Política

LIBERTADES DEMOCRÁTICAS

Gendarmería con gatillo fácil

Fueron enviados a patrullar los barrios de distintas ciudades. En todas replicaron la misma práctica que las policías. Torturan y gatillan contra los jóvenes pobres.

Rosa D'Alesio

@rosaquiara

Gloria Pagés

Hermana de desaparecidos | CeProDH | @Gloria_Pages

Sábado 28 de julio de 2018 | Edición del día

Entre Cristina Fernández de Kirchner y Patricia Bullrich hay muchas diferencias, pero comparte la buena estima que tienen a la Gendarmería. Una fuerza genocida formada en la Escuela de las Américas, donde se forman los asesinos y genocidas.
Para conocer más sobre la historia de esta fuerza, continuamos con las investigaciones que venimos publicando en este diario que ya difundimos.

El gobierno de Cristina de Kirchner resolvió el conflicto de los sin techos militarizando los barrios populares. La creación del Ministerio de Seguridad al mando de Nilda Garré, fue una respuesta reaccionaria a la ocupación del Parque Indoamericano, cuando más 1.400 familias sin techo reclamaban el derecho a la vivienda. Tres personas fueron asesinadas por la tarea conjunta de la Federal y la Metropolitana.
Después del conflicto del Indoamericano lanzaron los operativos Centinela y Cinturón Sur. Un plan de ocupación con gendarmes y prefectos en el conurbano bonaerense y la zona sur de los barrios porteños, para ejercer la función de policía y desplazar a las desprestigiadas Bonaerense y Federal. Pero sobre todo con el objetivo de aumentar el control, la persecución y la represión contra habitantes de los barrios humildes. Y para esto la Gendarmería utilizará idéntico protocolo de represión, ¿el saldo? un sinfín de casos de pibes asesinados o torturados por esta fuerza que tanto defienden Cristina de Kirchner como Patricia Bullrich.

Operativo Centinela y Cinturón Sur

En 2010, mientras Nilda Garré estaba al frente del Ministerio de Seguridad, la presidente Cristina Kirchner por decreto, ordenaba el plan Operativo Centinela, éste plan llevó efectivos de la Prefectura Naval y la Gendarmería a todo el conurbano bonaerense.

Al año siguiente, en julio de 2011, se ponía en marcha el Plan Unidad Cinturón Sur a través de otro decreto presidencial. El mismo, se basaba en la presencia de más de 9.000 gendarmes instalados en los barrios más humildes del conurbano cercaron los alrededores de villas como Fuerte Apache y La Cava, hostigando a los sectores más desposeídos que residen en zonas “calientes” como la villa 1.11.14 del Bajo Flores y la villa Rodrigo de La Boca, área bajo dominio de la Prefectura.

También, desde el Ministerio de Seguridad de la Nación, desplegaron gendarmes en otras ciudades como Rosario, Santa Cruz, Chubut, en las líneas del ferrocarril Sarmiento y Mitre y en las rutas nacionales. La Gendarmería Nacional Argentina (GNA) se convirtió así en la fuerza preferida también por el kirchnerismo.
La corrupción y la brutalidad policial van de la mano. Casos como los de Luciano Arruga se extiende a todo el país. Esto explica, en parte, cierto consenso que despertó en su momento la presencia de la GNA entre los mayores.

Sin embargo, a partir de estos planes la Gendarmería y Prefectura irrumpieron, como podía ser de otro modo, en la práctica del gatillo fácil, sumándole así más experiencia a su currículo represor, en el que contaba con especializaciones en torturar durante la dictadura (una práctica que nunca abandonaron como veremos más adelante), y en los gobiernos constitucionales a la represión, le agregaron la infiltración y el espionaje a mnaifestantes como el Proyecto X.

El despliegue de las fuerzas de seguridad en las ciudades forma parte de la vida cotidiana. Patrullajes con armas largas. Razzias en los colectivos. Ingreso de fuerzas federales a escuelas o universidades. Todo esto en nombre de la seguridad.
Los resultados lo desmienten. Sólo entre 2013 y 2014, la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin) pudo registrar 42 denuncias contra la GNA por detenciones ilegítimas en las garitas y, en el 86% por ciento de los casos, las víctimas fueron niños, niñas y adolescentes. Además, de acuerdo a relatos recabados, se supo que en ese período los gendarmes torturaron e incomunicaron, por lo menos, a 53 personas. Y cerca de 100 jóvenes fueron asesinados en todo el país por el gatillo fácil de esta fuerza de ocupación barrial.

