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Hay una nueva She-Ra y es más feminista que la original

La nueva versión ya va por la tercera temporada. Activismo LGTBQ en los dibujitos animados.

Tomás Eliaschev

Periodista | @TomasEliaschev

Martes 24 de septiembre | 14:20

Quienes sean fanáticos de los dibujitos animados y/o nostálgicos de los ’80, seguramente recordaran a la hermana gemela de He-Man, igualmente rubia aunque bastante más perspicaz.

En lugar de montar un tigre, su animal era un unicornio con alas de arcoíris. En su momento, fue una novedad que una serie infantil de aventuras fuera protagonizada por una mujer y tuviera muchos otros personajes femeninos. En estos días, hay una nueva versión, llena de novedades pero también de guiños a la original. Es She-Ra y las Princesas del Poder y acaba de ganar el premio a la “serie animada más excepcional” en los “premio Emmy gays” que organiza Autostraddle , una publicación de referencia en el activismo LGTBQ de los Estados Unidos.

La serie original de She-Ra ya se había ganado un lugar en el podio de los íconos feministas y de la cultura gay. Recordemos su nacimiento: primero fueron He-Man y los Amos del Universo, un dibujito de aventuras de estética medieval-futurista que fue creado como una publicidad para una línea de muñecos estilo Conan el bárbaro, con los que la compañía juguetera Mattel salió a competir a otros juguetes “de niño” de la época, como los de la Guerra de las Galaxias.

Según relata el documental The Toys that made us, a raíz de que el 20 por ciento de quienes veían los dibujitos de He-Man eras niñas decidieron salir a buscar a esa porción del mercado con una opción distinta a las Barbies. Así fue que lanzaron un nuevo personaje: She-Ra. En las jugueterías –estereotipos de género mediante- no sabían si exhibirla junto a los Transformers y G.I.Joe, o junto a la blonda insignia de Mattel.

En 1985 se estrenó la película She-Ra, la princesa del poder y a partir de ahí fueron 93 capítulos que se trasmitieron hasta 1987. La protagonista, Adora, es apropiada por el líder de las Fuerzas Malignas, Hordak, y su ladera, Shadow Weaver (Teje Sombras), quienes la crían como a un soldado, sin revelarle su identidad. Cuando conoce a He-Man, se da cuenta de quién es y de las injusticias que comenten las tropas invasoras. Al encontrarse con una espada y levantarla “por el honor de Grayskull”, se transforma en She-Ra, una princesa guerrera mítica. Así, se suma a la gran rebelión de Etheria (su colorido planeta) en donde practica tácticas guerrilleras en el Bosque de los Susurros contra las fuerzas hordianas y se convierte en un factor de unidad y combatividad en contra del ejército invasor.

La nueva serie es un reboot, literalmente un reinicio: se mantienen los personajes así como el color de sus atuendos, pero cambia totalmente la historia y la personalidad de los personajes. Es una producción Dreamworks Animation Television, con trabajo terciarizado en el estudio surcoreano NE4U. Se estrenó en Netflix en noviembre del año pasado. En agosto salió la tercera temporada. Para fin de año se espera que presenten más capítulos. Es decir, todo un éxito, pese a las críticas que lanzaron algunos fanáticos con un discurso misógino que no podían aceptar el nuevo cuerpo de She-Ra. Y que ya no use más una minifalda. Ahora tiene shorts y un cuerpo distinto. La variedad de formas, tamaños y colores es la norma de los personajes, que tienen una personalidad mucho más compleja. Hasta el momento su forzudo hermano, nunca fue mencionado: She-Ra se da cuenta de que está del bando equivocado sin necesidad de ningún hombre. No es “la” princesa, sino que ahora son las princesas. Y ya no hay más bajada de línea moral al final de cada episodio.

Las dos versiones superan con creces el Test de Bechdel, que nació de un comic de Allison Bechdel en 1985 (el mismo año en que nacía She-Ra): la historia tiene que tener al menos dos personajes mujeres que tengan nombre propio y que hablen entre ellas de algo que no sea un hombre. La nueva She-Ra también supera pruebas más novedosas, como la que plantea la activista y directora Rachel Feldman, en donde suman puntos las películas con mujeres en puestos claves de dirección y en el elenco, y con contenidos que no sean sexistas. Seguramente las situaciones de mayor desigualdad se producen entre lo que cobran los animadores surcoreanos y sus colegas estadounidenses, quienes a su vez sufren la precarización ya que la mayoría de los animadores trabajan de forma free lance.

La creadora de la serie es Noelle Stevenson, que no había nacido cuando se estrenó la original. Viene de brillar con dos novelas gráficas (Nimona y Lumberjanes), de realizar comics como Thor de Marvell y de participar en los dibujitos Galaxia Wander y Hora de Aventura. Armó un equipo donde hay muchas mujeres en lugares claves, como en la escritura de los guiones. Entre las principales voces, sólo una es masculina. Es el arquero Bow, el del enorme corazón en su pecho, que en la nueva versión viene de una familia homoparental y es afrodescendiente. La relación entre Adora y su ex amiga y luego némesis, Catra, es ambigua, de amor y odio. A su vez, la princesa Skorpia, está perdidamente enamorada de Catra. Las princesas Spinnerella y Netossa tienen un amor correspondido y son abiertamente pareja. En la tercera temporada se sumó el personaje de Huntara, claramente no binaria, cuya voz en inglés la hace la actriz y activista Geena Davis, que actuó en Thelma and Louise.

En varias entrevistas, Stevenson recalca que entre sus influencias están los dibujantes Jean Giraoud, alias Moebius, y Roger Dean, que entre otras cosas se hizo conocido por hacer los posters del grupo de rock progresivo Yes.
También destaca la influencia del director japonés Hayao Miyazaki, especialmente por Nausicaa del valle del viento, una película animada de 1984 protagonizada por una princesa defensora del medio ambiente que rechaza una invasión de una potencia imperialista que quiere aniquilar un mundo entero. Otra inspiración fundamental es un dibujito que vio mientras estudiaba: El Avatar, el último maestro aire. Todas estas influencias le dan a la nueva She-Ra una estética renovada, pese a que no pierde el lastre de la idolatría a las monarquías.

Stevenson, según cuenta, creció en un “ambiente conservador”, en donde sólo la dejaban ver El Príncipe de Egipto, y, curiosamente, también Scooby-Doo, según contó a Animation Magazine. En otra nota, contó al sitio Pride por qué de su activismo en los dibujitos animados. “Cuando era chica, no conocía ninguna persona gay y no tenía ningún acceso a ninguna representación en los medios de gays, mucho menos una representación positiva. El resultado fue claro: ser gay no era una opción. Una vez que me hice un poco mayor, el contenido gay siempre era algo ‘adulto’ y ‘problemático’, y los personajes siempre terminaban muertos. Pero recuerdo la primera vez que vi un personaje gay y pensé ‘creo que soy yo’. Fue transformador. Entonces, de mi parte, quiero darle a personas queer que vean la serie, especialmente a las más jóvenes, su propia percepción de ser vistas, de tener la posibilidad de imaginarse un futuro positivo para ellxs y para un mundo al que pertenezcan. Y para quienes no sean queer, que puedan verlo como algo normal y positivo”, dijo la artista, que se casó el pasado fin de semana. Gracias a las fotos que publicó en las redes sociales, podemos ver que uno de los regalos más preciados fue una espada. Los juguetes no tienen más género.

Para saber más sobre She-Ra podés escuchar la columna en Pasaron Cosas

https://open.spotify.com/episode/73ygR5IyZy8agiV260XrVA?replay=1







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