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Red Internacional

Los que quedan al costado del camino. La pérdida de fe en el mercado “autorregulado”. Un mundo cruel con ricos más ricos. Ya está el newsletter de Economía de La Izquierda Diario y El Círculo Rojo.

Pablo Anino@PabloAnino

Miércoles 14 de abril | 08:05

No sé si te llamó la atención, pero a mí me resultó una novedad escuchar que el FMI, la ONU y la secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, Janet Yellen, tal como si fueran una orquesta sinfónica, instalaran la idea de establecer impuestos a las corporaciones y a la riqueza.

Es cierto que los organismos multilaterales, creados a imagen y semejanza de las necesidades de las potencias imperialistas, siempre encubren sus objetivos en favor de los poderosos del mundo bajo bellos discursos que atienden principios de corrección política.

El FMI en Argentina hundió a millones de mujeres en la pobreza con la “perspectiva de género” de la que se jactaba portadora la extitular del FMI, Christine Lagarde. Existe un manual no escrito que indica que no pueden confesar sus objetivos espurios.

Pero el nuevo giro discursivo parece ir más allá del misericordioso espíritu de hablar en nombre de principios humanitarios generales, aunque en la realidad se promueva todo lo contrario.

La novedad es que luego de años de repetir el dogma neoliberal sobre la inexorable racionalidad de bajar impuestos, de las maravillas de reducir el gasto en favor de la salud de las cuentas públicas, de garantizar las reglas de juego para que las empresas hagan lo que quieran, algo parece preocupar al FMI, la ONU y a Yellen: el estado de salud del capitalismo.

Al Fondo ¿a la izquierda?

El ultimo Monitor Fiscal del FMI destaca los números del déficit presupuestario a escala planetaria: en 2020 se ubicó en el 11,7 % del PIB en las economías avanzadas, en el 9,8% en las economías llamadas emergentes y en el 5,5 % en los países denominados en desarrollo de bajo ingreso (en realidad, en términos marxistas, las dos últimas categorías comprenden países dependientes o semi coloniales). Son números alarmantes si no existiera el “detalle” del Covid.

Esta situación elevó la deuda pública mundial a un nivel equivalente al 97 % del PIB durante el año pasado. Y la llevaría al 100 % en el 2021. Esta montaña de deuda de los estados no estalla gracias a las bajas tasas de interés que promueven los principales bancos centrales del mundo, empezando por la FED de los Estados Unidos. Pero existe un peligro latente para la economía mundial. Principalmente, para las economías emergentes.

En este contexto complejo el FMI indica que “las economías avanzadas pueden incrementar la progresividad de la tributación del ingreso y aumentar el recurso a impuestos sobre sucesiones/donaciones y la tributación inmobiliaria. También pueden considerarse contribuciones para la recuperación de la COVID-19 e impuestos sobre beneficios empresariales «excesivos». Pueden plantearse también impuestos sobre el patrimonio si las medidas anteriores no son suficientes. Las economías de mercados emergentes y en desarrollo deben centrarse en fortalecer la capacidad tributaria para financiar más gasto social”.

Si no fuera la letra del Fondo la que llama a establecer esta batería de impuestos, los “espíritus animales” de los dueños de todo no dudarían en calificar a las propuestas de “expropiatorias”. Y hasta llamarían a la rebeldía fiscal: algo que amagaron hacer algunos de los más ricos de la Argentina frente al tímido “aporte solidario” que votó el Congreso.

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