Géneros y Sexualidades

TRIBUNA ABIERTA

Integrismo católico en la UNCuyo

La universidad democrática y laica le abre sus puertas a los sectores confesionales e integristas. El anuncio de las Jornadas Interdisciplinarias sobre la Persona por Nacer organizadas por el Área de Histología y Embriología de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCuyo y el Centro de Bioética, Persona y Familia en el Auditorio “Gustavo Kent” del Hospital Universitario, permite reflexionar brevemente sobre un nuevo avance del integrismo católico en los espacios laicos.

Carlos Lombardi

Abogado de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina y la Rete L'Abuso, Associazione italiana vittime di preti pedofili, Italia

Viernes 8 de mayo de 2015 | Edición del día

En efecto, uno de los organizadores – el Centro de Bioética, Persona y Familia – es una organización integrista católica que tiene entre sus objetivos de acción ciudadana “tener una permanente presencia en el ámbito propio de los legisladores, facilitándoles material científico, acompañándolos y apoyándolos en su tarea y nucleando a aquellos dispuestos a promover la vida, el matrimonio y la familia desde la legislación, a fin de detener el avance de determinados proyectos de ley y procurar la sanción de otros” (centrodebioetica.org/.../nuevas-jornadas-interdisciplinarias-sobre-la-pers...).
Lo resaltado no es un dato menor.

Conforme Umberto Eco, el integrismo religioso trabaja incansablemente para que sus postulados, dogmas y doctrinas sean el molde de la vida social, política y cultural de los estados, y fuente de las leyes. De modo que los contenidos a exponer en las Jornadas se nutren de la ideología integrista, la misma con la que hicieron lobby en el Congreso de la Nación para impedir la sanción de leyes laicas como el matrimonio igualitario, identidad de género, fertilización asistida, y el año pasado, el nuevo Código Civil en los artículos que contrariaban su ideología.

El problema

Ceder un espacio de la universidad pública y laica para la realización de una Jornada no sería un problema. Pero sí lo es cuando uno de los organizadores tiene entre sus objetivos militar en contra de la pluralidad, diversidad, igualdad, e inclusión social, avasallando sin tapujos derechos humanos de las mujeres consagrados en instrumentos internacionales - con jerarquía constitucional - que nuestro país ha suscripto. Ese es el punto, y la torpeza (y gravedad), de la decisión de las autoridades universitarias.

Lo que se pasa por alto

El aval universitario a las Jornadas pasa por alto, nada más y nada menos, que el último fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación recaído en el caso “F.A.L. s/ Medida Autosatisfactiva”, donde el máximo Tribunal de la Nación interpretó el art. 86 del Código Penal a fin de zanjar de una buena vez un problema como el aborto no punible que no debe judicializarse por estar aceptado desde 1921.

Pasa por alto, también, a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en su art. 4.1, que otorga margen a la opción de las mujeres a decidir sobre su cuerpo (la expresión «en general», contenida en al artículo, permite compatibilizar el derecho a la vida con la legislación que despenaliza el aborto); la Convención sobre los Derechos del Niño cuyo art. 6 no menciona a la concepción como comienzo de la vida; y la Constitución Nacional en su art. 75 inc. 23 que puede adecuarse a futura legislación que regule la interrupción voluntaria del embarazo.

Es decir, sin ningún tipo de miramientos, se desconocen derechos humanos que legítimamente les corresponden a las mujeres en nuestro país y que – paradójicamente – la universidad pública y laica debe propugnar y defender.

Deuda con la laicidad

Este “paso atrás” de las autoridades de la UNCuyo en materia de laicidad permite recordar lo que Fernando Savater sostenía: “La laicidad del Estado democrático se establece sobre el principio de que la legitimación de las instituciones no necesita ni acepta una justificación teocrática sino que se basa en un fundamento cívico, la voluntad libremente expresada, contrastada y medida de los ciudadanos” (La vida eterna, Ariel, Barcelona, 2007, p. 144).

Es de esperar que las referidas autoridades, a partir de ahora, abran espacios para escuchar otras voces, las que no pretenden imponer modelos sociales perimidos, aplicados en épocas como la última dictadura militar, sino inclusivos, plurales y sobre todo, respetuosos de los derechos humanos de las mujeres.

Abog. Carlos Lombardi
Prof. de Derecho Constitucional
Facultad de Derecho, UNCuyo







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