Política

CASO ESCUELITA IV

José “Negro” Montes: “A pesar de ustedes genocidas”

En esta nueva jornada del juicio “La Escuelita IV” resonó la voz de los trabajadores que en los años `70 pelearon por terminar con la explotación y la opresión de este sistema. En una sala colmada de trabajadores y estudiantes junto a las Madres de Plaza de Mayo- Neuquén y Alto Valle- José “Negro” Montes, dirigente nacional del PTS, declaró como testigo de concepto por la querella del CeProDH.

Natalia Hormazábal

Abogada del CeProDH

Jueves 7 de abril de 2016 | Edición del día

El presidente del Tribunal Oral federal de Neuquén, Guido Otranto, abrió la audiencia. Póngase cómodo, le dijo al testigo. José se quitó su campera y se vistió con una camisa de Zanon. Nada más ni nada menos que en la tierra de los ceramistas, en la tierra de un emblema para los trabajadores.

Comenzó contándonos quién es él. “Hace 33 años soy trabajador del Astillero Rio Santiago, de Ensenada, empresa del Estado no privatizada en los años `90 producto de la lucha de sus trabajadores. Desde hace 43 años empecé a militar en la izquierda, primero me organicé en el PST y ahora continuó haciéndolo en el PTS”.

Natalia Hormazabal, abogada querellante del CeProDH, siguió con las preguntas.

NH: ¿Por qué empezó a militar? En el marco de muchas estrategias por aquéllos años ¿Cuál era la estrategia de su partido?

JM: “En los `70 se vivía un momento revolucionario a nivel mundial, como ejemplo el Mayo Francés en 1968 en el que, como en la actualidad, la juventud francesa marchaba a las fábricas. No se discutía si había que militar o no. Todos militábamos y lo hacíamos apasionadamente. El que no militaba quedaba fuera, no tenía vínculos sociales, no se discutía el valor de la militancia. Y lejos de lo que se escucha en estos juicios no lo hacíamos porque nos embaucaban o porque había una guerra sino porque estábamos todos convencidos que había que cambiar de raíz este sistema, no queríamos más explotados y oprimidos. Todos estábamos de acuerdo en que había que terminar con esta explotación y para eso nos organizábamos. Lo que se discutía era cómo, con qué estrategia. El partido donde militaba en aquellos años sabía que esto era con los trabajadores, los estudiantes y el pueblo pobre organizados en un partido y través de la revolución socialista”.

NH: ¿Desde su experiencia como trabajador y militante, ¿Qué cree que pasó en 1976? ¿Comenzó antes el plan en la región? Hay quienes niegan que hubo un plan….

JM: Quien intente entender qué paso quedándose en el 24 de Marzo de 1976 va a tener un límite enorme porque empezó todo mucho antes. Para ese entonces la clase obrera argentina mostraba su combatividad y fortalecimiento. Cuando un periodista le pregunta a Ernest Mandel, historiador marxista belga si él creía que era posible que vuelva a haber un ascenso del fascismo en el mundo este respondió que sólo era posible si se derrotaba a una de las clases obreras más combativas del mundo, a la clase obrera argentina. Esta clase venía de gestas como la “Semana Trágica”, la “Patagonia Rebelde”, o la resistencia a la dictadura fusiladora de 1955, el Choconazo, el Cordobazo, los Villazos y tantas otras y que enfrentó a los Ongania, los Vasenas, Martines de Oz, a los Videlas, la hiperinflación de Alfonsín, los Menem, Cavallo y ahora Macri . Y si sacamos una foto a sus modelos económicos vamos a ver lo mismo, ajustes, ataque a la clase trabajadora, a las condiciones de vida de las masas. Y son planes, no fueron loquillos sueltos. En los ‘70 había un plan orquestado e impulsado por el imperialismo estadounidense. No fue un invento argentino como el dulce de leche o la birome por eso es una provocación que Obama haya venido invitado por Mauricio Macri en una fecha como el 24 de Marzo.

A través del Plan Cóndor se implementó el terrorismo de Estado en México, Chile, Uruguay y en casi toda América Latina. Se copian los métodos de las fuerzas de Francia como formación para perseguir, torturar, secuestrar y asesinar a todo aquel que se oponga a estos golpes. Por eso fue tan sangrienta en la Argentina también, porque tenía que enfrentar a la clase organizada que ni Perón pudo frenar…
De pronto el relato se interrumpe. Uno de los genocidas, Jorge Di Pasquale se levanta y comienza a hablarle a su defensora. Quería que calle lo que no soportan escuchar.

