Economía

Golpe al bolsillo: tarifazo de gas

La Ciudad de la Furia: Bronca popular al recibir boletas de gas con aumentos de hasta el 670%. En agosto entró en vigencia el último de los tres aumentos dispuestos por Kicillof y De Vido, cuando en abril anunciaron una reducción de subsidios a la energía. Los subsidios crecieron un 80% en el primer semestre del año con la importación de gas de Bolivia y ultramar.

Viernes 5 de septiembre de 2014 | Edición del día

Tan solo unos pocos días después del gran paro nacional del 28 de agosto, que fue un importante pronunciamiento del descontento de los trabajadores por la inflación, los despidos, las suspensiones y el impuesto al salario, el Jefe de Gabinete Jorge Capitanich justificó esta mañana el tarifazo de gas, que en algunos casos llega a más del 600%, y que se suma a los aumentos en el transporte público, alimentos, naftas, entre otros. Tuvo el mal gusto también de hacerlo casi en simultáneo con el accionar de la Gendarmería contra los trabajadores de Lear en Panamericana que piden solución para las más de 60 familias que continúan en la calle.

La pesada deuda energética de hoy

Lejos de la realidad de los trabajadores, el Jefe de Gabinete señaló que los tarifazos se deben a un aumento en el consumo. En sus declaraciones señaló que "el sistema de incentivos era que quien disminuía el consumo tenía un mantenimiento desde el punto de vista del sostenimiento de la tarifa, por lo tanto es un incremento notorio del punto de vista del consumo". O sea que de acuerdo a Capitanich, los culpables de los aumentos son los trabajadores que usan el gas para calefaccionar sus hogares o cocinar.

Capitanich, continuó con su relato de ficción, cuando afirmó que “"la evolución de la tarifa de gas es sustancialmente menor a la evolución de los salarios". En la ciudad de Buenos Aires la población de menor consumo también deberá hacer un esfuerzo mayor para pagar sus facturas. El incremento del mes pasado para ellos fue de 25% con respecto a junio y de 207% desde marzo. Le recordemos al Jefe de Gabinete que su gobierno subió un miserable 31% el salario mínimo, vital y móvil.

Los hogares porteños que más consumen, por ejemplo, significan una suba de 57% con respecto a junio y de 676% desde marzo pasado. Los usuarios del resto del país, de ese mismo nivel de demanda, tendrán un incremento similar. En el Norte del país las facturas de Julio llegaron con subas del 300%.
Detrás de este nuevo tarifazo del gobierno se esconde un nuevo fracaso en materia energética, tal como anunciamos en ID a raíz de la última suba de naftas del lunes pasado. El gobierno ante la imposibilidad de lograr la llegada de inversiones al sector petrolero, tras el default del 31 de julio, pacta subas de los combustibles como vía de financiar las inversiones necesarias, cuando los dólares son cada vez más escasos en la economía argentina. A los “buitres” petroleros les reasegura un precio de la nafta que cubre la devaluación pasada como la inflación esperada hacia finales de año, como afirmó, el presidente de Shell Argentina, Aranguren.
La suba del gas, es parte de un plan de recorte de subsidios anunciado por Kicillof – De Vido en abril. Esta medida encontró en la devaluación del peso de Enero pasado, un límite para ahorrar dólares que se destinan a importar energía, provocando una nueva disparada de los subsidios. Según la propia Enarsa, en los primeros seis meses del año, el gas importado de Bolivia y de ultramar, utilizó 21.500 millones de pesos, casi 80% más que en el mismo período del año pasado. El Plan Gas, empleó 4095 millones de pesos en subsidios a las petroleras. Y a las transportadoras de gas también se le autorizaron aumentos de tarifas.

En el sector eléctrico, Cammesa, la compañía administradora del mercado eléctrico mayorista y responsable de las importaciones de combustibles líquidos, empleó 39.560 millones de pesos transferidos por el Estado, casi el doble que en el mismo período del año anterior.

La propuesta del gobierno de reducir el consumo como requisito para no pagar el aumento, suena a una burla, ya que está diciendo que los trabajadores dejen de cocinar, calentar sus hogares y bañarse con agua caliente. Más aún cuando los funcionarios ganan sueldos por encima de los 50 mil pesos como Capitanich.

La crisis energética es una de los peores legados que deja el gobierno, producto de una política permisiva con la desirversión empresaria y que pretendió tapar los problemas con subsidios. El resultado, el costo se descarga sobre los ya maltrechos bolsillos de los trabajadores.







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