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Red Internacional

Debate. Garcia Linera en la UNGS: Los problemas de la universidad en el siglo XXI

El pasado 29 de abril en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) Álvaro Garcia Linera presentó una compilación de conferencias, artículos y entrevistas, pronunciadas por él mientras fue Vicepresidente de Bolivia. En la conversación toca distintos temas con los que debatiremos, desde el rol del conocimiento, los problemas concretos que ve para la universidad pública y la política.

Gabriel AltRed de trabajadores precarizadxs, informales y desocupados | Norte GBA

Marco BalbiGraduado Lic. en Comunicación (UNGS)

Domingo 29 de mayo | 22:05
@coqueinchaurre

El ex vicepresidente de Bolivia visitó la UNGS, en donde presentó un compilado de sus conferencias, desarrolladas durante sus 13 años al frente del gobierno boliviano junto con Evo Morales. Este compilado se titula “Álvaro García Linera. Para lxs que vendrán: crítica y revolución en el siglo XXI”. Se realizó una exposición con el propio Linera como protagonista, en diálogo con la Rectora y actual funcionaria del Ministerio de Educación, Gabriela Diker y la directora del Centro Cultural de la UNGS, Maria Pia López.

En la presente, nos proponemos presentar brevemente el pensamiento de AGL acerca de cuál es el rol que tienen que cumplir las universidades como productoras de conocimiento en general y de pensamiento crítico en particular. Esto último (pensamiento crítico) AGL lo considera un insumo para dar una “batalla cultural”, una disputa por las ideas y el sentido común. Esta cuestión, la relación entre universidad y “batalla cultural”, va a ser retomada por la rectora de la UNGS Gabriela Diker con la siguiente pregunta:

¿En qué consiste el compromiso político de una Universidad? ¿Cómo participamos de la lucha cultural necesaria para sostener un proceso de transformación?
Es con la respuesta de AGL que buscamos hacer un contrapunto.

Como adelantamos al principio de la nota, para AGL la universidad es un espacio central de disputa con los sectores conservadores en la que él considera una batalla cultural. La forma de encarar esta disputa la podemos ver en dos bandas que se relacionan, desde el conocimiento que pueden brindar los docentes como “profesionales de las ideas” y en las políticas o lineamientos de “gobierno” que tiene la universidad para sus propios integrantes y la sociedad.

Desde el punto de vista de AGL, el intelectual es el actor que cuenta con el pensamiento crítico más acabado, el que debe buscar conocer y entender lo que está pasando, para saber con qué herramientas e ideas se puede “empujar” hacia posiciones más radicales a las demandas que surgen de las bases.

AGL parte de la idea de que en las instituciones pueden convivir una política “material” con otra “cultural” o “crítica” según la necesidad del gobierno progresista. Lo podemos ver más claramente en los problemas que tiene planteada la siguiente afirmación, contra la que buscamos polemizar:

“Muchos jóvenes de origen popular vienen con la perspectiva del ascenso social: “mi padre no fue a la universidad y le pagaban poco, yo quiero ir a la universidad para que me paguen más y quiero ir a la universidad para que luego pueda tener quizás mi empresita y quizás poder ahorrar y tener mi propia casita” y tú no puedes decirle oye no, vas a ser explotado por el capitalista si estás pensando en eso. Dale a ese joven lo mejor de su expectativa”.

A García Linera le preocupa que las expectativas que lleva a los jóvenes a realizar una carrera no se concreten por las herramientas que brinda la universidad. Incluso opina que el problema de la frustración debe poder ser explicada por el intelectual "y no que se vaya hacia el lado conservador”. Esta cuestión va a ocupar un lugar central para AGL, ya que sostiene que la derrota del progresismo frente a los partidos de derecha se explica porque hay una "fosilización de la propuesta progresista que no logra entender los resultados de su propia acción”. En pocas palabras el "progresismo", según el, crea una clase media que una vez que se conforma como tal, en búsqueda de seguir con el camino del ascenso social, apuesta a la derecha que habla que el individuo puede seguir desarrollándose económica y culturalmente en una sociedad donde lo importante no sea lo colectivo sino el propio mérito individual (contrario a lo que para él pregona el progresismo).

El problema que parece no ver AGL, concretamente por el caso de la universidad, es que como planteó Juan Carlos Portantiero en los ’70, que aún podemos reafirmar en pleno sigo XXI es el siguiente:

“La contradicción de fondo operante en la universidad latinoamericana, que contribuye a modificar la figura social del estudiante y su comportamiento político potencial, al menos en los países de mayor desarrollo relativo del continente, es la que se deriva de los desajustes entre la creciente masificación de la enseñanza superior (…) y las dificultades que enfrenta el sistema para dar a los estudiantes, una vez egresados, una vía de ascenso social” [1]

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En otras palabras, la universidad de masas se transformó en una institución costosa en términos materiales para el capitalismo, en tanto productora de una enorme cantidad de mano de obra calificada imposible de ser absorbida por el sistema. Es decir que no alcanza con brindar el mejor conocimiento que se pueda dar. Sin embargo, esta idea de hacer más “atractivos” técnicamente a los graduados de las universidades va a implicar adecuar cada vez más los planes de estudio a las necesidades del mercado y a la búsqueda de aumento de la productividad que persiguen los capitalistas.

