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Red Internacional

Continúan los testimonios de sobrevivientes y familiares de detenidos desaparecidos en las brigadas que formaron parte del Circuito Camps. El centro clandestino "El Infierno" y la complicidad cívico eclesiástica, el común denominador de los relatos.

Sábado 21 de agosto | 01:26

En una nueva audiencia del juicio que lleva adelante el TOF 1 de La Plata contra 18 represores por los crímenes perpetrados en en las Brigadas de Quilmes, Banfield y Lanús, dieron su testimonio Jorge Barry y las hermanas Claudia y Patricia Congett.

Enrique y Juan Alejandro Barry

"Testifico en nombre de mis hermanos y los 30 mil desaparecidos", manifestó Jorge Barry, el primer testigo de la jornada quien declaró por el secuestro de sus hermanos Enrique, Juan Alejandro Barry y sus compañeras Susana Papic y Susana Mata, respectivamente.

Comenzó con una semblanza sobre el compromiso político de los miembros de la familia. “Éramos cuatro hermanos: yo, Juan Alejandro, Enrique Rodolfo y Juana. Criados en Adrogué y educados bajo un aprecio por la vida humana, la libertad y la libre determinación, como miles de jóvenes de la generación que represento. Cuando comenzamos la adolescencia, cursando en el Nacional de Adrogué y comenzamos a indagar en la historia, veníamos de una secuencia de dictaduras militares, comenzamos a releer la historia argentina, a entender un país que estaba despedazado por los intereses mercantiles de un sector minoritario amparado por un ejército. Fuimos creciendo en un compromiso de recuperación de un país que era de todos y no de algunos“

Relató que Juan Alejandro (o Jonny como le decían) fue secuestrado en 1974, en un bar donde se había reunido con otros miembros de la juventud peronista y su compañera, ya embarazada, fue detenida hacia fines del año. Ambos estuvieron en la Brigada de Investigaciones de Banfield. Ella terminó dando a luz en la cárcel de Olmos y su hermano quedó en la Unidad 9 de La Plata hasta su liberación en febrero de 1975. “Alejandrina nace el 19 de marzo”, mencionó. “Supe por ellos que habían sido torturados”, aclaró.

Ante las amenazas que recibían en su trabajo, Enrique -Henry- y Susana tomaron la decisión de comenzar a esconderse. En ese tiempo, nació su hijo Agustín. Llegado el golpe del 24 de marzo, Jorge dejó de verse con sus hermanos y familia.

Hacia octubre de ese año, la casa donde residía Jorge junto a su familia fue asaltada por una patota de entre 6 y 8 personas. Hubo un fuerte operativo en el barrio, que incluyó simulacros de fusilamiento. “El 23 de octubre golpean brutalmente la puerta. Abro y me ponen en la frente una pistola, entra una patota infernal. El operativo montado en los alrededores, relatados por mis vecinos, era brutal", recordó. “Me preguntaban por Enrique”, contó, y dio cuenta que entonces entendió que algo había pasado con su hermano Enrique. Tuvo una última comunicación con Susana Papic, quien le comunicó luego que Henry estaba desaparecido. Hacia fines de diciembre, Agustín, que era un bebé, apareció tirado en las escalinatas de Casa Cuna. Pude identificarlo por una voluntaria conocida de Adrogué y lo llevó con su abuela materna.

Durante su contundente y emotivo testimonio, brindó detalles que consideró son muestras de la complicidad civil y religiosa con la dictadura. Fue a visitar a Monseñor Graselli a la parroquia Stella Maris, lugar donde funcionaba la Vicaría Castrense y por donde pasan miles de familiares buscando algún tipo de información. La respuesta del religioso fue contundente: "Ya está con Dios".

En relación a Juan Alejandro y Susana Mata, supo por la prensa que fueron asesinados por un grupo de tareas, en el marco del Plan Cóndor, en Uruguay. "Hubo una feroz campaña de desprestigio desde la prensa, más específicamente desde Editorial Atlántida, hacia los padres de Alejandrina. Estos canallas de los medios armaron una campaña con una menor. Mi sobrina Alejandrina fue muy querida, fue el sueño de darle un mundo mejor. Fueron asesinados y reprimidos en su lucha contra una cruel dictadura, con lo cual, como los 30 mil, tuvieron un valor increíble”, expuso con suma emoción. Cabe recordar la operación de prensa que montaron con su sobrina Alejandrina Barry (referente de derechos humanos y precandidata del Frente de Izquierda) como víctima para justificar la represión.

