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Red Internacional

En una carta dirigida a Alberto Fernández, la exministra de Seguridad lanzó una serie de definiciones sólo buscando polarizar. No negó su colaboración con el golpismo trasandino, aunque expuso datos oficiales para embretar lo hecho por el Frente de Todos una vez asumida la presidencia en diciembre de 2019.

Lunes 12 de julio | 11:32
Foto La Pluma

Este lunes la exministra de Seguridad Patricia Bullrich publicó en sus redes sociales una carta abierta dirigida al presidente Alberto Fernánez. Lo hizo casi cuatro días después de que el canciller de Bolivia Rogelio Mayta denunciara desde La Paz el envío de armas y municiones por parte del gobierno de Mauricio Macri al país trasandino durante el golpe de Estado encabezado por Jeanine Áñez luego de la renuncia de Evo Morales, en noviembre de 2019.

En la misiva, titulada “Respuesta al informe del Ministerio de Seguridad - ‘Dolor y vergüenza’”, la presidenta del PRO comienza cuestionando a Fernández por haberle pedido públicamente disculpas al presidente boliviano Luis Arce “por una acusada colaboración del gobierno argentino” con “las fuerzas que perpetraron” un golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales.

“Dolor y vergüenza causa la imprudencia, la impudicia y la velocidad con las que usted compromete al Estado Argentino al reconocer semejante acusación sin la mínima indagación ni prueba, por el solo hecho de que en ese momento gobernaba el país un presidente de un partido diferente al suyo”, dice Bullrich. Y agrega que el gobierno que integró, “a diferencia del actual que usted preside, en todo momento ha apoyado la democracia en el continente”.

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Luego la exministra pasa a justificar el envío de gendarmes, armas y pertrechos represivos tras la renuncia de Morales a la presidencia de Bolivia, ocurrida el 10 de noviembre de 2019. “Bolivia quedó sumida en el caos”, afirma citando a la prensa de los países imperialistas como la Deutsche Welle, Reuters y El País. Y en ese sentido dice que “el gobierno del presidente Mauricio Macri cumplió con su deber de resguardar la Embajada Argentina en Bolivia, protección que alcanzó no sólo al señor embajador y personal diplomático, sino también a dos ministros renunciantes del gobierno del señor Evo Morales”.

Según ella, todo lo hecho por su Ministerio, sus gendarmes y el resto de la gestión macrista en torno al golpe de Estado fue correcto, legal y necesario. Y realza los dichos del exjefe de la Fuerza Aérea de Bolivia Jorge Gonzalo Terceros, quien afirma que la carta de agradecimiento a la embajada argentina en La Paz por el suministro de municiones y material antitumulto, fechada el 13 de noviembre y que lleva su firma, es falsa.

Luego directamente culpa a la gestión del Frente de Todos, apelando a información oficial. Por caso, dice que el 15 de julio de 2020, “en la rendición de cuentas de Servicio Administrativo Financiero de la Gendarmería Nacional, se informa que la Agrupación Fuerzas Especiales de GNA, durante su permanencia en Bolivia, ‘ha brindado seguridad a la Embajada Argentina en el Estado Plurinacional de Bolivia durante los meses de noviembre de 2019 hasta junio de 2020’”.

A su vez, en esa rendición de Gendarmería se afirmaría que “a los efectos de mantener y acrecentar las capacidades, se realizaron ejercicios de entrenamiento y prácticas de tiro con el armamento que fuera llevado en la comisión”. Hechos ocurridos ya en épocas de Fernández y de Sabina Frederic a cargo del Ministerio de Seguridad.

“Resultaría importante entonces que las actuales autoridades y no las anteriores respondan de qué modo controlaron las operaciones que se llevaban a cabo en Bolivia”, retruca Bullrich, ya que a ella y a Macri sólo les cabría la responsabilidad de lo hecho durante pocos días antes de entregar el gobierno. “Las autoridades de vuestro gobierno tuvieron un año y siete meses para controlar a los efectivos que estaban prestando funciones en el Estado Plurinacional de Bolivia y después pedir cuentas del material empleado. Resulta asombroso que sólo ahora, ante una carta cuya autenticidad ha sido además desmentida por el supuesto autor, su gobierno se ocupe del asunto”, acusa.

Al final de la carta Bullrich termina demostrando el verdadero motivo de su mensaje. Al tiempo que le exige “una mayor diligencia antes de comprometer el honor de la nación pidiendo disculpas injustificadamente”, le enrostra “el dolor al que el pueblo argentino está sometido por el duelo de miles de muertes que no deberían haber ocurrido, por el pésimo manejo de una pandemia que la casi totalidad de los países han encarado de mejor manera, por la quiebra y la pobreza”.

Y cierra afirmando que “en pocos días este asunto” se aclarará por completo y “los argentinos habremos comprobado una vez más hasta qué punto usted ha degradado la institución presidencial y ha llenado a su nación de dolor y de vergüenza”.

Todo lo dicho por Bullrich no deja de sorprender. Primero por el hecho de que esas palabras provienen de una apologista de la represión a todo tipo de manifestaciones populares y de reclamos sociales. En Argentina ella justificó, aún mintiendo y ocultando información, los crímenes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel en el marco de los reclamos históricos de las comunidades mapuches en la Patagonia. También planificó y ejecutó represiones brutales contra miles de manifestantes frente al Congreso en el marco de la reforma jubilatoria. Y hasta justificó la ejecución sumaria de jóvenes por parte de la Policía con su “doctrina Chocobar”.

Pero tampoco sorprende que ella busque ubicarse del lado de la “democracia” y así justifique sus apoyos a golpes de Estado como el de las Fuerzas Armadas bolivianas que terminó sentando a Añez en sillón presidencial. También fue una férrea defensora del golpe institucional contra el PT en Brasil y del gobierno del ultraderechista Bolsonaro. Y obviamente banca a muerte al Estado racista de Israel. Todos procesos que incluyen impunes masacres de inocentes por parte de las fuerzas represivas estatales.

En definitiva, todo lo que afirme o niegue Patricia Bullrich merece la mayor de las sospechas, siempre. En todo caso sus acusaciones contra el gobierno de Alberto Fernández deben ser tomadas como parte de la disputa de posiciones entre las dos coaliciones políticas mayoritarias del país, ambas defensoras del “republicano” sistema capitalista que destina armas, ejércitos y tecnología de punta para someter a la población trabajadora en función de los intereses de las minorías que se apropian de las riquezas sociales.

En ese sentido, en algo no miente Bullrich. El actual gobierno argentino puede pedirle disculpas a su par boliviano por la colaboración del Estado con el golpe perpetrado en noviembre de 2019. Pero es muy dudoso que tanto el presidente como, aún más, su ministra Sabina Frederic se hayan desayunado del escándalo el jueves a la noche por televisión, cuando el canciller dio la conferencia de prensa.

De hecho este lunes, mientras Bullrich publicaba su carta por las redes, el Gobierno difundió la noticia de que Gendarmería hizo desaparecer de su inventario el material bélico enviado a Bolivia en aquella oportunidad. Eso se constata a través de documentos de esa fuerza represiva nacional enviados a la Agencia Nacional de Material Controlado (Anmac) e internos donde se afirmaba que todo ese arsenal había sido usado por el Grupo Alacrán en La Plaz y que por eso debía darse de baja en el inventario oficial. Un movimiento que no podría haber estado nunca por fuera del registro de Frederic y sus subalternos en la Gendarmería.




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