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Red Internacional
La Izquierda Diario

Texto de la exposición presentada por el historiador Gabriel García Higueras en el homenaje internacional a Esteban Volkov en su 95 aniversario de vida, transmitido por el Museo Casa de León Trotsky el 11 de marzo de 2021.

Sábado 13 de marzo | Edición del día

Foto: Esteban Volkov y Gabriel García Higueras, agosto de 2010.

Agradezco la feliz iniciativa de Gabriela Pérez Noriega, directora jurídica del Museo Casa de León Trotsky, por haber organizado este merecido homenaje a Esteban Volkov en su calidad de testigo y participante de la historia, combatiente por la memoria de Trotsky, defensor de la verdad histórica y custodio de la última morada de su abuelo. Pero este evento es, sobre todo, un homenaje al generoso amigo.

Quizá como la mayoría de ustedes, me informé de la existencia de Esteban leyendo el tercer tomo de la biografía escrita por Isaac Deutscher. Algo que por entonces me admiró fue saber cómo las vicisitudes de la agitada vida de Trotsky afectaron dramáticamente la existencia de su familia, incluyendo la del pequeño Sieva, quien, a causa de ello y tras su salida de Rusia, vivió en cinco países. Al llegar a Coyoacán y reencontrarse con sus abuelos, en 1939, dejó atrás –según sus propias palabras– “años de soledad y orfandad”. Es así como pasó a integrar “una gran familia” y formar parte de “un mundo de amistad, fraternidad y calor humano”, como lo ha descrito, y convertirse en testigo de excepción del último año de vida del “profeta en el exilio”.

Hacia mediados de la década de 1980, leyendo el penúltimo capítulo de la biografía de Trotsky, escrita por el inglés Robert Payne [1], supe que Sieva se había casado, era padre de cuatro hijas y que aún vivía en la casa de Coyoacán (al final del libro se publicaba un plano de la casa de Trotsky y ahí se indicaba que él y su familia ocupaban el edificio donde antaño se encontraban las habitaciones de los guardias).

Transcurrieron varios años y, en mayo de 1989, mientras acontecía en la Unión Soviética la perestroika y la apertura informativa, asistí a la Embajada soviética en Lima para solicitar la dirección en Moscú del Instituto del Marxismo Leninismo. (Yo había escrito una carta a su director, Georgui Smirnov, fundamentando la necesidad de la reintegración de Trotsky a la historia y rebatiendo falsedades acerca de su trayectoria política en la historia oficial).Y encontrándome en la sala de espera para ser atendido por un funcionario, vi en una mesa varios números del semanario Novedades de Moscú. En un ejemplar correspondiente a febrero de 1989, encontré una entrevista a Esteban, publicada a toda página con el título “Vieja casa en Coyoacán” [2]. Y en éste el personaje entrevistado compartía sus recuerdos sobre Trotsky, ofrecía detalles del primer atentado contra la vida de su abuelo, en mayo de 1940, y sobre su asesinato ocurrido tres meses después. Y anunciaba que había redactado una carta, firmada por él y sus hijas, dirigida al Tribunal Supremo de la URSS, solicitando el retiro de los falsos cargos con que se acusó a Trotsky en los Procesos de Moscú. ¡Que una noticia como ésta se diera a conocer en un semanario soviético de tanta circulación era revelador del avance que venía cobrando la glasnost tras décadas de mentiras y silencio! Por otra parte, fue gracias a esa publicación que una hermana de Esteban por el lado paterno, Zinaída Vólkova, escribió a ese semanario y dio a conocer su historia de vida y la de su familia [3]. Huelga decir que hasta ese momento él no sabía de su existencia.

Inmediatamente después de leer las declaraciones de Esteban, publicadas en Moscú, decidí contactarlo y darle a conocer el trabajo que había emprendido.

Fue el periodista peruano Ismael Frías quien me proporcionó la dirección de la casa de la calle Viena. Ismael había sido trotskista en su juventud, fue deportado a México por la dictadura de Odría, se convirtió en secretario de Natalia Sedova y vivió en su casa entre 1953 y 1955.

Le escribí a Esteban en junio de 1989 y, en el último mes de ese año, recibí con alegría una carta suya fechada el 18 de noviembre. Se trataba de una misiva muy atenta, escrita a máquina, en la que me informaba, entre otras cosas, de la gira que había realizado de costa a costa por varias ciudades de los Estados Unidos, participando en seminarios universitarios y actos públicos encaminados a reforzar el proceso de rehabilitación histórica de Trotsky en la Unión Soviética y conseguir la publicación de sus obras en ese país. Me contaba que, entre los expositores que participaron en esa gira, se encontraban Pierre Broué y Nadezhda Joffe, hija de Adolf Joffe, diplomático bolchevique y miembro de la Oposición de Izquierda.

Fue así como se inició nuestra amistad. Al año siguiente, en agosto de 1990, pude conocerlo (como también a su esposa Palmira y a dos de sus hijas y nietos), pues con gran generosidad me invitó a participar en un coloquio internacional con motivo del cincuentenario de la muerte de su abuelo, evento que duró cinco días. Para esa conmemoración la casa de Trotsky fue restaurada y convertida oficialmente en museo, y se creó el Instituto del Derecho de Asilo y las Libertades Públicas. En el coloquio internacional –del que Esteban fue uno de los organizadores–, participaron, por ejemplo, Pierre Broué, Ernest Mandel, Marguerite Bonnet, Vlady Kibalchich, Adolfo Sánchez Vázquez, Octavio Fernández, entre otros invitados. Además, fue en ese evento donde conocí a Suzi Weissman y a Manuel Aguilar Mora, que fueron ponentes, y que ahora nos acompañan en esta mesa.