El problema que tiene la propuesta de AGL, es que hace una separación entre los sentidos comunes que se construyen ("lo cultural"), de la dinámica material que tiene la universidad. Lo vamos a ver más claramente en el próximo fragmento de la conferencia:

La universidad debe brindar “la herramienta técnica para que seas un excelente operario de industria y también dar el conocimiento (pensamiento crítico) para que pienses que quizás la mejor forma de mejorar sea siendo un buen operario y ser una persona sindicalizada o luchadora que pide los derechos” [...] “hay otra oportunidad, qué tal si algún día sin necesidad de tanto sacrificio el señor Volkswagen te paga el triple de lo que te paga hoy, se lleva menos ganancia (que tiene mucha) y te da parte de la ganancia porque es tu derecho”.

El planteo de AGL parte de la base de opinar que en Volkswagen los trabajadores pueden tener “pensamiento crítico” sin que esto implique represalias inmediatas por parte de la patronal y el sindicato. Sobre esto no vamos a desarrollar más, pero hay ejemplos sabidos de persecución laboral en esa planta y otras de la rama automotriz.

Sin embargo, en los hechos el supuesto “pensamiento crítico” que se ofrece es muy cuestionable. Hoy en líneas generales el conocimiento y los convenios están orientados hacia el mercado. En algunas universidades ni siquiera hay libertad de cátedra. La Ley de Educación Superior, que permite la injerencia de las empresas a través de los convenios, no se tocó en lo esencial durante las gestiones de los gobiernos kirchneristas.

Es aún más cuestionable que la calificación para multinacionales sea una “demanda que hacen los estudiantes” cómo dice AGL al plantear que el conocimiento técnico para entrar por ejemplo en Volkswagen es un planteo que hay que escuchar y sobre lo que hay que actuar) cuando la mayoría de la población universitaria, los estudiantes, somos la minoría en los órganos de gobierno teniendo en cuenta que los espacios para debatir la orientación de la universidad son limitados, donde tienen preponderancia la casta de funcionarios que la dirigen. Pareciera que alcanza con el “oído” para determinar cuáles son las demandas de los estudiantes.

Por dar un ejemplo, ¿fueron los estudiantes los que votaron tener convenios con empresas como Fabricaciones Militares tal como sucedió en UNGS? Que hoy los estudiantes tengan pasantías precarizadoras para contribuir al material bélico que utiliza el Estado a través de la policía (muchas veces incluso contra los propios amigos o familiares de los estudiantes que viven en los barrios de trabajadores y que llegan por primera vez a la universidad) fue decidido y votado por las autoridades a través del Consejo Superior -aunque la rectora plantee que se “democratizó”, los estudiantes siguen siendo una pequeña parte del gobierno universitario-. Un salto en este sentido y que muestra que el kirchnerismo hace una apropiación puramente retórica de la democratización de los órganos de gobierno universitarios y la participación estudiantil en los mismos es que para las próximas elecciones, la gestión proscribió a la lista que conformamos desde la izquierda, que es la única oposición en el claustro estudiantil. De continuar esta proscripción, en los hechos habría una "elección"de lista única en el claustro estudiantil (afín a la gestión universitaria y el gobierno del Frente de Todos a nivel nacional y provincial).

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Podemos mencionar como ejemplos un convenio similar como el que la universidad tiene con Roemmers, el laboratorio que amasó fortunas en la pandemia lucrando con la salud y la vida de los trabajadores, o u otros que posee con las automotrices que están discutiendo aumentar la productividad y junto con ello los ritmos de trabajo para aumentar sus ganancias en detrimento de las condiciones y derechos laborales. ¿Nuestro aporte cómo universitarios sería cómo aumentar los ritmos de producción a nuestros padres o familiares que trabajan en las fábricas a cambio de que lleguen a fin de mes y nosotros sostengamos una pasantía precarizadora?

¿Por qué el hecho de que el conocimiento de la universidad se utilice para esto parece incuestionable?

En un país donde el 40% es pobre, ¿Por qué poner el conocimiento al servicio de estas multinacionales? ¿Por qué no cuestionar para qué se utiliza la tecnología, si es para explotar a más trabajadores y generar más ganancia? ¿Hay otros caminos posibles para la tecnología, el conocimiento y las herramientas que tenemos los estudiantes?

Otro aspecto que es fundamental pensar, es que además desde las universidad con el conocimiento que se produce, se moldean sentidos comunes y se hace ideología que luego se refleja en la sociedad, por el lugar de prestigio que ocupan estas instituciones. Se busca quitarle el filo cuestionador a quienes transitamos los pasillos todos los días. En este caso, cómo vimos con los distintos convenios, es claro que se busca la aceptación de que el conocimiento esté puesto en función de la explotación capitalista, fomentando el individualismo, dónde cada uno se arregla por su cuenta, lejos de cualquier perspectiva colectiva.

