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Red Internacional

El poemario de Marcos Arena es un verde paisaje del infierno. En Ensenada y Berisso, quinta y sexta localidades con peor calidad ambiental del país, brotan poemas desde las entrañas.

Facundo ArataProfesor en Letras. Militante en La Marrón Docente en Berisso

Sebastián PalmasProfesor de Geografía | Militante de La Marrón Docente en Ensenada.

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Lunes 5 de septiembre | 22:05
Fotos: Olga González @__c_h_i_n_a__

No es para menos y mucho menos soslayable que Fosforitos (Agnes. Casa editorial 2022), poemario del docente, poeta, performer Marcos Arenas esté encabezado por el siguiente epígrafe:

"Anoche estuve meditando sobre todo el petróleo que he usado" (Ray Bradbury, Farenheit 451.)

El poemario remite desde su título a la típica postal visible durante el día y la noche de Ensenada y de Berisso: Los tres fósforos o antorchas que queman todos los residuos de YPF.

Fosforitos está compuesto de 34 poemas de una extensión media a breve de versos irregulares que abandonan la rima y el conteo medido de sílabas para sostenerse en el ritmo de cada verso quebrado con buen criterio por parte de Arenas.

Podemos arriesgar y decir que este procedimiento tiene como cometido lograr contaminar con el punto de vista del autor al lector: punto de vista asociado al de muchos vecinos y vecinas de la región conscientes -o que no han perdido la consciencia- del riesgo ambiental y sanitario que significa tener un polo petroquímico en la puerta de sus casas, en el fondo de sus jardines, en su ropa, comida, platito de agua del perro.

Foto: Olga González

La casa tiembla, el mate tiene olor a combustible

Como primera definición, luego de una lectura atenta, podemos suponer que el poemario, como si fuese el mapa de una región, está delimitado por el primero de los poema que funciona como una suerte de introducción y el último que cerraría a modo de conclusión trágica:

“La casa tiembla// hay otro incendio/ en YPF// otra mañana/ de espuma y kerosene” (Poema 1. VV.1-5)

Foto: Olga González

“cuando sonó/ la última alarma/ creímos que por fin/ iba a explotar/ YPF// pero no”. (Poema 34)

Ese mapa delimitado se ubica territorialmente en el espacio comprendido en los alrededores de la refinería de YPF. Dentro de esta región, los poemas se ubican en espacios que nos resultan familiares, posibles de ubicar en la vida cotidiana y que resultan hasta nostálgicos: patios habitados por glicinas, casas antiguas de chapa, momentos de descanso en torno a una estufa o un mate.

Estos elementos -que llamaremos tipos- podrían pensarse como representativos de literaturas de corte realistas, es decir de un tipo de literatura que tiene como propósito representar la realidad "tal cual como la percibimos". Estas representaciones, que de alguna manera preservan la memoria idealizada, son intervenidas constantemente: contaminadas debido a los residuos quemados en los fósforos que precipitan en toda la región y los desechos de los hidrocarburos que contaminan aire, suelo y agua.

Foto: Olga González

En esta línea, es importante retomar cómo funciona el epígrafe que citamos anteriormente: podemos decir que, producto de la contaminación, el espacio familiar y nostálgico -lo cotidiano- se vuelve un escenario desolado, fantasmático, catastrófico e inhabitable como propone la narrativa y también la poesía de ciencia ficción.

Este entrecruzamiento entre ambos modos de representar los hechos, nos coloca en un lugar ambiguo pero no lejano, difuso pero reconocible. A su vez, plantea en cada alarma que parece sonar, en cada grano de hollín que precipita, en el humo y los vapores de cloro, verso a verso, una crisis en la representación de la realidad postpandémica por un lado. Por el otro, la crisis ambiental del siglo XXI que es social.

¿Quiénes están entre las nubes de cloro?

Ese espacio no está vacío. Además de la voz lírica esta región está habitada por obreros, caballos que tiran de carros que remiten a córceles, falsos profetas, gatitos rojos, casas de chapa, familias tipo que hacen muñecos de aceite, ancianos y hasta una representación grotesca de Marilyn Monroe, entre otros.

