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Red Internacional

Apuntes de análisis político desde la izquierda. Gramsci, la crisis orgánica y las elecciones de Costa Rica (2010-2022)

Intelectuales, comentaristas y personal político de Costa Rica coinciden en que el país vive una crisis entre representantes y representados a propósito de las elecciones de febrero del 2022. Hacemos uso del concepto de crisis orgánica del marxista revolucionario Antonio Gramsci para analizar la dinámica política del país, comparando datos sobre los votos reales de los partidos en el periodo que va del 2010 al 2022. Desarrollamos también algunas hipótesis sobre el futuro político del país.

Lunes 28 de marzo

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1. La crisis de representantes y representados

Al menos desde el 05 de febrero de este año La Nación de Costa Rica ha sostenido en sus páginas de opinión que “la atomización de grupos en el Parlamento, la creación de tantos partidos, problemas de gobernabilidad, baja popularidad de los gobernantes y desconfianza en las instituciones son síntomas y a la vez causas del mal actuar de los Estados, una alerta que debemos atender y trabajar para revertirlo”. Lo anterior en palabras de Nuria Marín Raventós, comentarista de primer orden en dicho periódico.

El proyecto Estado de la Nación desde el 2021 había advertido que la campaña electoral del 2022 contaría con la menor simpatía partidaria en tres décadas y que los partidos políticos enfrentaban dos grandes desafíos: convencer a amplios sectores de la población que no se sentían identificados con estos e impedir que se fugaran los simpatizantes.

Por otro lado la politóloga Vanessa Beltrán ha señalado en declaraciones al Semanario Universidad respecto de las elecciones de febrero anterior “que cada vez es más amplia la brecha entre representantes y representados y que vale la pena poner a discutir las condiciones de posibilidad de la democracia más allá del evento electoral”.

Todos estos contenidos señalados son coincidentes en el diagnóstico de una ruptura entre partidos políticos y electores, que se manifiesta en cambios importantes en las dinámicas de las votaciones, dando paso a lo que parece ser una combinación de voto castigo y voto por el menos malo. Esta ruptura se da junto a otros elementos como la desconfianza en la prensa, en las instituciones del Estado, etc.

¿Cómo explicar con conceptos marxistas esta crisis de representación? ¿Hasta dónde llega esta crisis? ¿Qué perspectivas ofrece el futuro? Para dar respuestas tentativas a estas preguntas hacemos un esbozo del concepto de crisis orgánica en Gramsci, dentro del cual el marxista italiano coloca la crisis entre representantes y representado. Luego aplicamos a la realidad de Costa Rica en el periodo 2010-2022 dicho concepto.

2. Antonio Gramsci y la crisis orgánica

La postura teórica de Gramsci sobre la crisis orgánica es producto de un análisis de dinámicas políticas en sociedades específicas como Alemania, Estados Unidos, Francia e Italia en la décadas de los veinte y los treinta del siglo anterior.

Trabajamos centralmente los siguientes fragmentos de la obra gramsciana: Observaciones sobre algunos aspectos de la estructura de los partidos políticos en periodos de crisis orgánica, Civilización americana y europea, Notas breves de economía. Ugo Spirifo y Cía, Pasado y presente. Inglaterra y Alemania y el primer parágrafo de Apuntes y notas dispersas para un grupo de ensayos sobre la historia de los intelectuales. Al ser este texto un análisis y no un desarrollo teórico más detallado, haremos omisión de discusiones y comentarios al texto de Gramsci por parte de especialistas, mismo que se podría realizar en el futuro. Trabajamos con la edición crítica de los Cuadernos de la Cárcel de Valentino Gerratana, editada en castellano por Era.

Lo primero a tomar en cuenta es que la crisis orgánica se produce porque elementos constantes de una estructura social que determinan a un mercado específico están siendo modificados, modificación que es más profunda que las crisis coyunturales de la economía capitalista. La crisis orgánica se diferencia de una crisis coyuntural en que la primera se da por el desarrollo a gran escala de la producción internacional lo que genera un mercado mucho más complejo, que cuando entra en crisis es más difícil de controlar debido precisamente al entramado internacional que conlleva. (Tomo III, pág. 332 y 333)

Según Gramsci la crisis orgánica es una crisis de hegemonía de la clase dirigente, que se produce porque ésta ha fracasado en alguna gran empresa política para la que ha solicitado o impuesto con la fuerza el consenso de grandes masas o porque vastas masas especialmente pequeñoburguesas intelectuales han pasado de golpe a una cierta actividad y plantean reivindicaciones que en su conjunto no orgánico constituyen una revolución. (Tomo V, pág. 52-54)

Además, la crisis orgánica pone en cuestión la epidermis de la cultura capitalista anclada en estructuras productivas de sociedades determinadas, como por ejemplo el “americanismo” como ideología de un tipo de civilización. (Tomo VI, pág. 94)

Dentro de estados y mercados determinados, el que una masa mayor o menor de proletarios realice funciones directamente productivas o de distribución a través de servicios o del comercio puede ser un indicio del “coeficiente” de crisis orgánica. El desempleo comparado de un estado o mercado podría significar mayor coeficiente de crisis orgánica si una masa proletaria es mayor en funciones comerciales que en productivas. (Tomo IV, pág. 43)

Esta crisis de hegemonía es una crisis del Estado en su conjunto, llegando al punto en que las clases sociales se separan de sus partidos tradicionales, o sea que los partidos tradicionales con sus formas organizativas y los individuos que los constituyen no son ya reconocidos como una expresión propia por su clase o fracción de clase. Esta es la ruptura entre representantes y representados, que se refleja en todo el organismo estatal, reforzando la posición relativa del poder de la burocracia (civil y militar), de la alta finanza, de la Iglesia y en general de todos los organismos relativamente independientes de las fluctuaciones de la opinión pública. (Tomo V, pág. 52-54)

