Internacional

EL PAPA EN CHILE

Francisco llama a la "unidad" en el marco del conflicto mapuche

En la homilía en el aeropuerto de Maquehue en Temuco, al sur del país, llegaron unas 200.000 personas, en un discurso con un hipócrita llamado a la unidad.

Miércoles 17 de enero de 2018 | Edición del día

Unas 200.000 personas habrían participado de la misa con el Papa Francisco en las afueras de la IX Región de la Araucanía, en Temuco, al sur de Chile, en el aeródromo de Maquehue. Fue este lugar que sirvió como centro de tortura y prisión en la ditadura, que llevó a Francisco señalar un reconociminto a “todos los que sufrieron y murieron, y a todos los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias”.

Se esperaba que asistan unas 350.000 personas, sin embargo, habrían participado cerca de 200.000.

La visita del Papa se da en el marco de ataques incendiarios a iglesias en la zona en la madrugada de ayer, y en el marco de las crecientes tensiones por el conflicto mapuche, la militarización de la zona por parte del Estado y Carabineros, y la ofensiva judicial y criminalizadora contra autoridades del mundo mapuche en los marcos de la Ley Anti-Terrorista de la dictadura.

En este marco, el Papa tuvo que señalar, recordando una conocida canción de Violeta Parra: ‘Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar’”, refiriéndose al histórico conflicto mapuche en la zona.

En la misa llamó a la "unidad de los pueblos", que no "será una uniformidad asfixiante que nace normalmente del predominio y la fuerza del más fuerte, ni tampoco una separación que no reconozca la bondad de los demás”. Intentó hacer un reconocimiento y saludo al pueblo mapuche y llamó a la unidad: "La unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos".

Sin embargo, ni el Papa ni la Iglesia siquiera ha respondido la carta que envió la machi Francisca Linconao (imputada por el caso Lucksinger McKay, y cumpliendo arraigo nacional y detención domiciliaria), ni se reunió con comunidades en conflicto que solicitaban reunirse con él, y al final de la misa, trató por igual la violencia del Estado opresor y su criminalización contra el pueblo mapuche, y la resistencia frente a la violencia del Estado de sus comunidades. “Existen dos formas de violencia que más que impulsar los procesos de unidad y reconciliación terminan amenazándolos. En primer lugar debemos estar atentos a la elaboración de bellos acuerdos que nunca llegan a concretarse."

Llamó a terminar con la violencia de cualquiera de "las dos formas": “No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro (...). La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”. No es casual que todos los medios derechistas salieran a marcar esas frases "contra la violencia" buscando apuntarla directamente al pueblo mapuche.

Así, el Papa en su misa, jugó a ambos bandos para la reconciliación, poniendo un signo igual al oprimido pueblo mapuche, sus luchas y reivindicaciones; y la opresión estatal y de empresarios (terratenientes, grandes forestales, grandes agricultores, etc.), que casi militarizaron la zona antes de su llegada con más de 4.000 policías (agregados a los 1.000 permanentes en la zona). Un vacío llamado a la Unidad, en la región más pobre del país, saqueada por el gran capital forestal y donde prima la opresión y militarización contra la justa causa del pueblo mapuche.







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