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Gobierno español vuelve a extender el estado de alarma y tambalea la “unidad nacional”

Es la cuarta prórroga y su votación en el Parlamento pone en riesgo la unidad nacional que los principales partidos del Régimen vienen sosteniendo frente a la pandemia.

Ivan Vela

@Ivan_Borvba

Miércoles 6 de mayo | 21:39

La cuarta prórroga del Estado de alarma aprobada este miércoles en el Congreso de los Diputados acabó por dilapidar la “unidad nacional” que desde el inicio de la pandemia se ha reclamado desde la Moncloa y que la oposición ha seguido a regañadientes.

La jornada parlamentaria de este miércoles, más corta que en ocasiones previas, terminó por romper un difícil equilibrio que daba muestras de quebrarse desde hacía varias semanas atrás.

Los números finales que el portavoz del grupo socialista en el Congreso, Rafael Simancas, ha sacado a relucir en redes sociales como muestra de fortaleza, son más bien el resultado de un plan improvisado por Moncloa en las últimas 48 horas y además tiene poco margen de progresar mucho más allá de esta prórroga.

Los datos duros han dejado la votación dividida en 78 votos a favor, 75 en contra y 97 abstenciones. PSOE, Podemos, Ciudadanos, PNV, Más País, CC, PRC y Teruel Existe han apoyado la prórroga. Por su parte el Partido Popular se ha abstenido mientras que ERC, JxCat, Vox y la CUP han votado en contra por muy diferentes razones.

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En cuanto al relato planteado desde el estrado no hubo ninguna novedad. El PSOE ha defendido su gestión, esa que ha llevado al Estado español a ser el país con más muertes por millón de habitantes. Incluso a fecha de hoy mantiene a la mayoría del personal sanitario sin los insumos más básicos garantizados, poniéndonos en la primera plaza en el ranking de países con más personal sanitario infectado. Por no olvidar los cientos de miles de trabajadores suspendidos mediante ERTEs (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) que aún no han cobrado las prestaciones y acumulan prácticamente 2 meses y medio sin ingresos. Acciones, todas ellas, que obviamente no han sido criticadas ni lo más mínimo por Unidas Podemos de Pablo Iglesias.

Por su parte el Partido Popular, a través de su líder Pablo Casado, ha defendido su abstención asegurando que las concesiones arrancadas especialmente por Ciudadanos eran motivo para no votar en contra, pero asegurando que no habrá una quinta votación favorable.

Dentro del grupo de partidos que votó negativo llama la atención Vox, un partido amante de las fuerzas policiales y militares, racista y homófobo que ahora reclama ser el máximo la defensor de las libertades democráticas. Además que en su disputa con Casado por el electorado de derecha, vuelve a presionar al Partido Popular amenazando con ser el impulsor de una moción de censura.

Estalla “el bloque de la investidura”

La sesión certificó lo que durante las últimas semanas se intuía, la ruptura entre la agrupación independentista catalana ERC y el PSOE. En la anterior votación para prorrogar el Estado de alarma el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, advirtió que era “la abstención más cercana a un no” que iban a realizar. Y así ha sido.

Desde ERC han reclamado dos puntos para seguir avanzando que no han sido atendidos, no al menos en el grado que los republicanos catalanes esperaban para ofrecer su voto favorable. El primero de ellos es el restablecimiento de la mesa bilateral entre Moncloa y Generalitat para reactivar la mesa de negociación (si es que algún día la hubo) en torno a la “cuestión catalana”.

La mesa de negociación que acordó con ERC siempre fue un tema incómodo para el Partido Socialista que lo gestionó con la máxima ambigüedad posible cuando se trataba de fijar los aspectos a negociar, pero que por contra siempre definió claramente lo que no era negociable, es decir, el democrático derecho del pueblo catalán a decidir sobre su futuro.

Fue una mala carta que tuvo que jugar producto de la aritmética parlamentaria que dejaron los últimos comicios Generales y que durante la crisis del coronavirus no estaba dispuesto usar. Menos cuando la receta de “unidad nacional” enarbolada desde Moncloa requería de las votaciones favorables del Partido Popular y Ciudadanos.

Sumado a esto, la obsesión de Sánchez y su Ejecutivo ha sido, y es, mantener el mando único en la gestión de la crisis, algo que desde Cataluña le han increpado desde el inicio. ERC ha recordado a Sánchez que existen otras vías legales para acometer la desescalada y que son totalmente compatibles con la cogobernanza que muchas autonomías reclaman.

Desde la bancada socialista, con el “sí” garantizado para esta ocasión, se han limitado a afirmar que el 85% de las propuestas autonómicas “se han incluido en el plan de desescalada”.

La unidad nacional se resquebraja

El otro pilar sobre el cual el Gobierno ha sostenido su política frente a la crisis del coronavirus ha sido el llamamiento a la unidad nacional. A ese llamamiento se unió el Partido Popular con ligeros reproches ya desde el primer día.

Pero también esa pata se ha quebrado en esta sesión para la cuarta prórroga. El Partido Popular, que amenazó en las horas previas con votar en contra, acabó absteniéndose por las concesiones conseguidas por Ciudadanos, especialmente la relacionada con desvincular las ayudas económicas a PYMES y autónomos del Estado de alarma.

La ruptura de la unidad es un problema central para el Régimen monárquico en el marco de la crisis que se avecina y con un sistema de partidos en crisis permanente desde el 2015.

Y esto sin olvidar los casos de corrupción de la Corona que la han deslegitimado frente las grandes masas como hacía años que no ocurría. En plena pandemia, sendos estudios de La Sexta y El Español dejan con peor valoración a la Familia Real que a la Iglesia Católica o los propios políticos.

Con este cóctel, una unidad entre el PSOE y el Partido Popular se hace indispensable para el Régimen para afrontar con cierta fortaleza parlamentaria las nuevas medidas de ajuste que están por venir contra el pueblo trabajador y los sectores populares, tal y como sucedería en la crisis financiera del 2008.

Pero ni siquiera esto está garantizado con la actual posición del PP y tras dejar congelada la “mesa de reconstrucción” por la que apostaba el PSOE.

La crisis económica y social que se dibuja en los próximos meses amenaza con abrir un periodo de mayor lucha de clases y estallidos sociales que por el momento el confinamiento por la pandemia y las leves medidas sociales del Gobierno retrasando, pero llegara más pronto que tarde. Se espera una nueva caída de casi 5% del PIB (que dejaría en un 10% la caída total del PIB producto del coronavirus) y un aumento de entorno al 6 y 8% del desempleo. Frente a esta situación el Régimen del 78, con sus partidos y la Corona al frente, llegan fuertemente desgastados.

Las organizaciones de los trabajadores y la izquierda anticapitalista tenemos el desafío y el deber de prepararnos para esta próxima etapa.

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