémica exclusión de la Federación Rusa en Tokio 2020, otro tema con repercusiones o influencia política en torno a las Olimpíadas https://www.elconfidencial.com/deportes/juegos-olimpicos/2021-07-30/rusia-roc-no-puede-competir-tokio_3197043/

[2En esta edición se sumaron 5 nuevos deportes (Skateboarding, Básquet 3X3, Escalada, Surf y Karate) y nuevas pruebas como el BMX freestyle. Muchos de ellos asociados a las nuevas prácticas urbanas de la juventud https://www.bbc.com/mundo/deportes-57936662

[4La República de Sudáfrica estuvo excluida de siete JJ.OO. consecutivos entre 1964 y 1988. Su retorno se produjo en Barcelona 92´ luego del acuerdo sellado entre De Klerk y Mandela para iniciar la transición democrática multirracial y ponerle fin al apartheid.

[6Se toma la participación de cada delegación a partir del ingreso en 1965 de Alemania Democrática en el COI. Cinco JJ.OO. para cada delegación: Alemania Democrática 68’,72’,76’,80’ y 88’ y Alemania Federal en 68’,72’,76’,84’ y 88’.
En los JJ.OO. de 56’, 60’, 64’ actuaron como equipo alemán unificado.

[7Para más información sobre la historia del dopaje en la RDA, ver https://archivoshistoria.com/dopaje-deporte-ddr/





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