Según Gramsci, cuando estas crisis tienen lugar, la situación se vuelve delicada y peligrosa, porque el campo queda abierto a soluciones de fuerza o a la actividad de potencias oscuras representadas por individuos providenciales o carismáticos. (Tomo V, pág. 52-54)

Una crisis orgánica es lo contrario de una solución orgánica, “normal”, en que un único partido representa las necesidades de toda su clase. La existencia de un jefe carismático significa que existe un equilibrio estático en el que prevalece la debilidad organizativa de la clase trabajadora y otras clases que pueden ser progresistas, y este jefe carismático da cuenta de que la clase dominante tiene necesidad de un amo que la oriente de conjunto. Por ello la clase tradicional dirigente, que tiene un numeroso personal adiestrado, cambia hombres y programas y reabsorbe el control que se le estaba escapando con una celeridad mayor que la que poseen las clases subalternas para tomar el control de los asuntos, debido a que estas últimas no poseen la misma capacidad de orientarse rápidamente y de reorganizarse. La clase dominante se expone a un futuro oscuro con promesas demagógicas, pero conserva el poder, lo refuerza por un momento. (Tomo V, pág. 52-54)

En este escenario se debe dar un lugar específico a la burocracia estatal, civil y militar, específicamente en los estratos sociales en los que la burocracia es tradicionalmente reclutada, un estrato social para el cual la carrera burocrática, civil y militar, es un elemento muy importante de vida económica y de participación efectiva en el poder, aunque sea indirectamente. (Tomo V, pág. 52-54).

Existe todavía un elemento más de la crisis orgánica respecto del peso de la burocracia en los partidos y especialmente en los de las clases subalternas, pero eso lo dejamos de lado por ahora. Veamos estos elementos aplicados a la realidad de Costa Rica.

3. Modificación de elementos constantes de un mercado específico y la compleja escala internacional de la producción

Es claro que en las últimas décadas se han transformado (y en un sentido no han parado de transformarse) los “elementos constantes” del mercado de Costa Rica. La principal transformación es la aceleración de la dinámica de apertura comercial que, si bien es cierto inicia a mediados de los ochenta, ha tenido un gran impulso a partir del TLC con los Estados Unidos en 2007, el inicio de relaciones comerciales con China en 2006, el acuerdo de libre comercio con la unión europea en 2013, el reciente ingreso a la OCDE, etc.

La apertura comercial ha generado lo que desde hace años el Programa Estado de la Nación ha calificado como la “dualidad” de la realidad económica. Esta “dualidad” tiene múltiples dimensiones, imposibles de cubrir en este texto. Sin embargo centralmente se refiere a que algunos bienes y servicios que se producen en el país se integran en cadenas globales de valor pero otros no. En el medio se genera una masa de desempleados que no son absorbidos por ninguna de las dos economías. Esta dualidad permite datos que dan cierta estabilidad macroeconómica como el precio del colón respecto del dólar o números reales más altos de PIB, pero a costa de acelerar en gran medida la desigualdad interior.

Además las partes que se integran en las cadenas globales de valor lo hacen enfocándose en el acceso a mano de obra barata (comparada con el mercado internacional) y el acceso a recursos naturales, lo que claramente profundiza los ya de por sí grandes rasgos de dependencia económica del país.

Esta dependencia, como es sabido, ha sido históricamente respecto de los Estados Unidos. Y esto no solo de Costa Rica sino también de la región centroamericana. Sin embargo a este dependencia se le ha sumado la dependencia a otro país, China, que ha ganado peso en la economía nacional y que constituye la principal modificación del mercado nacional en las últimas dos décadas. China ha aprovechado la apertura globalizadora y ha procurado establecer relaciones económicas y políticas con el país (y más en general en el istmo centroamericano).

Según Hellen Ruiz Hidalgo, del Observatorio del Comercio Exterior de la UNED, el establecimiento de relaciones económicas con China tuvo un punto de quiebre a partir de las exportaciones que en su momento realizó INTEL desde Costa Rica hacia el gigante asiático. Lo anterior es un ejemplo de la integración y complejización de las cadenas de producción de valor, pues INTEL, que es capital estadounidense se asentó en Costa Rica para exportar a China, al mismo tiempo que el principal conflicto político y económico en el mundo se da precisamente entre Estados Unidos y China.

En el 2013 Intel abandona la producción de chips en el país, que generaban el 20% de las exportaciones y el 6% del PIB entre 2006 y 2013, sin embargo INTEL solo empleaba a unas 1000 personas según datos de El País del estado español, con salarios muy por encima del salario mínimo nacional, casi creando una aristocracia obrera.

Según Ruiz al inicio la “oferta exportable a China se concentraba en un 96% en procesadores y controladores electrónicos (73,4%) y partes y accesorios de computadoras (22,6%). El resto de las exportaciones a China (4%) no era representativo de la producción nacional (desperdicios, desechos de cobre, y otros productos de menor importancia, como cueros de bovino o equino curtidos)”. Este es un ejemplo de la dualidad de la economía, pues se aprecia radicalmente la distancia entre las partes de la producción vinculada a cadenas globales de valor y las que no.

Más allá de INTEL, desde la firma del TLC con China, el comercio con ese país ha venido creciendo a un ritmo anual de 9,1%. En 2010, era de US$1023 millones. En 2019 alcanzó la cifra de US$2245 millones.

Sin embargo la distancia entre las importaciones y las exportaciones que Costa Rica hace a China es enorme, el país importa de China bienes manufacturados pero solo exporta una pequeña parte de materia prima. Según el Análisis Sobre la Evolución del Comercio Exterior e IED en Costa Rica: 2020, del Ministerio de Comercio Exterior, a Estados Unidos se dirigen el 43% de las exportaciones totales, mientras que a China solamente el 2%. Respecto de las exportaciones sin embargo, el 37% provienen de los Estados Unidos y el 14% a China, que superó a la Unión Europea en 4 puntos porcentuales en 2020 para colocarse como el segundo socio comercial del país.