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En el año 2016, fue contactado por el Municipio de Avellaneda, en el marco de la señalización de El Infierno y por testimonios se enteró que su hermano Enrique estuvo detenido allí. “Nilda Eloy me lo confirma, es la última noticia que tengo y puedo dar certeza que estuvo ahí detenido”, mencionó.

“Quiero terminar rindiendo un homenaje, en nombre de mis hermanos, a los 30 mil desaparecidos de esta última dictadura militar, a las víctimas del bombardeo de Plaza de Mayo, a los fusilados y a todo el pueblo argentino que resistió una dictadura feroz. Estamos dolidos pero orgullosos de dos hermanos que enfrentaron todo, arriesgando su vida. Dejaron todo en la lucha contra la dictadura”, concluyó.

Jorge Congett, "el abuelo"

Claudia y Patricia dieron testimonio por su padre, Jorge Luis Congett.
Trabajó en la CGT de los Argentinos cuando conoció a su compañera. Ambos se salvaron del bombardeo a Plaza de Mayo. Posteriormente comenzó a trabajar en el Municipio de La Matanza, allí la pareja tuvo una militancia más activa. Congett formó parte de la Juventud Trabajadora Peronista y, según el testimonio de Claudia, una parte formó parte de Montoneros mientras que su padre fundó el Partido Auténtico de La Matanza. “Empiezan a trabajar en villas y asentamientos, para lograr que la gente tenga una calidad de vida un poco mejor”.

Recordó como su "último recuerdo feliz", el festejo de su sexto cumpleaños. Su padre llenó la casa de guirnaldas y chicos del barrio. “Me hizo el mejor cumpleaños”, sostuvo. Días después, el 20 de noviembre de 1976 fue secuestrado Jorge y comenzó la búsqueda. "Ver a mi mamá y mi hermana de 17 años arrodilladas contra la pared fue una locura". Recordó que el 24 de marzo de 1977 los represores volvieron a su casa. “Nos robaron todo, nos destruyeron la casa y se fueron, no sin antes decirle a mi mamá que iban a venir a reventarnos la casa las veces que quisieran”.

El mismo recorrido de miles de familiares: comisarías, juzgados, hospitales, morgues y las largas colas en la Vicaría Castrense para ver a Graselli. "tengo recuerdos de esta muy solas, fueron años de mucha tristeza y soledad", afirmó Claudia con dolor.

En 2011 junto a otros hijas se acercaron a la DIPBA. Allí conocen a Nilda Eloy, quien le confirmó haber estado con su padre en El Infierno. "Nilda recordó la llegada de un grupo de trabajadores de zona oeste. No conocí persona más amorosa y solidaria que Nilda". Ese mismo años formaron Hijos La Matanza.

"Nos dedicamos a homenajear a los compañeros desaparecidos, a buscar su historia, pedimos en común la desafectación de la Brigada de San Justo, que no lo logramos, pero sí participamos en Avellaneda de la desafectación de la Brigada de Lanús y la inauguración del Centro de Memoria”.

“Mi padre me faltó en las alegrías y mis penas, como el nacimiento de mis seis hijos, cuando me recibí, empecé la escuela. Mi viejo fue un héroe y lo que les quiero pedir a los jueces es que no lo desaparezcan de nuevo, le decían ´abuelo´ pero se llamaba Jorge Luis Congett", finalizó Claudia. Por su parte, Patricia hizo un agradecimiento especial a los detenidos que sobrevivieron y pudieron contarle a los familiares qué pasó con los suyos.

“Queremos saber están los restos de nuestro padre", advirtió al tiempo que volvió a pedir la identificación de restos en los cementerios de Villegas y Avellaneda. “Sigo pidiendo que por favor se determine qué pasó con el sector 134, donde había restos y se construyó luego -al lado- un mausoleo de la Policía”.

Seguí la cobertura del juicio




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