El problema es que para AGL se puede criticar los límites de la universidad actual sin proponerse superar la sociedad de clases. La pretensión de los “progresistas” es transformar a la universidad mediante “modelos” que la hagan “inclusiva”, “democrática”, “nacional y popular”. La contradicción es que es en los marcos de un sistema segregador, administrado por una democracia para ricos, en una economía dependiente del imperialismo y el FMI y atado a las leyes del mercado, es suponer que la universidad puede superar su crisis y las contradicciones sociales que la atraviesan “en una sola institución”.

Para realmente transformar la universidad se debe cuestionar en primer lugar, que todo el conocimiento tenga como objetivo aumentar la ganancia “del señor Volkswagen”, y que los avances tecnológicos que, por ejemplo, permitirían reducir la jornada laboral tengan como fin explotar cada vez más a los trabajadores, por más horas y dejar a todo un sector de la población desocupada.

Transformar la universidad actual implica establecer una crítica y un plan de acción contra la sociedad de clases que sostiene los aspectos más reaccionarios de estas instituciones como vía para pensar una producción de conocimiento liberada de las trabas que impone el capitalismo para su verdadero desarrollo. Es decir, conlleva pelear por una universidad al servicio de los trabajadores, en donde ser estudiante universitario no sea un privilegio ni una vía para la diferenciación social y también pelear contra ese sentido común que está socialmente aceptado. Te recomendamos ver la entrevista a distintos militantes universitarios de la juventud del PTS, que sale en el dossier junto con esta nota donde se desarrolla como se está llevando adelante esta pelea en distintas universidades, sobre todo te sugerimos ver la entrevista a Franco que además de ser estudiante de la Universidad Nacional de Gral. Sarmiento es obrero de Madygraf, que ejemplifica también como el conocimiento que se produce en la universidad puede estar a disposición de aportar al sostenimiento de una gestión obrera.

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Siguiendo con el debate, si el contenido de las carreras que se dictan en la universidad no estuviesen pensados desde la lógica del capitalismo, la expansión de los campos sería exponencial. En lugar de basarse en que lo que aumentan sean las ganancias de una minoría, se podría aplicar para pensar el pleno desarrollo humano, incompatible con las leyes del mercado. Por eso, la lucha por una universidad de los trabajadores está íntimamente ligada a la lucha contra la clase capitalista que obtura este desarrollo en función de sus ganancias.

Tomamos como ejemplo a los obreros de Madygraf que pusieron la fábrica a producir bajo control obrero demostrando que los trabajadores no necesitamos capitalistas que nos exploten, que somos los trabajadores los que hacemos que las fábricas funcionen. Y los estudiantes de UNGS que armaron una comisión interdisciplinaria de apoyo con sus conocimientos, conquistaron que haya prácticas pre profesionales en Madygraf, de colaboración mutua donde los estudiantes de ingeniería se podían graduar poniendo sus conocimientos en práctica a la vez que aportan al avance de la gestión obrera.

Gabriela Diker plantea que la UNGS se trata de una “universidad plebeya”, haciendo alusión -a que está abierta a los hijos de trabajadores y que se adapta a las condiciones de sus estudiantes. Lo que le daría la condición de plebeya es que una gran parte de los estudiantes de la UNGS son trabajadores precarizados. El censorealizado previo a la pandemia ya arrojaba datos terribles: más del 35% de los estudiantes no tenían cobertura médica, más del 31% se encontraba desocupado, entre otros. Pero como desarrollamos en la nota, la política de la universidad está lejos de alentar a que los estudiantes precarios desarrollen sus carreras. Sin embargo, en los miles de jóvenes precarios que asisten a la universidad está la fuerza, y apostamos a unificar a sectores del movimiento estudiantil con los trabajadores. Mediante esta unidad, apostamos a luchar por la reducción de la jornada laboral, aportando los conocimientos técnicos que tiene la universidad y luchando en las calles codo a codo.

Desde el PTS y nuestras agrupaciones luchamos por que el conocimiento que produce la universidad esté destinado a mejorar las condiciones materiales de vida y de trabajo de la sociedad y no de un puñado de empresarios y banqueros que amasan fortunas en base a la miseria de una gran mayoría. Creemos que hay que hacer una transformación radical de esta sociedad. Por eso, el cuestionamiento de la universidad nos lleva también a cuestionar la sociedad en la que vivimos. Y a luchar por una sociedad distinta donde no exista explotación ni opresión.

La juventud, el movimiento de mujeres podrían unirse a la clase obrera, que tiene en sus manos la producción para aportar su conocimiento en la transformación hacia una sociedad socialista. Nos inspiramos en la juventud del Cordobazo, en el Tucumanazo, en el Rosariazo y en las gestas que nos muestran que es posible construir esa unidad.


[1Portantiero, J.C., Estudiantes y política en América Latina. El proceso de la reforma universitaria (1918-1938), Buenos Aires, Siglo XXI, 1978.





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