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Fórmula 1: esa excitante carrera en la que no se pasan casi nunca

Ver Fórmula 1 es en sí mismo una tarea intelectual. Si hay lucha por posiciones, duran apenas unas vueltas y por lo general en los puestos de retaguardia, esos que no se televisan ni se comentan casi. Monza 2019: una carrera que no fue ninguna excepción. ¡Pero qué excitación!

Miércoles 20 de mayo | 00:00

Si uno quisiera ver carreras donde haya sorpassos, peleas por la punta, en el medio pelotón y la retaguardia, se equivocó de categoría. Aquí sí que no se pasa nadie. O casi, no exageremos. Una cosas sí es clara: si te gusta el “chapa-chapa”, mirá Turismo Nacional y si te gustan peleas donde el piloto vale casi por el 100% y no tanto el auto, véase monomarcas o Fórmulas 3, con casi todos los autos estandarizados. Más aún: suba a los campeonísimos de la F1 a los kartings, que siguen siendo al día de hoy la verdadera escuela y alma matter de todo esto.

Pero no, uno insiste con la mayor tecnología, disposición logística de circuitos y equipos, y toda esa mansedumbre que rodea lo tradicional de una F1 que nunca ha dejado de ser una vitrina del imperialismo europeo. A pesar de algunas muy buenas peleas entre Mad Max y Charles Leclerc; y algunas de medio pelotón de las que Saiz, Norris, Perez y otros de vez en cuando nos deleitan, la excitación de la F1 no está en la posibilidad de adelantos en pista, sino en lo extremadamente táctico que se vuelve lograr uno. Tomaremos aquí un ejemplo de una verdadera pelea “intelectual” por posiciones en una carrera: Monza 2019.

Pero antes de ir a ese Gran Premio hagamos un paréntesis, a forma de anécdota comparativa. En 1991, en el mismo circuito de Monza, largaba primero Ayrton Senna con su inconfundible Mc-Laren, y atrás de él los 2 Williams Renault, el de Mansell y el de Patrese. La táctica de los Williams contra Ayrton fue relativamente sencilla: atacar, atacar, atacar. Primero con Mansell, quien pegándose al Mc-Laren, exigía que Ayrton alargue el frenaje a cada chicana del legendario circuito. Una vez realizada esa faena por algunas vueltas, Mansell deja pasar a su compañero Patrese, quien comienza así el segundo ataque contra el astro brasilero. Ataque semi-victorioso, porque luego de lograr la punta, el italiano hizo un semitrompo retrasándose, y así dándole nuevamente la punta a Ayrton. El brasilero se sostuvo 33 vueltas “tail to noise” (cola con nariz) con Mansell, imágenes que hoy no pueden verse dado los adversos efectos aerodinámicos que produce ir por mucho tiempo en la cola del auto que va adelante. El plan de Williams finalmente había surtido efecto: o se le gana con ataques en pista o el Mc-Laren desafallece. Y así pasó, Senna debió entrar a boxes porque las cubiertas no le daban más. Mansell liquida así el pleito a su favor, luego de haber descansado su auto en el segundo ataque de su co-equiper.

Una pelea que tiene éstas épicas vueltas de disputa:

Ahora veamos año 2019. Mismo circuito, y algunas características similares pero distintas: el Ferrari de Leclerc, imbatible durante todo el fin de semana, en la pole position. Detrás, los dos autos de Mercedes, el team que ya hace 6 años viene aburriendo con sus campeonatos de pilotos (Hamilton ya pasó a Fangio y está a uno de igualar a Schumacher) y dominando a placer en la pelea de constructores. La táctica contra el autazo del rojo caballino rampante fue doble: Hamilton, segundo en la carrera, manteniéndose a tiro del puntero, decide ir a boxes antes que la vanguardista Ferrari. La idea es, al salir de boxes, acelerar como bestia y disolver la diferencia con la Ferrari en esas vueltas en las que, con caucho fresco, comienza a andar más rápido que el puntero. Esto obligó a Leclerc a realizar también un cambio de neumáticos inmediatamente, para neutralizar el ataque que efectuaba el Mercedes desde la vuelta anterior. Eso que hizo Hamilton se conoce como “under-cut”.

A Hamilton no le salió nada mal, pero tampoco del todo bien. El recorte de tiempo no fue el suficiente, dado que terminó en la nuca de Leclerc, pero no adelante. Entonces por unas vueltas debió atacarlo, ésta vez en pista, a la vieja usanza. Maniobra semi-polémica de por medio, la Ferrari de Leclerc mantuvo su dominio, dejando a Hamilton con la esperanza de administrar el gasto de neumáticos y así intentar un último intento de ataque al final de la carrera.

Pero Mercedes tuvo una segunda carta: el auto del finlandés Valteri Bottas, quien iba expectante en tercera colocación, decidió aletargar lo máximo posible su entrada en boxes. Quedó así en primera colocación dado la entrada a aquellos dos, pero debiendo realizar sí o sí un ingreso a boxes en algún momento. El cálculo es digno de una fórmula algorítmica: conservar las viejas cubiertas todo lo posible, para que de esa manera, aunque los otros dos se van acercando, esa pérdida de tiempo no sea lo suficientemente grande como para entrar a boxes, calzar las cubiertas más blandas de la competencia y así conservar chances de realizar en las últimas diez vueltas un ataque brutal sin muchas opciones de “plan b”, dado que la carrera se acerca a su fin. Sería algo así como un “over-cut” de muy largo plazo. Sí, medio complejo, pero así uno tiene que mirar la F1 hoy por hoy.

La cuestión es que Bottas hizo su parada y volvió a la colocación original, tercero, a unos pocos segundos más que en el inicio de la carreras, pero sin ninguna necesidad de cuidar los neumáticos, sino yendo al todo o nada, mientras la Ferrari de Leclerc y Hamilton, con muchas vueltas más sobre sus neumáticos, iban con distancias calcadas desde hacía un tiempo, sin mayores novedades. Hasta que se lanzó el ataque final: Hamilton, con el auto en las mismas condiciones que Leclerc, debió exprimir hasta el final el Mercedes. Mientras intentaba un ataque a la potencia roja, veía cada vez más grande en sus retrovisores a Bottas. La presión fue demasiada, equivocándose en una variante y dejándole el paso a Bottas para su turno final.

La métrica de carrera era clara: faltando tres vueltas Bottas estaría en la nuca de la Ferrari; dicho y hecho. Pero el finlandés apresuró su ataque en la primera variante, pasándose apenas y perdiendo así valiosísimas décimas que fueron su perdición. Nunca tuvo una segunda oportunidad. La Ferrari, con un segundo de diferencia en la última vuelta, aseguraba su victoria, y así lo fue. Leclerc estalla de alegría, lo mismo que todos las decenas de miles de tifosi.

El plan de Mercedes solo pudo ser neutralizado por una sola cosa: esa Ferrari circulaba como un trompo galáctico. Ni la más poderosa tecnología y cálculo de la bestia de plata alemana pudo esa vez con el motor italiano.







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