La apertura de relaciones económicas con China claramente apunta una modificación de los elementos estructurales de la economía, sin que por lo demás hayan dejado de ser los Estados Unidos el principal socio comercial del país tanto en exportaciones como en importaciones. Este es un reflejo del conflicto Estados Unidos-China por la hegemonía mundial.

4. La crisis orgánica como una crisis de hegemonía de la clase dirigente y el fracaso de una gran empresa política

Los países centroamericanos son extremadamente dependientes de las grandes potencias económicas y políticas. En Costa Rica por ejemplo en 2020 la Inversión Extranjera Directa cayó en 37,8% respecto al periodo previo. El turismo por ejemplo solo albergó el 1% de dicha inversión. Por supuesto es el pico alto de la pandemia. Sin embargo es precisamente en la crisis cuando se demuestra la debilidad estructural.

Presionados por el imperialismo por arriba y por las clases subalternas por abajo, las burguesías nacionales se muestran extremadamente débiles, lo que genera rasgos de crisis orgánica o crisis de hegemonía que ya de por sí son recurrentes. Un ejemplo lo aporta el expresidente Abel Pacheco (2002-2006) quien en sus propias palabras “engavetó” el TLC entre Centroamérica y los Estados Unidos, pues era consciente de que la principal política imperialista para la región encontraría una poderosa oposición de las clases subalternas.

Sin embargo, la aplicación específica que hacemos de la crisis de hegemonía actual estriba en que las actuales características de crisis de hegemonía en Costa Rica están indisolublemente vinculadas a la crisis de hegemonía imperialista de los Estados Unidos, a la fatiga imperialista.

La crisis económica del 2008 afecta a los Estados Unidos y por tanto a Costa Rica (y obviamente a otros países). De esa crisis la economía estadounidense no se ha podido recuperar de manera satisfactoria y sus crecimientos habían sido pírricos hasta antes de la pandemia. Luego, la propia pandemia, el desastre militar en Afganistán e Irak, y la agudización del conflicto con China y Rusia son ejemplos de la fatiga imperialista.

Nuestro país en los años 2003 al 2007 estuvo atravesado por la discusión sobre el TLC, una discusión política-económica de gran relevancia, que estuvo al nivel de una gran empresa política como señalaba Gramsci, que en muchos sentidos unió más estrechamente el destino político del país con el del hegemón estadounidense.

La crisis del 2008 significó también la crisis del modelo que se proponía alrededor del TLC, cuyos efectos en términos de modernizar el conjunto del aparato productivo puede ser claramente puesta en tela de juicio a la luz de la “dualidad” que instaló el modelo globalizador.

Todavía están por verse las modificaciones estructurales que están generando la crisis económica y social asociada a la pandemia, así como las implicaciones que desde ya tiene la guerra en Ucrania en la inflación de manera directa y que podrían llegar a otros ámbitos de la economía en el futuro.

Nuestra hipótesis central es que el fallo de esta gran empresa está en el origen de la crisis orgánica y en la crisis de representantes y representados que vive Costa Rica.

5. La estructura del empleo como coeficiente de crisis orgánica

Es complicado lograr datos específicos sobre la estructura del empleo. Sin embargo al menos en la Encuesta Continua de Empleo, del Instituto Nacional de Estadística y Censo del IV trimestre del 2021 se hace una división pormenorizada de los tipos de empleo que hay en el país que es significativa para nosotros.

Del IV trimestre del 2020 al IV trimestre del 2021 el empleo del sector primario (agricultura, pesca y ganadería) se pasa de 248 656 a 238 456 personas, es decir una reducción de 10 200 personas. En el sector secundario (manufactura y construcción) se pasa de 361 305 a 376 397. Y en el sector de comercio y servicios se pasa de 1 330 108 a 1 481 785 personas. Como se ve es abrumador el peso de comercio y servicios.

Según la misma encuesta del INEC pero de 2019, la suma de empleo agropecuario y agrícola, artesanal, construcción, mecánica y manufacturas estaba ligeramente arriba de 300 000 personas. Lo mismo para 2018. En 2017 y 2016 la suma estaba por debajo de las 300 000 personas.

Sin embargo el sector asociado a ventas en locales y prestación de servicios directos a personas, que fue duramente golpeado en la pandemia, mantenía en 2020 cerca de 400 000 empleos y en los periodos de 2019, 2018, 2017 y 2016 se mantenía cerca de los 450 000 empleos. Esto sin sumar técnicos, profesionales medios y de apoyo administrativo, que en términos generales tienen números de empleo similares a los del sector secundario.

Lo anterior da cuenta del gran peso que tienen los servicios, comercios y empleos administrativos en la economía nacional, respecto de un peso relativamente menor del trabajo industrial y agrícola. En este sentido se cumple el ‘índice’ de Gramsci respecto de la crisis orgánica.

Respecto del desempleo, desde el primer trimestre del 2018 y hasta el primer trimestre del 2020, se sitúo alrededor del 12%. Después de esa fecha y hasta el cuarto trimestre del 2020 se mantuvo por arriba del 20% y ahora está en torno al 14%. Valga recordar que el dato de desempleo antes de la crisis del 2008 era en torno al 5%. Si bien es cierto el desempleo es un fenómeno normal en el capitalismo, que se usa como ejército de reserva para empujar el precio del salario hacia abajo, es también claro que existe una masa de trabajadores que ha crecido y que no son incorporados a la economía, con lo que se cumple otra de las características de la crisis orgánica.

Todo esto sin mencionar la informalidad del trabajo, que está por arriba del 40%, ni tampoco la precarización laboral que en instituciones como el MEP, la CCSS o las universidades puede cubrir hasta 60%. Estos datos inciden en las dificultades organizativas de la clase trabajadora, otro de los elementos señalados por Gramsci.

