Economía

MITOS ECONÓMICOS

¿Hay que pagarle a los buitres?

Los asesores económicos de Scioli, Macri y Massa plantean que conseguir inversiones tiene como requisito arreglar con los buitres ¿Es verdaderamente inexorable aceptar el chantaje de los especuladores?

Pablo Anino

@PabloAnino

Jueves 22 de octubre de 2015 | 17:16

Esta semana en LID iniciamos un debate sobre los mitos económicos que permean los discursos de campaña y el programa económico de los candidatos que defienden los intereses de las patronales. Solo la izquierda tiene una propuesta anti capitalista y en beneficio de las mayorías populares.

Discutimos contra la idea de que no pagar la deuda nos aísla del mundo, como así también en oposición al sentido común que dicta que la deuda externa se debe pagar como si se tratara de un compromiso cualquiera y no un mecanismo de dominación del capital financiero internacional.

Aquí continuamos debatiendo. Esta vez sobre la necesidad de conciliar con los fondos buitre. Juan Manuel Urtubey develó en Nueva York que el sciolismo plantea un arreglo. El massista Roberto Lavagna también se pronunció a favor de una negociación (eso sí, dura) con los especuladores. En el macrismo, como no podía ser de otra forma, creen que hay que acordar con el capital financiero que litiga en el juzgado de Thomas Griesa en Nueva York. Veamos las implicancias de alcanzar un acuerdo, lo cual se plantea como un destino inexorable para que lleguen inversiones.

¿Quiénes son los buitres?

El Cefid-ar define que los buitres son “son fondos de capital de alto riesgo que compran deliberadamente títulos de deuda de economías débiles o a punto de colapsar a precios muy bajos para luego reclamar por la vía judicial el valor total de esos bonos más los intereses devengados”.

En circunstancias donde deviene un colapso económico las tasas de interés que pagan los títulos públicos de un país en crisis se incrementan notablemente, de modo que incorporan el riesgo de default. Lo cual ya de por sí es una recompensa excesiva que reciben los especuladores.

Pero los fondos buitre tienen una actitud más rapaz aun. Nunca financian a los Estados. Por el contrario, adquieren los bonos en los denominados mercados secundarios cuando deviene el default o cuando ya fue decretado para aprovechar el derrumbe de las cotizaciones. De hecho, en Argentina compraron títulos públicos pagando sólo el 5 o el 10 por ciento de su valor nominal.

Por eso cuando en 2005 Néstor Kirchner y Roberto Lavagna presentaron como una gran negociación soberana la quita que implicó la reestructuración de deuda, en realidad, aún con los descuentos pactados, los especuladores seguían ganando muchísimo. No sólo eso. Esa reestructuración ofreció beneficios adicionales como los cupones atados al crecimiento y la inflación. Un gran negocio.

Entre los que se benefician con la deuda argentina y aceptaron los canjes están George Soros. Se trata de un gran jugador del casino financiero con grandes partidas ganadas: se embolsó mil millones de dólares especulando contra el Banco de Inglaterra y hundiendo a la libra esterlina en 1992. El mexicano David Martínez (otrora socio de la “corpo” de Clarín en Cablevisión) del fondo Fintech Advisory fue otro de los que aceptaron el canje. Lo mismo que Kyle Bass, que ganó millones especulando con hipotecas en EEUU mientras miles de familias perdía sus casas.

Son los casos más notorios de especuladores, pero hay muchos más. En varias oportunidades, tanto Cristina Fernández de Kirchner como Axel Kicillof, reconocieron que los que aceptaron el canje tuvieron ganancias de 300 por ciento.

Inconformistas, NML Capital, de Paul Singer y EM Ltd. de Kenneth Dart, junto al resto de los especuladores que litigan en Nueva York, quieren ganar 1600 por ciento por bonos que compraron por centavos.

El gobierno logró un triunfo diplomático en la ONU haciendo votar un mecanismo que apunta a limitar hacia el futuro el accionar de los buitres más voraces (los del 1600 por ciento), pero al mismo tiempo legitima las operaciones de los Soros, los Martínez, Bass y otros especulares por el estilo, tratando de separar, en una tarea propia de la taxonomía biológica, entre buitres buenos y malos.

Las negociaciones que pretenden entablar los que se postulan para integrar los equipos económicos de Scioli, Macri y Massa se orientan hacia un acuerdo que se aproxime a las condiciones del 300 por ciento de los que aceptaron los canjes de 2005 y 2010. Aunque parece historia antigua, el año pasado el kirchnerismo hizo votar en el Congreso una Ley de Pago Soberano que ofrece a los fondos buitre las mismas condiciones establecidas en aquellas reestructuraciones. Todos los caminos conducen a Roma.

Por estos motivos, el Frente de Izquierda y los Trabajadores rechaza el pago del pago a los buitres y de toda la deuda externa.

Pero si no le pagamos a los buitres ¿Van a llegar inversiones?

Los kirchneristas dicen haber pagado aproximadamente 200 mil millones de dólares en la última década y aunque la deuda se redujo si se mide como proporción de la economía (del PBI), que es lo que dice el oficialismo cuando habla de desendeudamiento, en términos absolutos creció fuerte desde la reestructuración de 2005.

Pasó de 126 mil millones de dólares luego de la reestructuración a más de 220 mil millones de dólares en la actualidad. Es similar a lo que debía cuando estalló la crisis de la convertibilidad. Gran parte de la deuda que se redujo como deuda externa en dólares, se trasformó en deuda interna en pesos. Y una buena proporción se convirtió en deuda intra estatal en manos de la Anses en desmedro del 82% móvil de los jubilados. Aun así la deuda sigue siendo una pesada carga que fue erosionando las reservas del banco Central. Solamente en octubre se perdieron alrededor de 6 mil millones de dólares por el pago del Boden 2015.

Por eso cuando se pretende que un arreglo con los fondos buitres va a traer inversiones productivas, se esconde el hecho que se quiere volver a los “mercados” para reiniciar el ciclo de endeudamiento y con los dólares que ingresen pagar la pesada deuda externa. Un círculo vicioso.

El capital extranjero no busca ampliar la producción y el empleo, sino que busca trabajadores con salarios miserables, expoliar los recursos naturales o hacer ganancias financieras rápidas.

Incluso cuando el capital extranjero entra para hacer inversiones de largo plazo, termina llevándose más de lo que “deja”, girando utilidades que son una pesada carga sobre la economía. Es otro de los principales mecanismos del saqueo imperialista.

Pero las exigencias del capital imperialista no se agotan en un acuerdo con los fondos buitres, exige levantar el “cepo” cambiario y una devaluación que licúe el salario. En las próximas entregas de los “mitos económicos” de esta campaña continuaremos debatiendo estas propuestas.







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