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Red Internacional

El titular de la Unión Industrial Argentina y abogado de grandes empresas criticó la propuesta. No sorprende: cuando la dictadura eliminó las 6 horas de muchos convenios colectivos, era funcionario y representante patronal ante la OIT.

Miércoles 4 de agosto | 13:11

El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Funes de Rioja, criticó la iniciativa de reducir la jornada laboral que se empezó a discutir en las últimas semanas. Recordemos que el Frente de Izquierda Unidad lo ha convertido en uno de los ejes de su campaña, como una forma de atacar la desocupación y también la sobreocupación. Una diputada del Frente de Todos presentó un proyecto, más limitado, pero que tampoco le cayó bien.

Funes de Rioja no leyó la propuesta o quiso marcar la cancha de entrada, ya que aclaró que disminuir el día laboral “implicaría también proporcionalizar el salario, con su pertinente reducción”. En un país donde la mitad de quienes trabajan lo hacen por menos de lo que vale la “canasta de pobreza”, suena a provocación. La propuesta de la izquierda, lejos de una reducción, plantea que los salarios cubran como mínimo el valor de la canasta familiar.

Para el dirigente patronal “no hay experiencia internacional que permita afirmar su conveniencia u oportunidad”. Tampoco lee los diarios parece. En las últimas semanas llegaron a la Argentina noticias de las experiencias que se han llevado adelante en Islandia o Suecia, que demuestran la posibilidad de reducir la jornada (en horas o días). Claro que los gobiernos de esos países utilizan sus "ejemplos" para mostrar que “se puede aumentar la productividad” más que pensando cómo favorece a millones de personas ese tiempo libre.

Cuando le comentan eso de "aumentar la productividad” Funes se emociona, no importa cómo se consiga. Lo sabe como titular de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL). En los frigoríficos, ingenios o fábricas alimenticias, si hay algo que vienen denunciando sus trabajadores y trabajadoras son las jornadas agotadoras, con salarios miserables al lado de las ganancias empresarias.

Molesto con tanta insistencia, Funes dijo que cuál era su fórmula: “por el contrario, lo que Argentina necesita es más empleo, más producción, más productividad y empleabilidad. Esto no se resuelve repartiendo el trabajo formal que hoy existe, sino generando más y mejor trabajo, utilizando las nuevas tecnologías y la digitalización de la economía como vías para un desarrollo sustentable e inclusivo con trabajo registrado y socialmente protegido”.

¿Qué dice señor?

La realidad es que el avance de las nuevas tecnologías en los últimos años no ha derivado en “más y mejor trabajo” ni “más empleabilidad”. No lo decimos nosotros solamente. Según la OCDE, que agrupa a los países más ricos del mundo, el promedio de horas trabajadas no tuvo modificaciones significativas en los últimos 20 años. Pero además ha aumentado el trabajo informal, precario, sin registrar, alimentando por un lado la sobreocupación y por otro la desocupación y la subocupación no voluntaria.

En cambio, aprovechando esas nuevas tecnologías y repartiendo las horas entre todas las manos disponibles, la izquierda propone generar “más y mejor trabajo”: se terminaría la desocupación, se generaría trabajo “con derechos” y sueldos que cubran las necesidades de la familia trabajadora.

El tema lo abordamos el pasado domingo con un excelente dossier donde Pablo Anino y Esteban Mercatante analizan la propuesta y debaten con los pésimos argumentos "liberales".

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Para dejar clara su postura, Funes de Rioja dijo que “la organización de la producción y del trabajo es una facultad empresarial según la propia Ley de Contrato de Trabajo que se ajusta o adecua – en todo caso – en los contratos individuales o colectivos”.

La frase es todo un símbolo, no solo de su postura sino de su trayectoria. Como contamos en La Izquierda Diario, durante décadas Funes de Rioja se ha dedicado a atacar conquistas de los trabajadores. Durante la dictadura fue, además de funcionario, representante empresario ante la OIT (Organización Internacional del Trabajo). En esos años Videla y Martínez de Hoz destrozaron la Ley de Contrato de Trabajo, eliminando o modificando 123 artículos. Pero además atacaron los convenios colectivos de trabajo y conquistas sobre la jornada laboral que habían costado décadas de luchas y mártires. Se aumentaba de 6 a 8 horas diarias en telefónicos; en petroleros aumentaba una hora y se derogaba la insalubridad, también entre los mineros y trabajadores del subte; los choferes de colectivo volvían a trabajar “a destajo” y se eliminaba el descanso por vuelta; los albañiles perdían el derecho al descanso sábado a la tarde, domingos y feriados; se extendía la jornada de bancarios y empleados de comercio.

En eso hay que darle la razón a Funes de Rioja. Ellos se creen con el derecho de hacer sus ganancias aumentando la cantidad de trabajo que nos roban. Nosotros y nosotras creemos en el derecho de trabajar todos, trabajar menos, tener un sueldo para “vivir bien” y evitar la degradación de la clase que hace funcionar el mundo. No nos vamos a poner de acuerdo. El debate lo resolverá la lucha de la clase trabajadora.




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