Géneros y Sexualidades

DERECHOS LGTB

Grecia aprueba la unión civil entre personas del mismo sexo

Esta ley permite heredar las posesiones del cónyuge o tener acceso a la Seguridad Social amparada, aunque no equipara estas uniones al matrimonio ni permite a esas parejas adoptar, dejando insatisfecha a la comunidad LGBT.

Martes 29 de diciembre de 2015 | Edición del día

Imagen: Reuters

El pasado 23 de diciembre, con una concentración de activistas LGBT en la puerta del Parlamento llamada “La ley es el amor”, fue aprobada la Ley de Uniones Civiles, incluyendo esta vez a parejas de personas del mismo sexo. Esta ley se superpone a la aprobada en 2008 que reconocía la unión libre de parejas heterosexuales no casadas, ampliándola a parejas ente personas del mismo sexo.

La aprobación ha sido por 194 diputados a favor, de Syriza (coalición reformista de izquierdas en el gobierno), PASOK (socialdemócratas), To Potami, Unión de Centristas (ambos liberales) y algunos parlamentarios de Nueva Democracia (partido conservador-liberal), y 55 en contra, de la mayor parte de Nueva Democracia, ANEL (derecha nacionalista en el gobierno con Syriza), Amanecer Dorada (ultraderechistas) y KKE (Partido Comunista Griego).

El primer ministro Alexis Tsipras declaró que "esto pone fin a una época de retraso y vergüenza para el país, una época que ha provocado resoluciones internacionales en contra de Grecia" en referencia a la dictada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en 2013 acusando al gobierno griego de discriminación”.
También afirmó que “este problema necesita que las fuerzas democráticas y los movimientos sociales caminen juntos" intentando cooptar la lucha de la comunidad LGBT griega, debido a la lucha de la cual se ha aprobado esta ley.

Sin embargo desde la comunidad LGTB se considera esta ley insuficiente, ya que sólo amplía el espectro que abarca la unión civil a las parejas monógamas de personas del mismo sexo, impidiendo la adopción y dejando muchas otras demandas no resueltas respecto a la separación de Iglesia y Estado y la LGBTfobia que sufren cada día.

Fuera del Parlamento, según una encuesta del diario Efymerida Ton Syntaktón, un 42% de griegos se muestran a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo y un 37% en contra. Una de las razones es la fuerte influencia de la Iglesia Ortodoxa en el país, que se ha opuesto tradicionalmente a toda aquella relación que no fuera el matrimonio heterosexual monógamo y cristiano, incluido el matrimonio civil heterosexual, aprobado en 1982, al que calificó de "aberración de la institución familiar".

Tras la aprobación del matrimonio civil, en la pequeña isla de Tilos, se vienen celebrando bodas entre personas del mismo sexo aprovechando un vacío legal, aunque a las 7 de la mañana, para evitar los ataques de ultraderechistas y fanáticos religiosos.

Desde la Iglesia Ortodoxa también se han alzado declaraciones públicas homófobas y reaccionarias, como desde el arzobispo de Atenas, que considera estas uniones civiles como "un premio neoliberal a la falta de responsabilidad en las relaciones entre personas".

También el arzobispo de El Pireo, declara que "para los padres de la Iglesia la homosexualidad es el pecado más asqueroso y sucio" o el obispo de Kalavryta, quien recientemente calificó a los homosexuales de "deficientes mentales" y pidió a los fieles "escupirles encima".

Estas posiciones de altos jerarcas de la Iglesia Ortodoxa no están totalmente desligadas de la realidad política griega, ya que el estado griego es oficialmente confesional, pese a las demandas tradicionales de numerosos sectores de la izquierda y los movimientos laicos a Tsipras, y además es ANEL, el partido de la derecha xenófoba y nacionalista griega, fuertemente ligado a la Iglesia Ortodoxa, quien gobierna con Syriza y votó en contra de esta ley.

Grecia pasa ya a ser uno de los 12 países que legaliza las uniones civiles entre personas del mismo sexo, junto a otros 20 que legalizan el matrimonio. En la otra parte de la balanza están los 75 países donde las personas LGBT están legalmente perseguidas y condenadas, y 8 donde están condenadas a muerte.

Pero la (aún lejos de conseguir) igualdad ante la ley no es igualdad ante la vida, ni a nivel de homofobia institucional ni en la opresión diaria que sufren las personas LGBT. Las distintas violencias que sufren las mujeres y las personas LGBT hunden sus raíces en el patriarcado que este sistema capitalista alimenta en su propio beneficio.

Conquistar el reconocimiento del estado a la hora de formar un matrimonio monógamo como institución represiva con ventajas fiscales y laborales, es aún un derecho conquistado en muy pocos lugares, pero no es el horizonte de un movimiento que debe pelear por acabar con toda opresión, incluida la opresión sobre nuestros sentimientos, sexualidades y cuerpos, no por amoldarse a ella con más aceptación.
Es la lucha de las personas LGBT y las mujeres la que ha permitido conquistar estos derechos, y sin embargo siguen los feminicidios y asesinatos homófobos, bífobos, lesbófobos y tránsfobos en todo el mundo. Todo paso adelante, como la aprobación de esta ley, debe tener un horizonte de emancipación en una sociedad libre de opresión y violencia.







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