A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA

Generalizar la experiencia revolucionaria de la clase obrera

El Primer Congreso de la Tercera Internacional se realizó entre el 2 y el 6 de marzo de 1919. Las conclusiones de la reciente revolución alemana será una de las claves de sus debates.

Nora Dragún

Ediciones IPS-CEIP / No Docente UNLP - Agrupación El Frente

Lunes 6 de marzo | 00:00

Algunos aspectos de los debates del 1° Congreso de la III Internacional (1919)

El Primer Congreso se reunió en Moscú entre el 2 y el 6 de marzo de 1919. Allí, Trotsky presentó su borrador del “Manifiesto de la Internacional Comunista a los obreros del mundo” (1) y se aprobaron las tesis de Lenin sobre la democracia burguesa y la dictadura proletaria (2), que tomaban en cuenta la experiencia de la revolución alemana de 1918-19 y las discusiones sobre la relación entre la democracia parlamentaria y los consejos obreros, a muy pocos días de la derrota de esta revolución, que se consumó en forma “democrática” con una Asamblea Constituyente, como contamos en dos artículos anteriores de esta serie, aquí y aquí y que fue un aspecto muy presente en este Congreso.

“Hace 72 años el Partido Comunista proclamó su programa al mundo en la forma de un manifiesto redactado por los más grandes heraldos de la revolución proletaria, Karl Marx y Friedrich Engels”. Así comienza el Manifiesto escrito por Trotsky, que asevera más adelante “Nosotros, los comunistas, representantes del proletariado revolucionario de los distintos países de Europa, América y Asia, reunidos en el Moscú soviético, nos sentimos y consideramos herederos y realizadores de la causa cuyo programa fue afirmado hace 72 años”.

Este Primer Congreso, realizado en medio de las terribles consecuencias de la Primera Guerra Mundial con sus secuelas de destrucción y pauperización, y la guerra civil en Rusia luego de la revolución, se planteó la tarea fundamental de generalizar la experiencia revolucionaria de la clase obrera y la batalla sin descanso contra el oportunismo de los partidos socialdemócratas, imperante entre las filas obreras debido al rol de estas organizaciones que apenas dos años antes de la guerra amenazaban a la burguesía con hacer la revolución, y que ésta caería sobre ellos como un castigo proletario, pero que, sin embargo, luego de que la catástrofe bélica estallara, se ubicaron a la rastra de sus respectivos gobiernos como carne de cañón de los intereses imperialistas.

Las contradicciones del sistema capitalista que se desencadenaron en esta contienda mundial resolvieron de un solo golpe las controversias académicas planteadas sobre si era posible la transición gradual hacia el socialismo, cuya máxima expresión se dio dentro de la socialdemocracia alemana seguida por el resto de los partidos de la II Internacional. La guerra imperialista barrió con todo lo conquistado en luchas sindicales y parlamentarias, y los oportunistas que antes de la misma llamaban a los trabajadores a la moderación, ahora levantaban frente a ella la defensa nacional.

Los Estados nacionales que impulsaron el desarrollo capitalista se volvieron un límite para el desarrollo de las fuerzas productivas, el delicado equilibrio entre ellos se rompió por la Guerra, y las colonias fueron el botín. El fermento revolucionario que se despertó fue enorme y la cuestión colonial prioritaria para los revolucionarios. “¡Esclavos coloniales de África y Asia! ¡La hora de la dictadura proletaria en Europa será para ustedes la de su propia emancipación!” pronunciaba el Manifiesto.

La guerra imperialista, que lanzó una nación contra la otra, cedió paso a la guerra civil de clase contra clase y los partidos comunistas tuvieron que estar a la altura de la situación para asegurar la victoria y reducir el número de víctimas. En ese sentido y a modo de ejemplo está el Ejército Rojo. Es tema de debate también en este Congreso la experiencia y el rol que jugó el Ejército Rojo en la Rusia proletaria.

Otra gran tarea de este primer Congreso fue preparar a los partidos comunistas, débiles aún, para la toma del poder ya que caracterizaban que la agitación política entre las masas iba a intensificarse constantemente.

En cuanto a la experiencia de los soviets en Rusia el manifiesto plantea. “El proletariado ha creado un nuevo tipo de organización, una organización amplia que incluye a las masas trabajadoras independientemente de su oficio o del nivel de desarrollo político alcanzado; un aparato flexible que permite la renovación y extensión constante; capaz de atraer a su órbita a nuevas capas; que abre sus puertas de par en par a los trabajadores de la ciudad y el campo ligados al proletariado. Esta organización irremplazable de gobierno de la clase obrera, de lucha por la conquista el poder, ha sido probada ya en varios países y constituye la conquista y arma más poderosa con que cuenta el proletariado de nuestra época”.

Desde los orígenes del movimiento socialista, los obreros avanzados, comprendiendo las tareas comunes de su clase, han puesto en pie organizaciones internacionales. La Asociación Internacional de los Trabajadores (conocida luego como “I Internacional”), de Marx y Engels en 1864, la Internacional Socialista en 1889, la Internacional Comunista en 1919 y la IV Internacional fundada por Trotsky en 1938.

El Manifiesto fundacional de la Internacional Comunista concluye: “Si la I Internacional anunció el curso futuro de los acontecimientos e indicó el camino. Si la II nucleó y organizó a millones de trabajadores. La III es la Internacional de la acción de masas abierta, la Internacional de la realización revolucionaria, la Internacional del hecho”. Y culmina “bajo las banderas de los soviets obreros, bajo la bandera de la lucha revolucionaria por el poder y la dictadura del proletariado, bajo la bandera de la III Internacional: ¡Proletarios del mundo, uníos!”

En el marco de una gran ola de simpatía que se daba en diferentes países por el triunfo de la Revolución Rusa Lenin se despedirá de los congresistas diciendo: “El movimiento a favor de los soviets se extiende cada vez más lejos... La victoria de la revolución proletaria está asegurada en el mundo entero: la constitución de la República Soviética Internacional está en marcha”.

Notas:

1. “Manifiesto de la Internacional Comunista a los obreros del mundo”, 6/3/1919, en León Trotsky, Los cinco primeros años de la Internacional Comunista, Ediciones IPS-CEIP, Bs. As., 2016.
2. Se pueden leer en volumen 2 de sus Obras Selectas, publicadas por Ediciones IPS-CEIP, 2012.








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