6. La crisis del Estado

La apertura globalizadora ha generado un problema político que sintetiza bien Velia Govaere. Según la autora “Existen, claro está, problemas en la globalización que escapan al control de políticas nacionales. Sin embargo, las políticas públicas de Costa Rica no han abordado de forma holística todos las tareas y desafíos que genera y agudiza la internacionalización”.

Lo anterior no podría ser de otra forma y es el mejor ejemplo de la debilidad estructural de la burguesía costarricense respecto de los grandes bloques económicos y políticos del capitalismo contemporáneo, su dependencia a los países imperialistas. Ejemplos al respecto hay muchos, por ejemplo la aprobación en 2018 de un ajuste fiscal que empezó a funcionar en 2019 y ya para 2020 era inaplicable.

Es una manifestación de la dualidad económica vertida en el funcionamiento del aparato del Estado, ya que no hay forma de que dichas instituciones puedan dar soluciones “holísticas” ante el avance de la desigualdad social, que más bien exacerban, como por ejemplo las políticas del presidente Alvarado en pandemia (legalizar rebajas salariales, lanzar a cientos de miles al desempleo), o antes con la aprobación de un Plan Fiscal que afectaba al salario más que al capital aunque es público y conocido que los deudores en impuestos son precisamente los capitalistas.

Estos hechos aceleran la desconfianza de los electores en los políticos, prensa, instituciones estatales, etc.

7. La separación entre las clases y los partidos y el cambio de personal político y programas

La ruptura que podríamos decir inaugura la crisis orgánica actual de nuestro país se da dentro del partido histórico de la burguesía, Liberación Nacional, cuando rompieron relaciones Oscar Arias y Laura Chinchilla, a inicios del 2010, después de un proceso electoral donde se dio un fuerte cuestionamiento al bipartidismo neoliberal, con la caída del PUSC, que había gobernado de 1998 al 2006.

Los motivos que de esta ruptura se han dado son personales o a lo sumo por el excesivo control que Arias quería tener sobre Chinchilla. Sin embargo estamos hablando de dos de las figuras más importantes para el imperialismo estadounidense en el país y en la región. La decadencia o fatiga imperialista se expresa así en esta ruptura entre su personal político.

De manera interesante hay que recordar que es Oscar Arias quien inicia el proceso de relaciones comerciales y diplomáticas con China, a contramano de la orientación estadounidense para la región Centroamericana, que consistía en que la región mantuviera relaciones económicas y diplomáticas con Taiwán.

La aparición del PAC, como representante de sectores burgueses agrarios, pequeño burgueses urbanos y agrarios y de clases medias de instituciones estatales, formado por varios políticos provenientes de Liberación, marca una ruptura con los partidos clásicos burgueses del país. Estos sectores burgueses agrarios, y también han ido quedando por fuera de las cadenas globales de valorización, lo mismo que capaz pequeño burguesas urbanas y agrarias. Además los efectos administrativos del orden aperturista han tocado el nivel de vida de las clases de las instituciones estatales, sobre todo a partir de una reducción del poder adquisitivo del salario, sea por congelamiento, inflación, eliminación de pluses, etc.

Las movilizaciones de Rescate Nacional en 2020 en este sentido marcan una ruptura de dichos sectores burgueses y pequeño burgueses con el PAC. Por otra parte el Plan Fiscal, el ataque a las Convenciones Colectivas de empleados públicos, los ataques a la autonomía universitaria, han generado una ruptura de las clases medias. Esto estaría en la base de la actual derrota sin parangón del PAC.

La emergencia de la derecha religiosa está claramente asociado al relativo fortalecimiento de las iglesias. De manera sugerente, la teología de la prosperidad que propugnan la mayoría de estas iglesias, se basa en que Dios otorgará riqueza material, lo cual obviamente indica en los hechos el empobrecimiento material de masas populares.

La ruptura con la Iglesia Católica no se expresa solamente por izquierda en las marchas de mujeres o en las denuncias por abusos sexuales. Existe también una ruptura por derecha con la Iglesia Católica, parte de un proceso internacional más amplio de debilitamiento de dicha institución, en que habría que incluir “la migración al sur” del neopentecostalismo de origen estadounidense, un fenómenos que ha afectado drásticamente a otros países de la región como Brasil.

Esta modificación de la religión es también una modificación de la conciencia individual, que remite a los cambios que se están dando en el plano económico y político. No podría ser casualidad que una religión de la prosperidad material, de la riqueza en dinero como fundamento de la vida espiritual, se desarrolle justo en el momento de mayor apertura al mercado capitalista que vive el país en su historia.

La derecha liberal hasta hoy no representa al conjunto de la burguesía nacional, especialmente a los sectores más consolidados de base agraria, industrial o de servicios. Esta derecha ha tendido hasta hoy a representar a sectores de las clases medias altas y sectores pequeño burgueses que están encadenados a cadenas globales de valor o ansían ese encadenamiento. Esta derecha es un elemento desestabilizador del estado burgués costarricense, por el histrionismo con que cargan contra “el socialismo” del estado, contra la propiedad estatal capitalista y contra cientos de formas jurídicas que regulan la administración del estado y las relaciones laborales entre las clases.

El Frente Amplio, que también hace su aparición en este periodo, tiende a reflejar a sectores pequeño burgueses más débiles, también desenganchados de las cadenas globales de valor, y a sectores de clases medias asalariadas y en alguna medida de aristocracia obrera. La imposibilidad del Frente Amplio de devenir hegemónico está indisolublemente asociado a esta pequeña base social.

Estas tendencias políticas, el actual Liberación, el PAC, la derecha religiosa, la derecha liberal y el Frente Amplio son las más significativas expresiones del inicio de la crisis orgánica, de la destrucción del bipartidismo neoliberal de los ochenta, noventa y primera década del 2000.