Es así como gendarmes y prefectos, que hoy comparten el control territorial con las policías, irrumpieron en el ámbito del gatillo fácil. Mientras que el crimen organizado se mantiene en pie, porque justamente están integradas las fuerzas de seguridad.
Veamos un ejemplo. En septiembre del año pasado llegó a la Ciudad de Rosario más de 1500 miembros de Gendarmería Nacional llegarán, supuestamente para “combatir el delito”. Sin embargo cinco efectivos de la fuerza fueron detenidos por conformar una banda delictiva. La banda de los “boqueteros” realizaba robos. Operaba en la zona de Pompeya, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El cabecilla de la banda había sido exonerado por un delito previo, el resto estaban en función, destinados al control de la zona donde realizaban su actividad criminal.
Esta fuerza de seguridad fue elegida para controlar el territorio rosarino, contrarrestando el peso de la Policía santafesina, duramente cuestionada por corrupción y complicidad con el narcotráfico.

Si a este episodio se le suman los cientos de denuncias que tienen en las fronteras del país los gendarmes, involucrado en cuanto tráfico ilegal hay, se podrá entender que la buena imagen que tienen ante la población fue solo momentánea. Ni bien pisan nuevos “territorios”, aparecen las denuncias y las violaciones a las libertades democráticas.

Cambiemos apuesta a la continuidad

Bajo el Gobierno de Cambiemos, el 29 de enero de 2016, los gendarmes del Plan Cinturón Sur arremetieron a balazos de goma y plomo contra los integrantes de una murga de la Villa 1-11-14. Once personas resultaron heridas, entre ellas varios niños.

Sobre ese hecho, el director de los gendarmes, José Otero, quien integra la fuerza desde la dictadura, negó lo ocurrido mientras que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, subió fotos a las redes sociales junto a efectivos supuestamente heridos. Nuevamente la ministra mintió para proteger a la gendarmería, como hoy lo hace ante la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

En octubre del año pasado, en la legislatura porteña se realizó una conferencia organizadas por la Red de Organizaciones Contra la Violencia Institucional y de la que participó el legislador Patricio del Corro (PTS FIT). Allí se denunció el accionar de esta fuerza en conjunto con la Policía y la Prefectura en las zonas más vulnerables de la Ciudad de Buenos Aires.

El 7 de junio de este año gendarmes y policías de la Ciudad ingresaron armados a la Universidad Tecnológica Nacional. Ingresaron a los baños públicos, hicieron compras en el buffet con sus respectivas armas. Este accionar va contra la Ley de Educación Superior Nº 24.521 sancionada y promulgada en 1995, que establece que "la fuerza pública no puede ingresar en las instituciones universitarias nacionales si no media orden escrita previa y fundada de juez competente o solicitud expresa de la autoridad universitaria legítimamente constituida". En este caso, el único objetivo es amedrentar a los estudiantes.

El 13 de julio de 2017 efectivos de la Gendarmería Nacional rodearon la planta de la empresa PepsiCo Snacks, ubicada en la localidad bonaerense de Florida, donde despidieron a 700 personas, para desalojar a los trabajadores que reclamaban su reincorporación. Hubo heridos y detenidos. Horas más, a través de un vídeo se vio como los gendarmes se retiraban con "bolsas de Pepsi".

Hace dos días, en la localidad bonaerense de Moreno, en el marco del amplio repudio que hay contra esta fuerza por la desaparición forzada de Santiago Maldonado, Gendarmería irrumpió en la protesta que se estaba llevando adelante en la escuela Media N° 6 Juana Azurduy, intimidando a docentes y estudiantes en una toma pacífica. Además filmaba a los presentes y les solicitaba que se identifiquen.
La expresidenta Cristina Fernández podrá decir que "la Gendarmería que está hoy, es la misma que estaba en el 2015. Cambió el que le da las órdenes, porque las fuerzas reciben órdenes. A Dios lo que es de Dios, al César lo que es del César", y la ministra de Seguridad podrá repetir incansablemente que confía en esta fuerza porque ya no es la misma de la dictadura.

Lo cierto es que su papel, como parte del aparato represivo del Estado capitalista, es el empleo de la fuerza contra los que se rebelan. Son entrenados y formados en una ideología y una disciplina que justifica defensa del capital y los terratenientes. La desaparición de Maldonado se inscribe en esta función.

Este artículo fue publicado originalmente el 1ro de septiembre de 2017







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