“Si la historia la cuentan los que ganan quiere decir que hay una historia que no está contada” había dicho José durante su testimonio, y esa historia estaba viva en la audiencia siendo dicha y escuchada por jóvenes estudiantes y trabajadores que hoy continúan la lucha de los 30 mil compañeros y compañeras desaparecidos por terminar con este sistema de explotación. El juez Guido Otranto intima a guardar silencio al imputado, e intima también, a que el público guarde silencio o desalojaría la sala de audiencias.

Es normal. Odian todo lo que salga de los márgenes de lo que quieren escuchar. Clase obrera, trabajadores, plan genocida, imperialismo, debate de estrategias. Todo eso resulta anacrónico e inoportuno, sobre todo en la voz de un dirigente obrero revolucionario. Hechos, pruebas, lugares, uniformes. Eso es todo lo que les interesa. Ese es el modo miope de la justicia.

Finalmente y entre gritos, el ex oficial de inteligencia del Destacamento 182, Jorge Di Pasquale, se levanta para retirarse de la sala diciendo que él no podía escuchar tantas pavadas, “no fueron 30 mil”.

Frente a los aplausos y cánticos de una sala repleta, el Tribunal impotente, inmediatamente ordeno que se “desaloje la sala”. Las fuerzas de su seguridad comenzaron a acercarse al público con la intención de armar un cordón para que esto se cumpla de “manera ordenada”. Al parecer el Tribunal tampoco estaba dispuesto a escuchar. Pero dio “una segunda oportunidad”, siempre y cuando no se diga más que lo que están acostumbrados a escuchar. Condicionó la continuación del testimonio a que José se circunscriba a lo sucedido en la región. Hechos y más hechos. Hechos y casos de la región, hablemos sólo sobre los 28 que se investigan en este juicio, nada más. Como si luego de 40 años de espera y 10 años de juicios pudiera pensarse que se trató de casos aislados. Como si esa segmentación y fragmentación de la historia pudiera negar el Genocidio de clase. Finalmente desde nuestra querella tomamos la palabra para explicar lo evidente. Como en cada juicio del que hemos sido parte, afirmamos que los hechos que acá se están juzgando fueron parte de un plan para la Argentina y Latinoamérica. No fueron “circunscriptos a la región” y es lo que desde esta querella y desde el CeProDH vamos a seguir insistiendo. La sala continuó llena, nadie se levantó, nadie fue desalojado.

José siguió con su relato, diciendo “Entonces, no hubo una Guerra ni Teoría de los dos Demonios, hubo un plan, un Genocidio de clase dirigido por Estados Unidos para imponer un plan económico y terminar con un gran ascenso obrero y estudiantil, por eso, como se ve en este juicio, están involucradas todos las fuerzas del Estado capitalista; las policías de Rio Negro y Neuquén, Policía Federal, Gendarmería, Ejercito. A nosotros nos corresponde seguir con la lucha que dieron aquellos compañeros y compañeras”

¿Quiere agregar algo más? Dijimos para terminar. Y José dijo a los jueces “Como ustedes quieren que hable de casos de la región, para terminar, quiero nombrar a cada uno de los desaparecidos de este juicio. Compañeros Celestino Aigo, Orlando Cancio, Jorge Dominguez, Horacio Girardello, Manuel Jesús González, Horacio Lara, Carlos Horacio Magariños, Rodolfo Marinoni, José Delineo Méndez, Juan Mateo Nieto, José Francisco Pichulmán, Miguel Angel Pincheira, Javier Seminario Ramos, Leticia Andrea Veraldi, y todos los compañeros desaparecidos de la región, ¡presentes! 30 mil compañeros desaparecidos ¡presentes! ”A pesar de ustedes, genocidas” concluyó en forma categórica José Montes, con la mirada fija en los imputados.

Rápidamente fue recibido en los abrazos de las Madres de Plaza de Mayo Inés Ragni y Lolín Rigoni; en un abrazo militante de un luchador como Oscar Ragni. La sala se llenó de cánticos y los jueces decidieron terminar la audiencia por ese día, aunque aguardaban testigos de las defensas.

Una parte de la tradición, de la historia del movimiento obrero, de aquélla generación de trabajadores y luchadores, quedó en esa sala y en todos los que estuvimos presentes en la audiencia. A pesar de los genocidas impunes. A pesar de los jueces que no quisieron escuchar.







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