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Red Internacional

Dos de los máximos dirigentes cegetistas tuvieron que salir a hablar de la inflación y la situación social. Descartaron un paro pero no otro tipo de “medidas”. Solo esperan el momento “necesario”. Confirmaron que seguirán siendo parte del “Frente de Todos Hablan pero no hacen nada”.

Viernes 13 de mayo | 14:02

Este jueves se conoció el dato de inflación. 6%, récord interanual desde 1992. El bolsillo popular no da más. Se siente en la calle. Y entonces algo hay que decir. Eso fue lo que hicieron Gerardo Martínez (UOCRA) y Carlos Acuña (Estaciones de Servicio), dirigentes de la CGT.

El primero habló en un evento de empresarios y también en el congreso del gremio de Sanidad. Martínez aseguró que ante la inflación “tiene que haber una reacción de los trabajadores organizados”. Cuando le repreguntaron aclaró que “no digo una medida de fuerza, pero sí una medida que tendrá que ver con una acción contundente”. Explíquese mejor Martínez. “No sé, me imagino una gran movilización”. ¿Pero esto lo definió la CGT? “Lo estamos conversando”´(Infobae).

Acuña también habló al respecto. Se mostró preocupado por los nuevos datos del aumento de precios y se preguntó y respondió: "¿Pero cómo es? Los empresarios se comprometen y después no hacen nada. ¿Y los malos de la película somos nosotros? Nosotros decimos que si es necesario se va a tomar alguna medida de fuerza contra los empresarios" (El Destape Radio).

Entre las movilizaciones imaginadas y las medidas si fuera necesario (como si no alcanzaran los motivos), lo que estamos viendo es un intento del núcleo que dirige la CGT de empezar a ensayar un discurso más ajustado a la situación social, política y sindical.

En relación a lo social, necesitan mostrarse críticos ante los problemas que causan malestar entre la población, empezando por sus afiliados pero sobre todo entre los trabajadores y trabajadoras que no llegan a fin de mes. El malestar es cada vez más claro, y una de sus expresiones fue la Marcha Federal de organizaciones piqueteras.

En lo político, gordos e independientes están alineados con Alberto Fernández y sus discursos fueron en el marco de la interna del Frente de Todos. Mientras intentan conservar algunas formas elementales de “sindicalismo” (como criticar la pérdida del poder adquisitivo) esta semana se mostraron con el ministro de Trabajo Claudio Moroni y Juan Manzur, quién además de Jefe de Gabinete es referente de un sector de gobernadores. Héctor Daer y Gerardo Martínez reivindicaron la gestión de Fernández y su gabinete, así como la supuesta autoridad dentro del gobierno y el peronismo.

Lo sindical es consecuencia directa de lo anterior. El sindicalismo más ligado al kirchnerismo ha planteado algunas críticas a medidas del gobierno, pidió el adelanto de las cuotas del Salario Mínimo y hasta propuso un aumento por decreto. O sea, ha oscilado entre el discurso y los paliativos absolutamente insuficientes, porque además firmó como parte de la CGT un Salario Mínimo de hambre. Y la “mesa chica” de la CGT no quiere regalarle tanto espacio al kirchnerismo dentro del sindicalismo peronista. Las repentinas “críticas” son una forma de reubicarse.

Los movimientos que estamos viendo son respuestas al malestar que viene por abajo y las tensiones que siguen por arriba. Pero no son más que realineamientos y discursos. Por ejemplo, ningún dirigente de la Corriente Federal, ni del moyanismo, que tiene juego propio, pero tampoco de la CTA, tomaron el guante de las palabras de Martínez y Acuña.

“No esperen una CGT opositora” podría ser la definición, parafraseando a la vicepresidenta.

Hay que ver cómo se desarrolla este juego de roles mientras continúa la crisis social y política.




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