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Red Internacional

Los antecedentes de la empresa australiana. La falta de detalles importantes. Columna de economía de El Círculo Rojo, un programa de La Izquierda Diario en Radio Con Vos, 89.9. En texto y audio.

Pablo Anino@PabloAnino

Viernes 5 de noviembre | 10:30
  • El Gobierno participó esta semana en Glasgow de la cumbre del COP26 sobre el cambio climático.
  • Esa cumbre fue la oportunidad para que Alberto Fernández anuncie una inversión de la empresa australiana Fortescue por U$S 8.400 millones de dólares para producir hidrógeno verde en Sierra Grande, provincia de Río Negro.
  • ¿Qué dijo Alberto Fernández? Que “el hidrógeno verde es uno de los combustibles del futuro y nos llena de orgullo que sea la Argentina uno de los países que esté a la vanguardia de la transición ecológica”.
  • ¿Pero es cierto que Argentina está a la vanguardia de la transición ecológica? Veamos primero quién es Fortescue Metal Group, la empresa que es propiedad del magnate australiano Andrew Forrest.
  • Se trata de una empresa minera que ocupa el cuarto lugar en el mundo en la extracción del mineral de hierro, que tiene métodos que dañan el ambiente como toda la megaminería.
  • La empresa concentra sus operaciones en Australia en la producción de metal de hierro, donde acaba de reconocer que destruyó parte de sitios sagrados de la comunidad originaria Wintawari Guruma.
  • Pero desde 2017 Fortescue inició un proceso de expansión hacia Sudamérica, para lo cual utiliza personalidades locales como cara visible para sus negocios.
  • Es así como entró en escena el ex Puma, Agustín Pichot, actual presidente para la Región Latinoamérica y quien estuvo en la foto del anuncio de la inversión en Glasgow.
  • A través de Fortescue Future Investment, la compañía se orientó en los últimos años a la construcción de infraestructura para la producción y transporte de hidrógeno verde, lo cual tiene impacto ambiental. De hecho, tiene denuncias en la República Democrática del Congo donde impulsa uno de estos proyectos.
  • La empresa incluso pretende etiquetar la industria del acero como "acero verde", utilizando "hidrógeno verde" como combustible para la producción.
  • Es una práctica común que las empresas multinacionales se apropien del discurso verde para seguir destruyendo el planeta en función de agrandar sus ganancias.
  • El anuncio de la inversión fue grandilocuente: se dijo que Argentina fue uno de los cinco países seleccionados entre 150 que aspiraban a recibir la inversión; que la inversión será la más importante para el país de los últimos veinte años. Además, se habló de la generación de 15 mil empleos directos y por lo menos otros 40 mil empleos indirectos.
  • No obstante, el anuncio careció de precisiones en aspectos fundamentales. Recopilo algunas preguntas que formuló Juan Duarte en un muy interesante artículo de La Izquierda Diario.
  • No se sabe de dónde saldría el agua para producir el hidrógeno. Esto es central porque la producción consume una cantidad considerable para zonas donde es un recurso escaso.
  • Otra incógnita es cuál será el destino de la energía: todo indica que fundamentalmente irá para la exportación. De hecho, en el anuncio se destacó que la exportación se vería beneficiada por los derechos de exportación de Australia.
  • De ser así, en todo caso (y en esto también habría que tener una actitud dudosa) Argentina contribuiría a la transición energética de Australia no a la de nuestro país. O la de países imperialistas, como Alemania, donde opera Fortescue.
  • Es decir, se reproduce la matriz de un país atrasado y dependiente que en la división internacional del trabajo provee commodities a las potencias centrales: en este caso, se enviará al exterior la energía generada por los vientos patagónicos.
  • Hay más incógnitas. ¿Cuál será la forma de transportar de manera segura el hidrógeno, que es altamente inflamable? ¿O si habrá obras asociadas a la inversión como virtuales represas para generar energía o incluso explotación de mineral de hierro en Sierra Grande?
  • La inversión fue gestionada por el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas. Recordemos, es el mismo ministro que impulsa la megaminería contaminante, que tiene varios focos de conflicto, y no logra avanzar en Mendoza y Chubut, como quisiera el oficialismo, por la movilización popular de rechazo.
  • Pero, el gobierno además impulsa el fracking en Vaca Muerta con subsidios millonarios a empresas como Techint. Esto no solo provoca sismos en la zona de extracción, sino que el uso de los combustibles fósiles es lo que se quiere reducir para limitar la emisión de carbono.
  • Hay más. Recientemente, el oficialismo anunció el impulso de una ley de fomento de la agroindustria, que en Argentina conlleva a una deforestación gigantesca, lo cual contribuye al calentamiento global.
  • ¿Con qué objetivo impulsa el gobierno todas estas actividades con alto impacto en el ambiente? Con el objetivo de generar dólares para pagar la deuda.
  • Mientras esto ocurre, el presidente Alberto Fernández postuló en la cumbre del cambio climático a la Argentina como vanguardia en la transición energética ¿Por qué lo hizo? Con la ilusión de dialogar con la “ola verde” que impulsa Joe Biden y generar empatía para conseguir facilidades en el pago de la deuda.
  • Es decir, que el gobierno se postula alternativamente como vanguardia en la lucha contra el cambio climático, como en Glasgow, o como todo lo contrario, como en Vaca Muerta, en la agroindustria o con las megagra|njas de cerdos.
  • Esta aparente paradoja, en verdad, reconoce una gran coherencia: la de honrar, a como dé lugar, la fraudulenta deuda externa.
  • Deuda que es el virus que tiene a la Argentina hace décadas en una transición, no energética, sino hacia una degradación social inédita.



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