Política

RELACIONES PELIGROSAS

Francisco y los encubridores del atentado a la AMIA

Hace dos semanas familiares de víctimas del atentado a la AMIA fueron al Vaticano a pedirle a Bergoglio que los ayude a buscar verdad y justicia. Pero el actual Papa mantiene una amistad de años con dos fiscales procesados por encubrir la masacre de la mutual judía.

Daniel Satur

@saturnetroc

Martes 3 de marzo de 2015 | Edición del día

Foto: Eamon Mullen, Jorge Bergoglio y José Barbaccia (Facebook de Mullen)

El 18 de febrero, en el marco de la crisis abierta por la muerte de Alberto Nisman, se realizó la masiva “marcha del silencio” convocada por un grupo de fiscales opositores al gobierno. Ese mismo día, pero a once mil kilómetros de Buenos Aires, un grupo de familiares de víctimas del atentado a la AMIA se reunía con el Papa Francisco. El encuentro pasó casi desapercibido, pero su significado político no es menor. Sobre todo por la historia que une a Bergoglio con algunos de los implicados en el encubrimiento de la masacre de la AMIA.

El motivo del encuentro no era acceder a las palabras de Francisco como líder espiritual, sino hacerle algunos pedidos como político influyente a nivel mundial. Un encuentro con el que la Agrupación de Familiares 18J, de estrecha relación con el gobierno, buscó una fotografía junto al “Papa peronista” el mismo día en que muchos bergoglianos marchaban bajo la lluvia contra Cristina.

Si bien la cita en el Vaticano se concretó en “tiempo récord” (la Agrupación 18J la había solicitado apenas siete días antes), el encuentro duró unos pocos minutos y se hizo mientras Francisco recorría y saludaba a la feligresía católica en la Plaza San Pedro. De todos modos para Sergio Burstein y el resto de los asistentes el encuentro sirvió "para pedirle un mensaje de paz ante los momentos que se están viviendo" en Argentina, en donde se "habla de violencia y de desunión".

En concreto el pedido a Francisco fue para que "interceda, como Papa, ante el Estado iraní, para que ponga a derecho a quienes son requeridos por la Justicia argentina" en la causa por la voladura de la AMIA en 1994. Se trata, nada menos, que de la famosa "pista iraní" creada por Antonio "Jaime" Stiuso y Alberto Nisman a pedido de la CIA y el Mossad y sostenida durante una década por los gobiernos de Néstor y Cristina.

Burstein también le solicitó a Francisco que "hable con el Estado israelí" para que permita que el exembajador en Argentina Itzhak Aviran dé su testimonio ante la Justicia para explicar "por qué dijo ’nosotros sabemos quiénes fueron y ya están descansando en paz’".

Dos pedidos que, sin dudas, no se le hacen a cualquiera.

Sergio Burstein y el Papa Francisco el pasado 18 de febrero en El Vaticano
Sergio Burstein y el Papa Francisco el pasado 18 de febrero en El Vaticano

Un detalle singular: Burstein reconoció ante la agencia estatal Télam que “la fecha en que nos recibió Francisco no es ninguna casualidad. Nosotros siempre nos opusimos a esta marcha que convocan aquellos que lo hacen en defensa propia y que siempre le faltaron el respeto a Nisman".

Lo curioso es que en el encuentro Bergoglio se limitó a decir sólo unas pocas palabras. "De mí esperen todo, voy a hacer todo lo que pueda", sentenció, regalándole así una frase al kirchnerismo que no tardó en utilizarla para recrear la idea de que el Papa está muy cerca, al menos en este asunto, del gobierno y sus aliados.

Amigos son los amigos

Más allá de las palabras, la ubicación de Bergoglio respecto a la masacre de la AMIA resulta un poco más controvertida, sobre todo porque mantiene hasta la actualidad estrechos lazos con algunos importantes personajes involucrados en el encubrimiento del atentado.

El exarzobispo de Buenos Aires tiene una añeja relación nada menos que con Eamon Mullen y José Barbaccia, los dos fiscales que tuvieron a cargo la investigación del atentado y que hoy están procesados no sólo por no haber investigado sino por haber fraguado pruebas y armado pistas falsas en pos de desviar el caso hasta un punto muerto. Ambos, junto al expresidente Carlos Menem, el exjuez Juan José Galeano, el extitular de la DAIA Rubén Beraja, el exjefe de la SIDE menemista Hugo Anzorreguy, el excomisario “Fino” Palacios y otros imputados deberán enfrentar este año (si nada se interpone) el juicio por encubrimiento del atentado a la mutual judía en 1994. Un proceso judicial que arrancó en 2003, tras el fracaso del primer juicio por la masacre.

Después de aquel infausto juicio se procesó al entonces presidente de la nación, a funcionarios políticos y judiciales y hasta al mismo presidente de la institución judía más influyente (DAIA). En el caso de Mullen y Barbaccia, se los acusó de “privación abusiva de la libertad agravada, peculado y coacción” en torno al episodio en el que ellos, Galeano, el reducidor de autos Carlos Telleldín, la policía Bonaerense y la SIDE se entremezclaron en un lodazal del que, obviamente, no podía salir ningún elemento de verdad ni de justicia.

El mismo año 2003, luego de hacerse públicos el apartamiento y la imputación de Mullen y Barbaccia, el entonces Cardenal Jorge Bergoglio les mandó una carta solidarizándose con ellos y apoyándolos en tan difícil momento. Según allegados a los exfiscales, en esa carta (que nunca se hizo pública pero fue incorporada al expediente), Bergoglio les reconocía “su labor” en la investigación y les enviaba palabras de contención.

"¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma?"

Pasados varios años, la relación entre Bergoglio, Mullen y Barbaccia parece no haberse enfriado. Ya convertido en Francisco, el viejo amigo los recibió en el Vaticano en enero de 2014 y tuvo una larga reunión con ellos en privado. Un gesto y un trato bien diferentes a los dados por el Papa a Sergio Burstein y la Agrupación 18J el pasado 18 de febrero.

Tan emocionados quedaron los exfiscales con ese encuentro que unas pocas horas después ya habían subido a las redes sociales la fotografía que los muestra sonrientes junto al sumo pontífice. Una imagen que, claro está, no sería publicada si contara con la aprobación de Bergoglio y las oficinas de seguridad del Vaticano.

Por si fuera poco, y casi como en un desafío a quienes se desviven por ganarse la simpatía de Francisco, el año pasado los procesados Mullen y Barbaccia propusieron que el excardenal sea citado como testigo de parte en el próximo juicio. Bajo una categoría particular, la de “testigo de concepto”, que no tiene incidencia directa en el juicio sino que la persona es interrogada y brinda su punto de vista sobre los acusados. Si bien se da por descontado que el Tribunal Oral Federal 2 no “molestará” al Papa con una citación de ese tipo, la maniobra de Mullen y Barbaccia muestra una amistad de años que nadie parece preocupado en ocultar.

En medio de la grave crisis política abierta por la muerte de Nisman (quien curiosamente compartió con Mullen y Barbaccia aquella "investigación" pero logró eludir todo tipo de imputación), hoy Francisco parece dispuesto a recibir a todas y todos y brindarles sus rezos por igual. Pero, más allá de toda mística, cuando se trata de cuestiones un poco más terrenas el viejo Bergoglio parece estar dispuesto a dar señales inconfundibles.







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