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Entrevista.Golpe en Sudán: "África necesita una segunda liberación"

Conversamos con el historiador africanista Omer Freixa, docente de la UBA y la UNTREF, investigador, y escritor en proyectos españoles como “África no es un país” del diario El país, para conocer en profundidad la situación en Sudán, pero también tener un panorama sobre el continente africano, cuyas opiniones pueden ser de interés para nuestros lectores.

Santiago Montag@SalvadorSoler10

Miércoles 3 de noviembre | 16:11

El lunes 25 de octubre se produjo un golpe de Estado en Sudán por parte del Ejército, dirigido por el general Abdel Fattah al-Burhan, contra el ala civil del Gobierno encabezado por Abdalla Hamdok, en medio del llamado proceso “transición a la democracia”. Este mismo fue un acuerdo entre quienes se ubicaron como dirección del proceso de movilizaciones iniciadas en 2018 (llamadas las “revueltas del pan”) que finalmente hicieron estallar a la dictadura vitalicia de Omar al-Bashir. Luego de su caída el Ejército mantuvo el poder enfrentándose a las masas que reclamaron durante casi un año por un Gobierno 100% civil resistiendo en la plaza principal de la capital Jartum.

El liderazgo de la Alianza por la Libertad y el Cambio fue abandonando a lo largo de la lucha los reclamos principales de las movilizaciones hasta llegar a un acuerdo con los militares de reparto del poder hasta llamar a elecciones en 2022. La clave estuvo en haber dejado en manos del Ejército el monopolio de las armas, los negocios estratégicos y el comando de la política internacional. Desde un comienzo la convivencia entre ambas alas, la civil y la militar, fue escabrosa hasta llegar a la situación del golpe actual.

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Para conocer en profundidad sobre la situación en Sudán en particular, pero también tener un panorama sobre el continente africano en general, conversamos con el historiador africanista Omer Freixa, docente en la UBA y la UNTREF, es investigador y escritor en diversos proyectos españoles como “África no es un país” del diario El país, Mundo Negro, Africaye, Fundación Sur, y además es columnista en Infobae.

La Izquierda Diario:Desde hacia un tiempo el ala militar y el ala civil del gobierno se venían enfrentando, incluso con movilizaciones callejeras tanto de un lado como del otro. Qué visión tenés sobre los últimos sucesos en Sudán desde el golpe de Estado del pasado lunes? Cómo venía la situación durante el último tiempo en país que se encontraba en una “transición a la democracia”?

Omer Freixa: Realmente la transición hacia una democracia puede ser capciosa en Sudán, pues el país ha vivido entre la dictadura y la guerra civil la mayoría de su vida independiente, casi no ha gozado de democracia en el sentido cabal del término. El golpe del pasado lunes 25 confirma una vez más una característica presente en la esencia del país, el peso de los militares desde su independencia, quienes han intervenido decenas de veces, desde intentonas hasta golpes consumados como en 1958, 1969, 1989, etc. La alianza entre militares y civiles era bastante incómoda, era cuestión de tiempo para que los primeros de deshagan del ala civil. El 21 de septiembre pasado una facción del ejército, presuntamente vinculada al exdictador Omar al-Bashir, intentó tomar el poder por las armas aunque la intentona fue desbaratada. Además tuvo lugar una marcha reciente en favor del General Burhan, el hombre fuerte desde el inicio de la transición, pero que ya ocupaba un lugar importante durante el mandato de Bashir. Con todos aquellos antecedentes, no puede tomar por sorpresa a nadie lo ocurrido el pasado 25.

De haber una verdadera transición democrática - eso aún no se sabe pues el destino es incierto - lo confirmado es que el golpe de hace días dio marcha atrás con buenas medidas de carácter reformista para invertir lo más nefasto de la prolongada dictadura precedente, como la mejora en los derechos hacia la mujer, el desmantelamiento de los aspectos más oprobiosos en la vida cotidiana de un régimen islamista y, en materia de política exterior, la consolidación de relaciones con actores importantes como Egipto, Arabia Saudita, el Estado de Israel o los Estados Unidos, todo ello una reversión visible de la condición sudanesa de paria impuesta en la etapa dictatorial previa.

Para salir del predominio castrense la hoja de ruta debe contemplar la alternativa de un régimen democrático en el que el mando militar solo se comprometa a defender la democracia y no tutelarla... o directamente avasallarla, como sucedió en Egipto. Esto último es lo que venía ocurriendo en Sudán hacía dos años y medio, los militares estaban esperando el momento justo para boicotear la transición y, luego de una suerte de ultimátum, Burhan lo hizo supuestamente en complicidad de potencias externas.

LID: Hemos visto que varias organizaciones sociales como la Asociación de Profesionales de Sudán (que aglutinan a varios sindicatos), muchas que forman parte de ala civil del Goberno de Transición y que jugaron un rol en el 2019, llamaron a resistir. Cómo ves a la resistencia popular? Si la tuvieras que comparar con el 2019? Qué cambios hubo en la relación entre las sociedad y el gobierno civil?

