EDUCACIÓN

Haciendo números: el botín de López y la educación pública

Mercedes Lizondo

Agrupación Marrón Docente

Sábado 25 de junio de 2016 | 12:00

Tucumán amaneció con una sensación térmica de 4 grados. Mientras les cuento a los chicos qué tiene que ver El mito de la caverna de Platón con el femicidio de Milagros, “interrumpen” la clase tres nenes, de entre 4 y 7 años, no más, ofreciendo los alfajores de maicena que seguramente produjo su mamá.

Le compro uno a cada uno de mis chicos, porque, además, hay algunos que no almorzaron. Tres alfajores por $10. Me pregunto cuántos, cuántos alfajores más, deben vender para pagar la cena de esa noche, o tal vez la factura de la luz, que seguramente aparece en la superficie con un carácter más urgente. Más urgente.

Pero también me pregunto otras cosas: me pregunto por ejemplo, ¿cuántos comedores se podrían crear con lo que se destinó al pago de los buitres? ¿Cuántos alfajores menos tendrían que vender estos nenes? Ninguno, claro, son pibes, pero hago cuentas.

Pero miro las ventanas, no hay vidrios. Inevitable preguntarme: ¡Cuántas estufas, ventanas, aulas con los los 8.982.047 dólares, 153.610 euros, 425 yuanes, 49.800 pesos, 2 riyales qataríes y los seis relojes que le incautaron a López?.

Le sigo quitando minutos a mi clase, porque no puedo dejar de pensar en los tres pequeños comerciantes, dignos ejemplos de la meritocracia tan hablada en estos días. Disculpen la ironía, pero pienso si de los tres alguno logrará terminar la escuela, o deberá, como muchos, muchos, muchísimos chicos dejar la escuela para “changuear” con el papá, ayudar a la familia. “Ayudar”o “sobrevivir”. Me viene a la cabeza el reciente informe de la Unesco que a pesar de ser la obligatoria la secundaria por ley hace 10 años, 1 de cada 10 chicos todavía no accede y en los establecimientos estatales 7 de cada 10 se retrasan o no la terminan. Un informe que ratifica que no hay ni “década ganada” ni “cambio” en la educación.

Sigo haciendo números, soy mala, pero son obscenos ante una simple mirada o calculadora por medio. La legislatura provincial tiene un presupuesto de 960 millones anuales, es decir 2,6 millones de pesos por día. Una estafa, una caja negra que los legisladores manejan sin rendir cuentas a nadie. No puedo dejar de pensar en los tres alfajores por ¡diez pesos!. O en:, ¿Cuántos problemas edilicios se resolverían en un año con mucho menos?!

Pienso en López, ¡ay! ¡Cómo pienso en López! Pero también pienso en los 18 millones que Macri “repatriará” del depósito hecho en Bahamas. Claro, ganancias limpias, de sus empresas, y del “sudor de su frente”. Pienso en el sudor de la frente de esa mamá que hace los alfajores. Discúlpenme el paralelismo, por favor, pero, pienso también en el sudor de la frente del grupo empresario del que forma parte el presidente, que durante la última dictadura no sólo logró que se estatizara su deuda privada de la mano de Cavallo sino que pasó de tener 7 empresas a manejar 47. Sigo haciendo números.

Somos los trabajadores de la educación los que mejor sabemos en qué condiciones trabajamos, en qué condiciones toman clases nuestros alumnos, y en qué situación llegan a nuestras aulas. Sabemos mejor que nadie, lo que es llevarle un abrigo, como esta semana vi a mi compañera Claudia llevarle un camperón a una nena que un día fue con una polera finita, “se vino desabrigada”, pensamos. No, no tenía abrigo. Sabemos mejor que nadie lo que es que nos digan: “me duele la panza, profe”. No hay sertal que aplaque el hambre.

Así, no hay discusión de "calidad educativa" que valga. Bah, pienso, al contrario, que vale más que nunca la discusión cuando sólo en primer trimestre de 2016 hay 1,4 millón más de pobres, cerca de 13 millones de personas en situación de pobreza. Y cuántos de ellos, están en nuestras aulas, sentados frente nuestro, tratando de no dormirse porque trabajaron a la mañana, tratando de abstraer que no hay con qué pagar la luz, comprar la garrafa, o simple y terriblemente, no tener para COMER.

Pienso de nuevo: plata hay. El tema es donde va.







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