Los poemas donde aparecen los obreros como personajes centrales son interesantes. De parte de la voz lírica se da un efecto similar al que sucede en otros poemas: una contaminación de un tipo. En este caso la contaminación de la figura un trabajador de YPF retirado, "héroe de los 90":

veterano de YPF/ que peleaste/ mano a mano/ la guerra/ de los 90// yo me acuerdo/ cómo subiste/ al fosforito/ y desde allí/ te opusiste/ con la bandera/ en llamas// hoy/ te dormís/ en el charco/ de aceite// a ver quién/ completa/ tu sueño. (Poema 22)

En las primeras líneas se percibe un aire emotivo, idealizando a la figura de héroe en la guerra de los 90’, a un tipo: Un obrero que puede ser cualquier vecino, que participó en las luchas obreras que se dieron tanto en Berisso como en Ensenada, por ejemplo el Ensenadazo en los años 90’ que forjó una tradición de lucha en la región.

Hacia el final del poema, esta imagen idealizada se contamina. Vuelve al presente -hoy/ te dormis/ en el charco/ de aceite- para reflejar un espectro de aquél: uno de esos trabajadores en el que refleja la traición de la burocracias, que en el presente descansan sobre aceite y que son presentados por la voz lírica como solo un recuerdo lejano y difuso en la bruma de la fábrica y la memoria de aquellos años de lucha.

Algo interesante es también la operación que sucede con los caballos. La voz lírica trata de hacer la misma operación -un tanto quijotesca si se quiere-, eludiendo la realidad. En definitiva, son caballos de carro -propios del paisaje de la zona- pero que en la operación que lleva adelante, estos son la representación de grandes caballos que llevaron adelante grandes proezas.

caballo de los pantanos/ ¿puedo imaginar/ en tu cuerpo/ esa guerra? [...] me pregunto si/ puedo imaginar/ en tu cuerpo/ esa guerra// oh caballo de los pantanos (Poema 26 vv. 1-4; 32-36)

La poesía como alarma del medio ambiente

Para ir concluyendo, dentro del poemario de Marco Arenas hay lugar para denunciar la contaminación ambiental que perpetran las fábricas de la región. La denuncia por la crisis está presente al momento de representar la realidad. Con la misma operación que ya señalamos, estaría contaminada por un modo de representar la realidad más cercana a lo que reconocemos como la ciencia ficción, más precisamente la de corte distópico.

Este recurso lo emplea para posicionarse y denunciar a partir del uso efectivo de la ironía y la paradoja -tal vez excesivo- la contaminación y el progreso basados de la superexplotación de los recursos ambiental:

“ese camión/ viene del mar/ con petróleo del mar //es el futuro //hay que limpiar el petróleo/ de las impurezas marinas// ¡ahora/ saquen todos los hipocampos/ las gaviotas/ quiten esas/ plumas/ toda la sal/ todo el pez/ limpien/ ahora!// es el futuro/ hirviendo/ se acerca/ para el consumo/ humano” (Poema 30)

Foto: Olga González

El poemario de Marcos Arenas propone al lector una lectura ágil apelando al efecto. Expone un posicionamiento sobre la crisis ambiental y sobre la decadencia del sistema capitalista que excluye a los trabajadores y aquellos espacios cotidianos que fueron nuestros hogares.

En el presente del poemario, estas figuras son expuestos como sombras que esperan cuando suena la última alarma de YPF que exploté todo pero esto no sucede. Al llegar al final, queda un interrogante.

Queda flotando entre el hollín y los vapores, la certeza: Los obreros son los únicos que pueden detener la alarma pero apelando a sus métodos, su tradición y su enorme fuerza que mueve el mundo al servicio de pensar y planificar racionalmente. Para desandar así, siglos de destrucción del capital y sus parásitos con el fin de lograr una vida en armonía con la naturaleza, una vida desalienada y que merezca ser vivida.




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