8. La separación entre representantes y representados en números

Veamos ahora cómo se han comportado esos partidos en las elecciones del 2010 al 2022 en números de votos reales.

8.1. Las elecciones presidenciales

En las elecciones del 2010 el PLN con Laura Chinchilla obtuvo 896 516 votos, el PAC liderado por su fundador Ottón Solís obtuvo 478 877 votos y el Movimiento Libertario obtiene 399 788 votos. La mayoría de los comentaristas sostuvieron que la debacle electoral del PUSC en ese momento se debió a los escándalos de corrupción asociados a empresas imperialistas “globalizadoras”. Si atendemos a estos números reales y a su evolución en las siguientes elecciones se podrá dimensionar la manera en que se expresa claramente la ruptura entre representantes y representados.

Desde el 2010 la votación de Chinchilla no se ha repetido en primera ronda, es decir, ningún partido ha obtenido una votación tan alta. Por ello la tomamos como votación de referencia a partir de la cual comparamos el resto de resultados electorales. A partir de esta votación hay una continua disminución de los votos reales de todos los partidos, salvo algunas excepciones, como veremos.

Liberación en la primera ronda del 2014 obtiene 610 634 votos, es decir pierde 285 882 votos frente al 2010. En primera ronda del 2018 obtiene 401 505, es decir, 495 011 votos menos que en 2010 y 209 129 menos que en 2014. Que Figueres haya obtenido en 2022 497 966 votos significa que pierda casi 400 000 votos respecto de Chinchilla y apenas recupera un poco más de 95 000 frente a Desanti, candidato en 2018. Por tanto es claro que su pase a segunda ronda se debe más a la debilidad mancomunada de todos los demás partidos antes que a una fortaleza intrínseca propia del PLN, aunque presumiblemente la figura de caudillo le permite recuperar una franja de votos.

El PAC por su parte tiene su votación más alta del periodo en el 2014, con 629 866 votos, es decir 150 989 más que en 2010, pero 266 650 por debajo de Chinchilla en 2010. Sin embargo después de esa votación más alta en 2018 obtiene 466 129, es decir 12 748 menos que en 2010 y 163 737 menos que en 2014, a pesar de haber sido gobierno.

Esta debilidad relativa le alcanza (de igual manera que Liberación en las elecciones del 2018 y del 2022) para ir a segunda ronda tanto en 2014 como en 2018, en las que obtiene 1 338 321 y 1 322 908, muy por encima de las votaciones de primera ronda. Nada se compara sin embargo a la desastrosa campaña de 2022 en que obtiene 12 135 votos a presidencia, en un retroceso al que por lo menos nosotros no hemos podido encontrar comparación en la historia internacional, esto es, la desaparición práctica de un partido de gobierno por medio de elecciones democrático-burguesas.

La derecha religiosa en 2010 obtuvo 13 945 votos a presidente. Fabricio Alvarado en 2014 obtuvo 27 691 votos, para dar un salto a 538 504 en 2018 y retroceder a 270 800 en 2022, perdiendo 267 704 respecto de la primera ronda del 2018. Comparado con la votación de segunda ronda en 2018, (860 388), habría un retroceso de 589 588 votos. Se acuerdo a estos números es difícil sostener que existe un fortalecimiento categórico de la derecha religiosa en las elecciones del 2022, más bien hay un retroceso electoral en 2022, en el marco de un relativo fortalecimiento de la derecha religiosa que se ha convertido en actor político importante desde el 2018.

En el cuadro sumamos los votos de los distintos partidos de la derecha religiosa (Renovación, Restauración, Nueva República y Alianza Democrática Cristiana según los años)

La derecha liberal tampoco se ha fortalecido orgánicamente en este periodo y si lo ha hecho ha sido de manera relativa. Si el Movimiento Libertario había obtenido 399 788 en 2010, en 2014 baja a 233 064 y en 2018 a 21 890. La elección actual de Eli Feinzag lo pone en 225 239 votos, es decir, 174 599 votos menos que el mejor momento de Otto Guevara en 2010 y en todo caso por debajo del 2014. Solamente si se suman los cuatro partidos liberales (Progresista, Unión, Unidos Podemos, Libertario) en 2022 se llega a una suma mayor a la del Libertario en 2014 pero muy lejos aún del 2010.

Veamos al Frente Amplio. De la obtención de un diputado en 2010 y 6782 votos para presidencia, pasa a 354 479 votos para presidencia en 2014, para retroceder a 16 862 en 2018 y recuperar una parte minoritaria en 2022 con 158 991, 195 488 votos menos que en 2014, esto es, 55% menos votos.

8.2. Elementos sintéticos de las votaciones presidenciales

Como se puede ver en todas las candidaturas partidarias a presidencia se observa el mismo fenómeno: una votación particularmente alta en el periodo 2010-2022 (Liberación en 2010, PAC y FA en 2014, derecha religiosa en 2018 y derecha liberal en 2010) ante la cual se registran importantes diferencias en votos reales en las demás elecciones, siempre por abajo. De manera llamativa en la elección del 2022 hay una recuperación parcial de votos de Liberación, la derecha liberal y el Frente Amplio, con la que sin embargo no alcanzan su máximo histórico del periodo.

En segunda ronda por supuesto el fenómenos es diferente, especialmente por el PAC que obtuvo diferencias marcadas respecto de la segunda ronda, pero teniendo claro que en segunda ronda por definición se enfrentarán opciones que no son mayoritarias. Es decir, si a algo le podríamos decir voto orgánico es a la primera ronda y por definición no a los votos de la segunda ronda.

Ahora bien, respecto de la votación más alta del periodo en primera ronda, Chinchilla está muy por arriba, con centenas de miles de votos más que cualquiera de sus competidores de otros partidos o de Liberación. Esto quiere decir que es el gobierno y partido que ha tenido un carácter más orgánico en el periodo, después del cual se acentúa la ruptura entre representantes y representados.

