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Opinión.Jóvenes y adolescentes en pandemia: alzando la voz propia en aislamiento

Adolescentes y jóvenes atraviesan una segunda ola, estigmatización, precarización, patología, etiquetamiento, son algunas de las palabras que suenan bajo la concepción de la adolescencia, en un sistema de salud integral desfinanciado por todos los Gobiernos. Una crisis social y económica que genera en sus cuerpos y mentes malestares producto de la brutalidad del sistema capitalista.

Desde una perspectiva teórica-practica les adolescentes, son pensados como sujetos en transición entre la niñez y la adultez, vistos como sujetos que adolecen, que sufren, padecen, desde este eje, su lugar en la sociedad parece configurarse como algo que será un periodo que “pasará”, una etapa de crisis.

Leídos como un misterio, como incomprensibles, jóvenes y adolescentes pierden el lugar de sujetos de derechos que la Ley 26.061 sancionada en el año 2005, busca otorgar.

En otras palabras, hablamos de adultocentrismo, una situación de desigualdad de poder, desde una perspectiva capitalista, en la cual, tener más edad equivaldría a tener mayor jerarquía, mayor alcance en sentido productivista, desde allí la mirada construida por les adultes que ven lo que “les falta” a les adolescentes.

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Dicha mirada niega la potencia que jóvenes y adolescentes han tenido en momentos de movilizar por sus derechos, cuando se organizan en los centros de estudiantes luchando por condiciones edilicias, por boleto estudiantil, ante el avance de la criminalización en los barrios o sumándose en las calles junto a sectores en lucha, recordemos la enorme presencia en las calles de pibas en la lucha por la Ley de Aborto, Seguro, Legal y Gratuito.

A nivel internacional la juventud fue y es protagonista de fenómenos de rebelión, como en Chile y su revuelta popular, en Colombia saliendo a las calles frente a las políticas del Gobierno asesino y represivo de Duque, las huelgas internacionales por el clima con 7 millones de jóvenes movilizados a nivel mundial; demostrando su potencia organizada y que su salida es no resignarse ante las miserias que el sistema les ofrece como alternativa a su futuro.

Adolescencia y aislamiento social

Si la adolescencia es por excelencia la etapa donde les jóvenes se proyectan hacia el afuera ¿qué ocurre en situación de aislamiento? Encuentra a jóvenes y adolescentes, con espacios reducidos de socialización. Desde el DNU dictado en marzo de 2020 no se volvieron a abrir clubes de barrio, talleres, asambleas, escuelas (en algunos casos las condiciones de regreso a clases fueron bajo el riesgo de contagio de alumnos y docentes, sin protocolos acordes a los cuidados y sin vacunas).

Lugares que históricamente crean pertenencia, que brindan una identidad propia de una generación que ha sumergido su lugar de aporte y creación, en caso que tengan acceso a la conectividad, a las redes sociales, Instagram, Twitter, Twitch, TikTok, lugares donde pueden encontrarse, expresarse y crear comunidad.

Es notorio que las consultas dentro de los espacios de salud mental fueron acrecentándose en el correr de la pandemia; aun ante su potencial creación en lo virtual en búsqueda de construir comunidad, y buscar espacios de socialización.

Palabras como ansiedad, ataques de pánico, depresión, trastornos alimentarios, autoagresiones (producirse dolor o lastimarse), suicidios, son recurrentes en el ámbito de la salud mental, en los diferentes dispositivos de atención en el área de adolescentes.

Un estudio realizado en Argentina por UNICEF durante la pandemia, arrojó los siguientes resultados: entre las y los adolescentes las percepciones respecto de la irrupción de la pandemia y las consecuentes medidas de distanciamiento social fueron siempre negativas y estuvieron anudadas a las restricciones en el contacto y los vínculos sociales, impedimentos de actividades y duelos por ciclos y proyectos inconclusos. En la primera medición, el 75% señaló que les había afectado no poder concurrir a espacios recreativos y deportivos. En las tres mediciones un promedio del 47% mencionó el uso de pantallas y redes sociales como forma privilegiada para socializar con pares, aunque también manifestaron que eso no reemplaza el anhelo de lo presencial.