O. F.: La protesta civil no ha menguado. Ni bien producido el golpe reciente, activistas y manifestantes salieron a protestar de forma parecida a como lo hicieran previo a la caída de Bashir, desde finales de 2018. El saldo ha sido trágico en ambas ocasiones pues la reacción estatal, sea un gobierno militar o uno de transición conjunto, ha sido la misma, la represión aunque más atemperada estos últimos días. Es decir, tanto en 2019 como en el presente la sociedad civil es capaz de convocar protestas con gran capacidad de convocatoria a lo largo de toda la nación. También la economía y las condiciones de vida empujan a la movilización. Desde el coletazo en 2011 representado por la independencia de Sudán del Sur que despojó a Sudán del 75% de su producción petrolera, si el catalizador para el inicio de la protesta contra Bashir fue el precio del pan, a más de dos años la situación económica no ha mejorado, en 2020 Sudán fue el tercer país con mayor inflación del mundo, superando el 160% anual, en una palabra una economía que se va deteriorando conforme el paso de los años. Por ejemplo, la inflación en 2012 fue del 47% hasta noviembre de ese año pero en 2013 descendió.

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En resumen, pese a que Burhan haya prometido el restablecimiento del gobierno civil y elecciones a año y medio, y negociara con el depuesto Premier Hamdok, mucho se teme que este militar termine traicionando sus palabras y encare una salida como la del vecino al-Sisi en Egipto. No obstante, a diferencia de lo ocurrido en el país vecino desde el golpe de Estado de 2013, los resguardos son, en primer lugar, un amplio apoyo civil al gobierno de transición y, en segundo término, mucha mayor desconfianza hacia los militares y las facciones islamistas simpatizantes de estos.

LID: Algunos analistas indican que habrían fuerzas internacionales detrás del golpe. Cual es tu opinión? Qué vínculo puede tener con la posición de Sudán a nivel internacional y particularmente en el conflicto con Etiopía alrededor de la Represa del Renacimiento?

O. F.: Es cierto el apoyo de ciertas potencias regionales al golpismo sudanés, como son los casos de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y el vecino Egipto, o los poderes mucho mayores de China y Rusia, estos últimos dos ansiosos por no interrumpir suculentos negocios con un aliado. En el caso de los países del Golfo Pérsico el acercamiento está signado por el envío de respaldo militar del Sudán a la guerra que se vive en Yemen, y un marcado acercamiento a Washington pese a que este hubiera condenado el golpe del día 25, a diferencia de Israel que recibió bien el movimiento de Burhan.

Por su parte, El Cairo ha encontrado un aliado fundamental en el sureño para reclamar los derechos de aprovechamiento sobre las aguas del Nilo a raíz de la construcción avanzada de la Gran Represa del Renacimiento Etíope que Egipto y Sudán ven como una amenaza y que pone en jaque a todo el noreste africano, disputa que ya conllevó algunos intentos de arbitraje no muy satisfactorios hasta ahora. Egipto necesita un apoyo más decidido de Sudán para reforzar sus reclamos frente al gobierno etíope y Burhan parece partidario de una política mucho más agresiva frente a los pleitos limítrofes que su país sostiene frente a Addis Ababa.

LID: Venimos viendo que varios países de África están atravesando situaciones complejas. Desde luchas de masas contra los gobiernos (como en Nigeria u Argelia), hasta golpes de Estado o la lucha contra organizaciones islámicas radicales; así como la reorganizacion de la internvencion de Francia en el Sahel; intervenciones militares de Rusia; inversiones Chinas e incluso turcas; así como profundos problemas socio-económicos relacionados al cambio climático como la desertización del Sahel. Cómo ves la situación en África más en general en relación a esta competencia global entre las grandes potencias? Qué visión tenés y qué perspectivas ves para el continente?

O. F.: Las perspectivas de cara a los años que vienen no son para nada buenas pese a que nunca sea del todo preciso hacer pronósticos sobre una realidad tan diversa y gigante. Más allá de las variables internas, África necesita una segunda liberación, esta vez del neocolonialismo. El peso chino es gigantesco, por caso, y están ingresando nuevos actores, como Turquía o Israel, y aquellos que perdieron terreno en el pasado hoy lo están queriendo recuperar, Rusia el caso más ilustrativo.

Por su parte, las potencias tradicionales y exmetrópolis como Gran Bretaña y Francia no tienen ninguna intención en retirarse pese a que la competencia sea más acusada. Los gobiernos africanos deberían trabajar sus propias agendas y no depender de la injerencia o la ayuda externa. Un síntoma de esto último es la forma en que, ni bien producido el golpe en Sudán, Estados Unidos lo primero que hizo fue castigar con la suspensión de ayuda para el desarrollo, congelando empréstitos. Por ahí suene muy utópico pero lo que se necesita es un "África para los africanos". El rumbo pareciera ser todo lo contrario, riquezas que no son aprovechadas por sus sociedades. Por ahora, el desborde en la contención de un fenómeno tan peligroso como el radicalismo islámico indica que los países afectados son aún sumamente dependientes de la cooperación internacional. No todo es la intervención foránea y la forma en que el continente se relaciona con el exterior, pero es una variable que explica gran parte de la realidad local. Tampoco es la idea que Occidente siempre deba salir al rescate de los pueblos africanos pero la secuencia se sigue imponiendo.

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