Lo anterior muestra que desde el punto de vista orgánico no exista un giro a la derecha como señalan algunos sectores de izquierda, sino más bien un debilitamiento real sostenido de partidos que procuran administrar el capitalismo costarricense, en el marco de la batalla por ver cuál de ellos unifica los intereses de la burguesía.

Al ser claro que no existe un fortalecimiento real sostenido, solo puede hablarse de fortalecimientos relativos, pues son estos partidos los que se reflejan en las discusiones de prensa, en la elección de diputaciones y del Ejecutivo.

8.3. Votaciones por diputaciones

Si arriba decíamos que no existe un giro orgánico a la derecha en el país, existe sin embargo una cristalización de representantes electos reaccionarios, que tiñe a las instituciones de la democracia burguesa, creando una de derechización relativa de la política y de las instituciones.

Pero visto más de cerca estos representantes se dan dentro de la misma dinámica de las elecciones presidenciales, esto es, bajo la ruptura con sus representados. Veamos.

Liberación en el 2010 obtuvo 708 043, 188 473 votos menos que para presidencia. En 2014 obtuvo 526 531 votos totales a diputaciones, 84 103 menos que a presidencia. En 2018 Liberación obtiene más votos para diputaciones que para presidencia, 15 133 votos más. En 2022 estarían obteniendo unos 404 799 votos a diputaciones, es decir, 93 167 votos menos que a presidencia.

El PAC obtuvo en votos totales a diputaciones en 2010 334 636, es decir, 144 241 votos menos a presidencia. En 2014, obtuvo 480 969, 148 897 menos que a presidencia. En 2018, 347 703 votos para diputados, 118 426 votos menos que para presidencia. En la elección del 2022 obtienen 35 226 votos totales para diputaciones, contra los 12 000 a presidencia, apenas una décima parte de los votos a diputación de 2018.

La derecha religiosa, sea Renovación Costarricense o Restauración Nacional, en 2010 sumaron 117 931 votos, 103 986 más que para presidencia. En 2014 sumaron (Renovación, Restauración y la Alianza Democrática Cristiana) 191 234 votos para diputaciones, mientras que para presidencia de manera conjunta 44 412 votos, es decir, 146 822 votos menos para presidente. En 2018 los votos sumados para diputaciones son 482 227, por 563 451 votos a presidencia, 81 224 votos menos para diputaciones. En 2022 los votos sumados de la derecha religiosa a presidencia son 285 898, mientras que los votos sumados a diputaciones son 212 382, es decir, 73 516 votos menos en diputaciones.

La derecha liberal en 2010 obtuvo 275 518 para diputaciones, 124 270 votos menos que para presidencia. En 2014 el Movimiento Libertario obtuvo 162 559 votos totales a diputados, 70 505 menos que a presidencia. En 2018 sumados los partidos liberales suman 62 196 votos a diputaciones, 40 306 votos más que a presidencia del Libertario. En 2022 la suma preliminar de partidos liberales da 198 656 votos en diputaciones, mientras que la suma preliminar de presidencia es 248 429, es decir, 49 773 votos menos.

El Frente Amplio por su parte obtiene en 2010 68 987 votos a diputaciones, o sea 62 205 votos más que para presidencia. Obtuvo 269 178 votos a diputaciones en 2014, 85 301 votos menos que a presidencia. En 2018 obtiene 84 437 votos a diputaciones, por los 16 862 a presidencia. En 2022 el FA obtiene 135 337 votos totales a diputaciones, es decir 23 654 votos menos que a presidencia.

Ahora veamos una comparación de los votos a diputados de los diferentes partidos.

8.4. Elementos de síntesis de las votaciones a diputaciones

Como se ve, la votación de Liberación en 2010 sigue siendo la más alta de todo el periodo. Al mismo tiempo en diputaciones los votos de Liberación no han parado de decrecer, lo que cabe suponer es una ruptura muy clara entre representantes y representados por el peso histórico de Liberación en la vida política del país.

Por otro lado, Liberación, el PAC y la derecha liberal tienen un rasgo muy claro en común: en la única elección en que sus votos a diputación son mayores que sus votos a presidencia se dan en las votaciones a presidencia más bajas del periodo. Liberación y la derecha liberal en 2018 y el PAC en 2022. Si asumimos que el voto a diputación es un tanto más orgánico que el de presidencia, entonces el voto “más orgánico” a diputación siempre ha estado más bajo que el voto “menos orgánico” a presidencia, salvo cuando se ha dado una caída de la propia candidatura presidencial.

En el caso de la derecha religiosa y del Frente Amplio el fenómeno anterior se da en dos ocasiones. O sea que cuando la derecha religiosa y el Frente Amplio obtienen sus mejores resultados presidenciales sus votaciones para diputaciones están significativamente por abajo de esos resultados, pero cuando sus resultados presidenciales son malos sus diputaciones están significativamente por arriba de dichos resultados. Esto genera la impresión de que ambos partidos son los “más débiles”, los “menos orgánicos” de los estudiados en el periodo.

En la elección del 2022 para ambas tendencias políticas parece que esa distancia entre votos a presidencia y diputación menguó, pues se da la menor diferencia entre ambos votos en todo el periodo. Esto podría indicar que ambas tendencias políticas mantienen una base propia relativamente pequeña comparada a la de Liberación y que han recibido y dejado de recibir flujos de votación coyunturales relativamente grandes. Una vez más, un indicio de ruptura entre representantes y representados.

8.5. ¿Se fortalece la derecha religiosa en las costas?

