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Red Internacional

La Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminaba la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. ¿Cuáles son las peleas que tienen las personas LGTBI frente a la crisis actual? Para hablar de ello conversamos con María Luisa Peralta y Gustavo Pecoraro, activistas y periodistas que luchan por los derechos LGTBI.

Tomás Máscolo@PibeTiger

Lunes 17 de mayo | 00:00

“Lo que sí tiene trascendencia, y es esencial y específicamente humano, es el ámbito de lo afectivo. Pero el sexo no. Lo malo es que, en algún momento aciago de la humanidad, se cometió el trágico error de adjudicar a lo sexual un significado moral”. Manuel Puig

Patologización

En 1952 se publicó la 1ª edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) con la intención de homologar las distintas clasificaciones de enfermedades mentales existentes hasta ese momento. En este documento, la APA incluyó a la Homosexualidad como "una categoría de enfermedad mental, basándose en teorías sin evidencia científica, que proponían una supuesta conexión entre la homosexualidad y algunas formas de desajuste psicológico, y la idea que ésta era necesariamente el síntoma de una enfermedad mental".

La homosexualidad dejó de ser considerada por la OMS como una enfermedad mental en 1990. Sin embargo, al día de hoy está considerada como ilegal en más de 70 países. Cerca del 40% de la población mundial vive en países en los que la homosexualidad es perseguida.

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Hoy en día son conocidas las consecuencias de los tratamientos que proclamaban curar la homosexualidad o transexualidad, los cuales muchas veces implicaban torturas, adoctrinamiento y la muerte.

Opiniones

Para Gustavo Pecoraro, escritor y periodista, integrante de la Red de Podcast del Vahído, este no es un día más porque "nos siguen discriminando, criminalizando, encarcelando violentando y matando. Los crímenes de dio por orientación sexual y/o exresión de género siguen siendo parte de la violencia" y agregó que "rechazamos con nuestro deseo a la norma heteropatriarcal, no nos olvidemos de estas efemérides mundiales porque así nos hacemos más visibles".

María Luisa Peralta, activista lesbiana y editora de MadreSelva dijo que "hoy en día hay mucha más participación de personas LGTBI en espacios culturales y artísticos, y mucho más contenido en productos culturales masivos. Yo soy parte de la editorial MadreSelva y hemos dado voz y espacio a muchísimas personas que tenía mucho para decir". Agregó que "seguimos enfrentando mucha discriminación que no se limita solo al odio sino a la exclusión".

Mirando para atrás

Ya desde fines del siglo XIX los enfoques médicos, psiaquiatrícos y crimonológicos incursionaron en la vida de hombres y mujeres homosexuales y lesbianas, en un esfuerzo sin precedentes en la historia para catalogarla y demarcar las líneas entre aquellas experiencias sexuales consideradas “desviadas”, “patológicas” y “viciosas”, de aquellas consideradas “normales”. Sin embargo, es el “moderno” y “tolerante” siglo XX el escenario donde los modestos procedimientos farmacéuticos del siglo XIX cedieron ante la radiación, los tratamientos de electro-shock y con hormonas en búsqueda de la ansiada “cura”.

A inicios de siglo XX en la mayoría de los países la homosexualidad era considerada, un acto inmoral o directamente un acto penable. Los primeros activistas del siglo XIX, surgen al calor la lucha por la despenalización de su sexualidad.

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Es en el marco de la segunda posguerra mundial, en un contexto de políticas reproductivistas y familiaristas implementadas desde el Estado, cuando comienzan a aparecer con mayor envergadura voces críticas contra esta serie de prácticas aberrantes contra los “pervertidos”. El ciclo que abrió el Mayo Francés de 1968 permitió la irrupción de movimientos de liberación sexual que se alzaron reivindicando el orgullo de su identidad, cuestionando todas las instituciones que la reprimían. A finales de la década del 70 la derecha cristiana comenzó a organizarse contra los crecientes movimientos feministas y de liberación sexual.