Conviene recordar que, además del evento de México, se realizaron en 1990 coloquios internacionales sobre Trotsky en Alemania, Brasil y Japón, y en todos ellos se solicitó reiteradamente la presencia del nieto de Trotsky.

Esteban Volkov en el estudio de su casa, agosto de 2012 (Foto: Gabriel García Higueras)
Esteban Volkov en el estudio de su casa, agosto de 2012 (Foto: Gabriel García Higueras)

Le estaré eternamente agradecido a Esteban porque aquella experiencia en México terminó de definir mi vocación. Teniendo claro que me dedicaría al estudio de la vida y la obra de Trotsky desde el campo de la historia, decidí formarme académicamente como historiador. Y mi primer libro, dedicado a Trotsky y publicado en Lima en 2005, contó con el generoso prólogo de Esteban. Después de ello han sido muchas las veces que nos hemos reunido en México, siempre en homenajes a su abuelo. En tales encuentros, me ha aportado valiosísimas informaciones de primera mano que resultaron fundamentales, por ejemplo, para que pudiera escribir la Guía del Museo Casa de León Trotsky; además de disfrutar de sus curiosas y entretenidas anécdotas, y haber departido con él en la soleada Cuernavaca, en febrero de 2018.

Como es sabido, Esteban ha ofrecido en las últimas décadas innumerables entrevistas a medios escritos, televisivos y radiales y ha participado en un sinfín de documentales sobre su abuelo, además de prologar varios de sus libros. Pero es menos conocido el hecho de que su primer relato sobre los últimos días de Trotsky se publicó en México en la revista Contenido, en 1970 [4]. Hasta entonces él no había dado a la luz pública sus recuerdos; había rechazado numerosas solicitudes de entrevistas y declaraciones, pero decidió romper su silencio en el artículo que tituló “Mi abuelo, México y yo”, en el que ofreció un relato vívido, de tono vibrante, escrito con elegancia. Ese texto lo firmaba como Esteban Sedov, claramente con el fin de mantener en reserva su identidad. Fue en la década de 1980 cuando comenzó a conceder entrevistas a diversos medios de comunicación y también a investigadores (un ejemplo de esto es una interesante entrevista de 1980 que, recientemente, fue rescatada del archivo audiovisual de Televisa y que se ha publicado en Youtube).

Hace quince años le pregunté por qué no se animaba a escribir sus memorias, y me respondió que se hallaba trabajando en ello. Ojalá que si aún no las ha concluido, lo pueda hacer pronto y nos ofrezca el gran obsequio de publicarlas.

Otro aspecto que quisiera destacar de su recorrido vital es su actividad como ingeniero químico. Luego de estudiar en la Escuela Nacional de Ciencias Químicas de la UNAM, y gracias a su amigo Luis Miramontes, ingresó a los laboratorios Syntex, en un inicio como pasante. Más tarde como químico contratado, asumió el cargo de jefe de laboratorio. Syntex devino en una industria química especializada en la producción de anticonceptivos orales, campo en el que estuvo a la vanguardia. En una entrevista que le hice en agosto de 2006, refiriéndose a esta experiencia laboral, Esteban declaró: “Creo que pocos químicos, pocos científicos han tenido la suerte que tuvimos de haber trabajado en ese campo, porque era un campo nuevo, en desarrollo, con gran empuje y con todos los recursos disponibles”. Y agregaba: “Fue una experiencia extraordinaria. Éramos la avanzada de la química orgánica de ese tiempo en el mundo. Syntex fue una maravillosa universidad, escuela de aprendizaje y de experiencia”.

Y ya para finalizar, no quiero dejar pasar la oportunidad en este homenaje para recordar una faceta poco conocida de Esteban: su gran afición a la fotografía. Cierta vez me mostró en su casa una colección de fotos que había captado a lo largo de su vida en diferentes viajes. Se trata de fotos de innegable calidad estética. Hay imágenes que capturan lugares y paisajes de la rica y variada geografía mexicana. Sería muy acertado –y ésta es una sugerencia– que una selección de esas fotografías pueda ser expuesta en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo, cuando las circunstancias lo permitan.

Sólo me resta renovar mi profunda gratitud a Esteban por su generosidad, por la amistad con que me ha honrado en los 32 años transcurridos, y a la vez poder expresarle nuestro reconocimiento y admiración por habernos recordado de modo fidedigno un episodio sustantivo en que la historia universal confluyó con la historia mexicana, y por ser el continuador de la obra de su abuelo en la tarea de restituir una memoria histórica –preterida por el estalinismo– y legarla a las nuevas generaciones.

¡Felicidades, Esteban, en tu 95 aniversario de vida plena, deseando que te mantengas siempre gozando de buena salud como hasta hoy!

Esteban Volkov, agosto de 2010 (Foto: Gabriel García Higueras)
Esteban Volkov, agosto de 2010 (Foto: Gabriel García Higueras)

[1Robert Payne, The Life and Death of Trotsky, Nueva York, McGraw-Hill, 1977.

[2Mijaíl Beliat, “Vieja casa en Coyoacán”, Novedades de Moscú, Número 8, febrero 1989, p.15.

[3Zinaída Vólkova, “Ustedes me infundieron esperanzas”, Novedades de Moscú, n.º 38, septiembre 1989, p. 4

[4Esteban Sedov, “Mi abuelo, México y yo”, Contenido, n.º 90, noviembre 1970, pp. 60-74.





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