Un elemento a discusión en analistas e intelectuales es el rol de la derecha religiosa en las costas. Pero si la derecha religiosa posee una base relativamente consolidada, asociada centralmente a las iglesias no católicas, es claro que el peso más significativo de esas base corresponde a San José, siendo el bastión más importante de los partidos de la derecha religiosa en votos reales, de igual manera que todos los demás partidos del país.

Respecto de la hipótesis de un fortalecimiento de la derecha religiosa en las costas, asociada a un abandono histórico del Estado (abandono de carácter neoliberal), no parece que sea apoyada por los datos pues, si bien es cierto existen algunas votaciones altas en las costas para la derecha religiosa en 2022 que la ponen en segundo lugar en Puntarenas y Limón y cuarta en Guanacaste, sin embargo debe también constatarse una pérdida de votos -en algunos casos bastante significativa- en dichas provincias respecto de la elección del 2018.

Así por ejemplo sumadas las diversas opciones de la derecha religiosa en las provincias costeras en 2018, se obtienen 173 875 votos, mientras que en 2022 obtuvo 67 746. En Limón pasaron los partidos religiosos de 49 025 votos a 23 347 y en Guanacaste de 49 973 a 10 913. Este último incluso se podría catalogar de desbarranque. La excepción la coloca Puntarenas, donde la derecha religiosa pasa de 27 765 a 33 486. Sin embargo el incremento de votos no es para la opción asociada a Fabricio Alvarado, que en 2018 obtuvo 21 864 votos y en 2022 obtuvo 21 650 votos, ligeramente inferior. El fortalecimiento fue sobre todo a la Alianza Demócrata Cristiana y un fragmento que va a Restauración Nacional, ex partido de Alvarado.

Si el “abandono histórico neoliberal” fuese tal, y las tendencias a la desigualdad social se mantienen -como lo hacen-, entonces no se explica el retroceso significativo en dos costas y el ligero declive de la figura política más importante de la derecha religiosa en la tercera costa. Parece entonces que hay un fortalecimiento relativo pero no real o absoluto de las iglesias.

9. La emergencia de figuras providenciales y el cuestionamiento de la epidermis de la cultura capitalista

Además de lo anterior, cada una de las candidaturas presidenciales del periodo cuenta con rasgos “providenciales”, esto es, que se plantea a sí mismo como impulsado por fuerzas supuestamente objetivas más grandes que los electores, sea Dios, unas supuestas instituciones democráticas, las tradiciones del país o la necesidad de romper con dichas tradiciones. Además de esto, son “providenciales” también en el sentido de que se postulan para evitar un supuesto mal mayor o un daño futuro.

Chinchilla se presentó como mujer; Luis Guillermo Solís como emblema de las instituciones democráticas del Estado, lo mismo Carlos Alvarado; las opciones liberales se presentan como empresarios visionarios de mano dura; Villalta como representante de la justicia social mítica del país; Fabricio Alvarado como enviado de Dios.

Estas figuras presidenciales son en su mayoría cuestionamientos a la epidermis cultural del capitalismo costarricense, por lo que no es de extrañar que elementos súper estructurales, como los derechos democráticos de las mujeres, de la comunidad LGBT o el rol de las iglesias, hayan sido puestos en discusión en las elecciones. Incluso la figura “más tradicional” de Figueres en la elección del 2022 no ha duda en plantear todo tipo de cambios de imagen y de política con tal de atraer votos, cuestionando en algunos casos posiciones tradicionales de la burguesía costarricense, como frente a los derechos de las mujeres.

La votación a Rodrigo Chaves fue caracterizada en el programa Zoon Político como una apuesta del electorado por un hombre fuerte, cuasi despótica o mesiánica, cuya votación es posible porque hereda un bolsón electoral previamente establecido, y que se presenta como una nueva figura providencial a través del mensaje “yo soy el que puedo”. Coincidimos con estos elementos, más no compartimos que sea “la teoría del populismo” la que explique mejor esos rasgos. Ese bolsón electoral heredado podría ser en realidad la misma tendencia de las diversas figuras providenciales de los años 2010 al 2022.

10. El reforzamiento relativo de la burocracia, las iglesias y las altas finanzas

Si se ven las figuras políticas presidenciales que han ganado en las últimas elecciones y se presta atención a su origen social, tenemos que Chinchilla, como digan representante imperialista no era sino representante del capital financiero internacional fusionada con los intereses de la burguesía más clásica del país, en detrimento de otras alas del PLN como Jhonny Araya, Rolando Araya, o Alvarez Desanti, representantes de sectores agrícolas medios y de alta burocracia estatal.

Luis Guillermo Solís, presidente PAC, viene de la burocracia estatal, de los sectores más acomodados de la UCR y también de ser funcionario de Liberación. Carlos Alvarado, si bien es cierto no tiene exactamente el mismo origen social, pues antes de ser presidente no tenía oficio conocido, tiende a rodearse de personal político de origen similar al de Solís, incluyendo a Patricia Mora. Por el peso del imperialismo en el país, este partido giró y finalmente se convirtió en representante de las altas finanzas.

Fabricio Alvarado por su parte representa el poder relativo ganado por las iglesias neopentecostales. El peso que han ganado las iglesias en la vida política es evidente sobre todo con la participación en segunda ronda de Fabricio Alvarado en 2018. Sin embargo, cuando ha intentado ofrecer un programa político más consolidado, también ha girado directamente hacia posiciones que lo colocan como representante del capital financiero imperialista.

Villalta es representante de aquellas clases medias (aristocracia obrera estatal y pequeños empresarios) que están quedando casi siempre desacoplados de las cadenas globales de valorización. Sin embargo en el intento por ganar más espacio político, el FA ha dado un importante giro a la derecha, sobre todo en lo referente al capital financiero imperialista, donde ha llegado a sostener la posibilidad de negociar con el FMI (embelleciendo dicha institución responsable del saqueo y el hambre en múltiples países del mundo) o la posición de Sofía Guillén de enviar las pensiones de docentes a la bolsa de Wall Street.