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Los ’80 fueron escenarios de una ofensiva de las clases dominantes, que encabezada por Tatcher y Reagan atacó las principales conquistas de los trabajadores y los oprimidos. Esta reacción vino acompañada por la propaganda reaccionaria contra la “peste rosa” desatándose una oleada de discriminación y estigmatización contra la comunidad homosexual.

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No faltaron los señalamientos reaccionarios que veían al HIV/Sida como “castigo” por el uso excesivo uso de drogas y de una intensa y promiscua activi­dad sexual, la Iglesia pregonó este relato. También se planteó que la inocula­ción de semen en el recto durante la práctica de sexo anal, combinado con el uso de inhalantes con nitrito llamados poppers, producía la debilitación del sistema inmune. Pocos especialistas tomaron en serio estas teorías.

La remoción de la homosexualidad de las listas de enfermedades de la OMS significó una conquista democrática elemental, gays, lesbianas, travestis y transexuales no necesitamos de diagnósticos, ni cura. El hecho significó un paso más en la igualdad formal, pero hoy a 31 años los cambios en la vida real distan por lejos de aquel relato de una sociedad igualitaria y “tolerante” que los cambios avenidos en la década del ’90 quisieron retratar.

No estamos enfermos

Fue en junio del 2018 que La Organización Mundial de la Salud finalizó la undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). Todas las categorías relacionadas con las personas trans se han eliminado del capítulo sobre trastornos mentales y del comportamiento.

El considerar a las personas trans, travestis, transgéneros y transexuales como personas enfermas implicó que, por largo tiempo, la psicología y la psiquiatría considerasen a las personas como perversas. Aquellos cuyos deseos se desviasen de lo supuestamente "normal" eran objeto de la psicopatología, rama encargada de corregir estas formas "no naturales".

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El discurso que se ampara en la "moral y las buenas costumbres", también tiene su sustento en una institución oscurantista como la Iglesia Católica. Es Bergoglio el que desató la "Guerra de Dios" frente a la discusión por el matrimonio igualitario en el 2012 y en 2016 mandó a los padres de niños homosexuales "al psiquiatra". Así es el "papa progresista".

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Medidas ante la crisis

La crisis económica y sanitaria que estamos atravesando deja en claro que la diversidad sexual tiene mucho por lo que seguir luchando. A pesar de contar con la Ley de Identidad y la Ley de Matrimonio igualitario la vida material sigue pendiendo de un hilo.

Frente a la segunda ola del Covid-19 las personas trans sufren desalojos, persecución policial y perdieron sus ingresos, producto de que la mayoría acude a la prostitución para subsistir. Miles de jóvenes sufren las consecuencias de la precarización laboral, que tiene mayor impacto en las y los LGBTI que viven día a día la discriminación en sus lugares de trabajo. De echo seguimos preguntándonos ¿dónde esta Tehuel?, un joven rans de 22 años que desapareció el 11 de marzo, luego de ir a trabajar como mozo y que la policía del ministro de Seguridad Sergio Berni tardó seis días en buscar, el Gobierno es responsable.

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Mientras las empresas incluso agarran vetas LGTBI para seguir incrementando sus ganancias, como lo hizo este fin de semana la marca Puro vendiendo mochilas y carteras con las caras de Carlos Jauregui y DIana Sacayan, sigue sin implementarse el cupor laboral trans que esta en vigencia desde septiembre del año pasado.

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Como respuesta a la crisis urge la exigencia medidas elementales que den respuesta a las necesidades de las grandes mayorías y los sectores oprimidos. Para garantizar la subsistencia de las y los trans, no basta una asignación que es inclusive menor que el Ingreso Familiar de Emergencia otorgado durante la cuarentena del año pasado y que este año se cortó producto del recorte en el Presupuesto 2021.

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Es necesario salir a luchar por nuestras prioridades en medio de este brutal ajuste llevado a cabo por el Gobierno. Por el derecho al trabajo, a la vivienda, al salario, a la salud, a un IFE de 40 mil pesos para quienes no tienen ingresos, porque mientras se destinan millones al FMI la pobreza aumente a cifras exorbitantes. Como decía una enfermera de la primera línea neuquina "nuestra vida vale más que sus ganancias".




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