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Franco Basaglia y el rol de “la locura” en la sociedad actual

Este 29 de agosto se cumplen 36 años del fallecimiento de Franco Basaglia, referente de la lucha antimanicomial. Aquí ponemos en debate algunas de sus concepciones, las cuales se nos presentan, más que nunca, con extrema vigencia.

Lucio Prieto

Estudiante de Psicología, Universidad Nacional de Rosario

Domingo 28 de agosto de 2016 | 00:00

Franco Basaglia fue uno de los principales exponentes de lo que se denominó psiquiatría democrática, que se desarrolló en las décadas del 60 y 70 en Italia, en el marco del ascenso de luchas obreras conocido como “otoño caliente”. Fue parte de la vanguardia de trabajadores de la salud mental que se puso a la cabeza de pensar una sociedad sin manicomios, sin encierros, y a fin de cuentas, que pudiera incluir a aquellos que suelen ser patologizados y excluidos de la sociedad.

Sus reflexiones se nos presentan como ineludibles en un marco donde, si bien en nuestro país existe toda una tradición de lucha antimanicomial de larga data con idas y vueltas, nos encontramos ante una avanzada reaccionaria de aquellos sectores que se resisten a la aplicación de los aspectos progresivos de la Ley Nacional de Salud Mental que, aun siendo una solución de compromiso con la corporación médico-psiquiátrica (dando lugar por ejemplo a la privatización del sector), los incluye. Es aquí donde cobran plena vigencia las palabras de Basaglia, quien afirmaba, basándose en la experiencia italiana: “la ley sobre la psiquiatría no constituye la solución al problema de la salud mental. Lo importante es que estas leyes nacieron por la presión de movimientos populares que obligaron al parlamento a aprobarlas” (Basaglia, Franco, La condena de ser loco y pobre. Alternativas al manicomio, Editorial topia 2013, p.72)

El psiquiatra italiano entendía que como mecanismo de autodefensa, la sociedad se proponía racionalizar aquello que se presenta como irracional, y así es como aparece el manicomio. El concepto de locura se nos presenta como algo abstracto, pero en tanto es etiquetado, patologizado, esa persona se transforma en enfermo mental, y está claro el lugar que les compete, el manicomio. Ahora puede ser aceptado por la sociedad racional. Aquí radica para Basaglia el rol normalizador de las instituciones manicomiales, en estabilizar y encerrar aquello que se nos presenta como diferente.

Pero este no es el único rol de los manicomios que sale a la luz, Basaglia afirma que la verdadera razón de los encierros en estas instituciones no es su condición de “enfermo mental” sino de pobres, la psiquiatría de internación funciona como una ayuda al Estado para controlar la marginalidad social. Al respecto el psiquiatra italiano afirmaba: “¿para qué sirven las instituciones? Evidentemente no sirven para tutelar al ciudadano sino para defender y conserva el estado. El estado de derecho defiende a quien tiene, de quien no tiene” (Ídem, p. 122)

Pero Basaglia va aún más allá, el centro de la cuestión radica en controlar a la clase trabajadora que no entra en el sistema de producción, que no genera ganancia. Esto deja a las claras que el problema de la opresión no tiene que ver solo con el enfermo mental o con el manicomio, sino con la estructura social en su totalidad. Y se expresa en cada lugar al que frecuentamos: la escuela, la universidad, el trabajo, no es una cuestión aislada. Las instituciones son una red destinada a defender la estructura de un Estado encargado de cuidar los intereses de unos pocos, de detrimento de la gran mayoría, la clase trabajadora, la cual es destinada a rebalsar los manicomios y demás instituciones, como las clínicas minimanicomiales que vemos proliferar ante el desguace del sector público, cuyo único fin es represivo.

Entonces, en última instancia, la solución al problema de la enfermedad mental pasa por la supresión de estas instituciones represivas, y por sobre todo, el Estado, y su correlato, la sociedad de clases. Por ello Basaglia afirmaba: “Es necesario que nosotros, como técnicos, nos unamos a la clase que quiere realmente la emancipación de la sociedad, es decir la clase obrera. Porque si no hay clase obrera que lleve adelante nuestro discurso, nosotros terminamos siendo predicadores, santos” (Ídem, p. 85)

Es desde aquí que el legado de Basaglia cobra plena vigencia. La lucha antimanicomial es indefectiblemente anticapitalista e implica llevar día a día una lucha cotidiana en este sentido, ligándonos a la clase obrera y a todos los sectores oprimidos para llevar a buen puerto nuestras objetivos y lograr la emancipación del ser humano y el fin de la alienación capitalista.







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