Internacional

TRIBUNA ABIERTA

Francia: ¿a quién sirve su guerra?

Reproducimos a continuación una columna publicada en el diario francés Liberatión el martes 24, en el que un grupo de intelectuales y académicos hace un llamado urgente a la unidad contra los bombardeos de Francia.

Jueves 26 de noviembre de 2015 | Edición del día

Después del estupor, varios intelectuales y universitarios se preguntan sobre la oportunidad de una nueva “guerra al terrorismo”, cuando las intervenciones militares precedentes no tuvieron ningún resultado positivo.

Ninguna interpretación monolítica, ninguna explicación mecanicista dilucidará los atentados. ¿Significa eso que es necesario guardar silencio? Muchos creen -y los comprendemos- que ante el horror del acontecimiento, sólo sería decente el recogimiento. Pero no podemos callarnos cuando otros hablan y actúan por nosotros arrastrándonos a su guerra. ¿Hay que dejarlos actuar en nombre de la unidad nacional y de la orden de pensar como el gobierno?

Porque esto sería la guerra de ahora en adelante. ¿Y antes, no? ¿Y la guerra por qué: en nombre de los derechos humanos y de la civilización? En realidad, la espiral a la que nos arrastra el Estado bombero pirómano es infernal. Francia está en guerra continuamente. Sale de una guerra en Afganistán, plagada de civiles asesinados. Los derechos de las mujeres allí son siempre ultrajados, mientras que los talibanes ganan terreno día a día. Sale de una guerra en Libia que deja al país arruinado y arrasado, con muertos por miles y armas free market que aprovisionan a todos las yihadistas. Sale de una intervención en Mali. Los grupos yihadistas ligados a Al-Qaeda no cesan de progresar y de perpetrar masacres. En Bamako, Francia protege un régimen corrupto hasta el hueso, como en Níger y Gabón. ¿Los oleoductos del Medio Oriente, el uranio explotado en condiciones monstruosas por Areva, los intereses de Total y de Bolloré no tendrían nada que ver con esas intervenciones muy selectivas, que dejan países devastados? En Libia, en África Central, en Mali, Francia no encaró ningún plan para ayudar a las poblaciones a salir del caos. Ahora bien, no basta con administrar lecciones de supuesta moral (occidental). ¿Qué esperanza de futuro pueden tener las poblaciones condenadas a vegetar en los campos de refugiados o a sobrevivir en las ruinas?

¿Francia pretende destruir al Estado Islámico? Bombardeando, multiplica a los yihadistas. Los bombarderos Rafale matan civiles tan inocentes como los del Bataclan. Como en Irak, algunos de estos civiles terminarán solidarizándose con los yihadistas: estos bombardeos terminan siendo bombas de efecto retardado.
El Estado Islámico es uno de nuestros peores enemigos: masacra, decapita, viola, oprime a las mujeres y recluta niños, destruye el patrimonio mundial. Al mismo tiempo, Francia vende al régimen saudí, conocido por financiar las redes yihadistas, helicópteros de combate, barcos de patrulla, centrales nucleares. Arabia Saudita acaba de solicitar 3 mil millones de dólares de armamento; pagó la factura de los dos barcos Mistral vendidos al Egipto del mariscal Al-Sissi, que reprime a los demócratas de la primavera árabe. ¿En Arabia Saudita, no se decapita? ¿No se cortan las manos? ¿Las mujeres no viven en semi esclavitud? El apoyo al régimen de Yemen la aviación saudí bombardeó las poblaciones civiles, destruyendo a su paso tesoros arquitectónicos. ¿Se bombardeará a Arabia Saudita? O bien ¿la indignación fluctúa según las alianzas económicas del momento?

La guerra a la yihad, militarmente hablando, se lleva adelante en Francia también. Pero ¿cómo evitar que no se hundan en ella también los jóvenes de los sectores populares, si ellos no dejan de ser discriminados en todas partes, en la escuela, en el trabajo, en el acceso a la vivienda o en sus creencias? Y si terminan en prisión. ¿Se los estigmatizará más aún? ¿No se les ofrecerá otras condiciones de existencia? ¿Se les negará su dignidad? Estamos aquí: la única manera de combatir concretamente, aquí, a nuestros enemigos, en este país devenido el segundo vendedor mundial de armas, es rechazar un sistema que, en nombre de la ganancia a corto plazo, produce más injusticia en todas partes. Porque la violencia de un mundo que Bush junior nos prometía hace catorce años; un mundo reconciliado, calmado, ordenado; esa violencia no nació del cerebro de Ben Laden o del Estado Islámico. Ella crece y prolifera sobre la miseria y las desigualdades que, año tras año, los informes de la ONU muestran que aumentan, entre países del Norte y del Sur, y en el seno de los países denominados ricos. La opulencia de unos tiene como contraparte la explotación y la opresión de otros. No se hará retroceder a la violencia sin atacar sus raíces. No hay atajos mágicos: las bombas no lo son.

Cuando se desencadenaron las guerras de Afganistán y de Irak, nuestras movilizaciones fueron poderosas. Afirmábamos que esas intervenciones sembrarían, ciegamente, el caos y la muerte. ¿Nos hemos equivocado? La guerra de François Hollande tendrá las mismas consecuencias. Es urgente unirnos contra los bombardeos franceses que acrecientan las amenazas y contra las derivas liberticidas que no arreglan nada, sino que evitan y niegan las causas de los desastres. Esta guerra no se llevará adelante en nuestro nombre.

Firmantes: Ludivine Bantigny historiadora Emmanuel Barot filósofo Jacques Bidet filósofo Déborah Cohen historiadora François Cusset historiador de las ideas Laurence De Cock historiadora Christine Delphy socióloga Cédric Durand economista Fanny Gallot historiadora Eric Hazan Sabina Issehnane economista Razmig Keucheyan sociólogo Marius Loris historiador, poeta Marwan Mohammed sociólogo Olivier Neveux historiador de arte Willy Pelletier sociólogo Irène Pereira socióloga Julien Théry-Astruc historiador Rémy Toulouse editor Enzo Traverso historiador.

Publicado originalmente en el diario Liberatión







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