La derecha liberal representa a otro sector de las clases medias, vinculado a las cadenas globales de valor, y por tanto representan el sector más sometido al capital financiero internacional.

Finalmente, este 2022 la segunda ronda nos deja dos figuras que en su configuración actual son representantes directos del capital financiero internacional y esto no solo en el plano de las representaciones políticas, sino que Figueres y Cháves en los últimos años habían sido burócratas en las instituciones financieras internacionales.

Como se puede apreciar la crisis orgánica, la crisis de hegemonía burguesa, se expresa en un fortalecimiento relativo de las altas finanzas, las iglesias y las burocracias estatales.

11. Los límites de la crisis orgánica expresados en las elecciones

Como vimos, una de las características de la crisis orgánica es que prevalece la debilidad organizativa de la clase trabajadora y otras clases subalternas que pueden ser progresistas. Y esto no sería la excepción en el país.

La clase trabajadora ha dado importantes luchas en el periodo que vemos, y más atrás incluso. Sin embargo las direcciones sindicales no han tenido una orientación adecuada para llevar esas luchas a la victoria, como la huelga del 2018, la más grande desde 1934. Otras clases subalternas han tenido el mismo problema, por ejemplo en las movilizaciones de Rescate Nacional en 2020, que por un momento hicieron retroceder el acuerdo con el FMI, pero que por iniciativa de la propia dirección política de Rescate Nacional salieron de las calles no ya negociando con el Gobierno, sino negociando directamente con las cámaras empresariales. Sobra decir que después el mismo Gobierno y las cámaras empresariales impulsaron el mismo acuerdo con el FMI, una vez las cosas estuvieron un poco más calmadas.

Esta debilidad organizativa relativa se aprecia, en nuestra opinión, en el hecho de que, a pesar de la debilidad real de las opciones que pretenden dirigir el estado costarricense, la confianza en la democracia burguesa y en el voto en términos generales se mantiene.

Mucho se ha hablado de que la abstención electoral es la más alta desde 1958 y más en general la más alta de toda la segunda república, llegando al 40%. Si bien es cierto no se puede hablar de las elecciones del 2022 como una “fiesta democrática” como han intentado vender alguna intelectualidad del país, sin embargo los datos están lejos de otros países donde la crisis de hegemonía son mucho más profundos, como Colombia o Chile, países que han vivido rebeliones en los últimos años.

En Chile el abstencionismo en noviembre del 2021, cuando resultó electo Boric, fue del 53%. En Colombia hace apenas unas semanas el abstencionismo fue de cerca del 55%.

En este sentido parecen haber dos tendencias electorales en la realidad costarricense: por un lado un lento declive de la confianza en los partidos políticos que se expresa en las elecciones anteriores y que dio un pequeño salto en el 2022, pero por otro lado una relativa confianza en las elecciones democrático-burguesas como mecanismo para dirimir quién debe dirigir el país.

Al no haber caído drásticamente de manera absoluta la desconfianza en los partidos, pero al mismo tiempo darse saltos electorales importantes que indican cambios de ánimos significativos en el electorado, creemos que se puede sostener, que ha habido un fenómeno combinado de voto castigo y de voto por el mal menor, que explican el incremento de votos para los partidos en segundas rondas, el retroceso relativo de Liberación, los saltos del PAC, de la derecha religiosa, de la derecha liberal y del FA. También explican el traslado de esos votos a otras alternativas.

12. Algunas perspectivas del futuro político

Todos los elementos que hemos asociado a la crisis orgánica de Gramsci parece que se profundizarán en el futuro y no existe la posibilidad, al menos hoy, de que quien resulte electo presidente, sea Figueres o Chaves, tenga la capacidad de recomponer al hegemonía burguesa. Lo mismo para la Asamblea Legislativa, que no es sino la suma de representaciones minoritarias en la política del país.

Nada puede hacer el nuevo ejecutivo ni el parlamento ante el conflicto entre China y Estados Unidos. No puede detener ni enmendar el entramado del comercio mundial. Por tanto no pueden aportar respuestas “holísticas” a las diversas clases sociales y por ello la desigualdad social, así como el desempleo, la precarización del trabajo y la proletarización de clases medias no podrán revertirse, más bien se profundizarán, de manera más o menos lenta dependiendo de cómo se muevan los hilos de la política y la economía internacional.

En ese sentido, la búsqueda de un hombre fuerte que unifique a la burguesía, el mayor peso del capital financiero internacional, el mayor peso de la burocracia estatal, etc. parecen ser tendencias que se mantendrán en el futuro inmediato.

Los nuevos vientos de guerra podrían acelerar todas estas tendencias. Eso significa mayor empobrecimiento de todas las clases sociales no burguesas.

Ante este hecho es fundamental que la clase trabajadora dé pasos de autoorganización, creando un espacio donde la izquierda, las direcciones sindicales y representantes de la base trabajadora del país, desde el cual podamos enfrentar el próximo ajuste del FMI así como todos los diversos ataques que vendrán del próximo gobierno.

Más en general las y los revolucionarios apostamos por la construcción de un Partido Socialista Revolucionario que plantee la perspectiva de un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre, que solucione todos los problemas estructurales que atraviesa la sociedad costarricense, desde la dependencia económica al imperialismo (por ejemplo el no pago a la deuda externa y el rechazo a los acuerdos con el FMI) y la desigualdad social, pasando por solucionar las reivindicaciones democráticas como los derechos de las mujeres, el acceso a la tierra para campesinos y comunidades originarias, resolviendo el desempleo y la precarización reduciendo la jornada laboral a seis horas y garantizar así que todos trabajen sin que haya reducción del salario. Llamamos a incorporarse a la construcción de dicho partido, como parte de la unidad de diversas organizaciones que impulsa la red internacional de La Izquierda Diario, en 14 países en 7 idiomas.




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