El aislamiento social sin una planificación acorde que contemplen la realidad de los adolescentes produce malestares en los mismos, sin un sistema de salud integral que contemple esta realidad los casos de sintomatología antes mencionada aparecen cotidianamente, expresan las consecuencias de lo nocivo que es para este sector de la población la situación actual. ¿Les adultes logramos construir puentes de comunicación con elles para dar lugar a sus voces? ¿Cómo les acompañamos en este contexto? ¿Cómo el estado garantiza sus derechos?

Adolescencia y la salud mental en pandemia

Pensar en los determinantes sociales para les jóvenes y cómo afecta a su salud mental es indispensable para entender el marco en que surgen determinados malestares y cuál es el acceso a su atención dependiendo del ingreso económico que tienen las familias.

De acuerdo a los números que arroja el Indec, más del 60% de los hogares en la Argentina están dentro de la línea de pobreza.

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Las familias que poseen obra social logran acceder a los turnos de forma lenta y a largo plazo, ya que la demanda ha crecido, las obras sociales no invierten en incrementar la capacidad de atención contratando profesionales. Aquellas familias que no poseen obra social acuden al hospital público o a las salitas del barrio, en el mejor de los casos, si logran conseguir turnos.

En muchas ocasiones solo se dirigen a la sala de emergencias cuando la gravedad de la situación excede lo que cada familia pudo contener sin herramientas a tiempo para prevenir.

La atención remota no es tal para quiénes están aquí y ahora padeciendo, las guardias de los hospitales generales se encuentran con las llamadas de familias por la aparición de “nuevos síntomas” que irrumpen de carácter disruptivo en donde no hay un entramado que oficie de sostén.

Los trabajadores de la salud se encuentran cotidianamente ante esta realidad, sin ser héroes como muchos plantean, sino trabajadores en un sistema desfinanciado de salud, con un presupuesto votado por el oficialismo y la oposición de derecha a la baja para el 2021 de $ 383.187 millones. Si la inflación del 2021 es del 29% como estimó el Gobierno en el presupuesto, esto significa que habrá un ajuste en salud, en términos reales, del 16%.

Las medidas adoptadas por el neoliberalismo, en donde todos los Gobiernos permitieron el avance de la privatización y desfinanciamiento de la salud pública, en este contexto los trabajadores de salud tienen que hacer frente a las problemáticas que atraviesan los adolescentes que logran acceder a una institución de salud.

La unificación del sistema de salud como medida ante esta situación es necesaria, unificación de todos los recursos tanto públicos y privados para poder abordar las necesidades de toda la población. Esta política daría respuesta integral a las necesidades sanitarias de la población más golpeada por la crisis, poniendo en jaque al sistema privado que ve la salud como una mercancía y no como un derecho.

La salud mental de les jóvenes está condicionada por la crisis económica y social que profundizó la pandemia del covid-19, y sin un estado que diagrame políticas públicas para las familias en este contexto, les deja en absoluta vulnerabilidad.

Ante un aumento de malestar subjetivo de los jóvenes, desde el Equipo Técnico de Infancias y Adolescencias, nos organizamos para enfrentar esta concepción falsa que intenta quitarles el potencial que tienen, de un sistema que solo le importa la productividad, lo que genere ganancias.

Se pretende “patologizar” el sufrimiento de los jóvenes, instituyendo categorías como normalizadoras, respondiendo a una mirada mercantilizadora del padecer que termina alimentando el salvaje negocio de los laboratorios que se encargan de medicar un síntoma/padecimiento sin atender lo que realmente lo produce.

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Urge implementar estrategias políticas en materia de salud mental desde otra lógica, desde una lógica no capitalista-mercantilista, que garantice para todes, efectivamente el acceso a un sistema de salud, con mirada integradora sobre la problemática actual, ya que la ausencia de la misma está conduciendo a que se ignore sistemáticamente a les jóvenes. La unificación del sistema público y privado es una necesidad que no puede esperar dilataciones, sólo un sistema público de salud controlado por trabajadores y pacientes puede dar respuesta ante la crisis actual. De esta forma, no habría prioridad entre quien tiene una obra social o una prepaga sobre quien no cuenta con esta.

Romper la sesgada visión que se pretende meter sobre les adolescentes, que el estado por un lado los criminaliza mediante un discurso punitivo o los pretende invisibilizar cuando manifiestan los malestares producto de una realidad social en crisis, intentando acallarles “patologizando y medicalizando”, es una tarea que debe llevarse a cabo de inmediato.




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