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Red Internacional

PATEANDO EL TABLERO.Formosa y Jujuy, donde muere el relato republicano

Editorial en Pateando El Tablero, 101.7 Jujuy FM, miércoles de 13 a 17 horas.

Miércoles 10 de marzo | 22:54

La derecha aprovechó las últimas aventuras represivas de Gildo Insfrán y lo transformó en un nuevo “caso Nisman”, un baluarte de la tiranía en las provincias del norte, con el que pueden volver a encontrar motivos para flamear la bandera argentina.

Al Gobernador de Formosa le sobran atributos para ocupar este rol de “villano” en la
República imaginaria de Juntos por el Cambio. Insfrán es un ícono del autoritarismo, el poder eterno, la corrupción y los privilegios en una de las provincias más pobres del país.

Sin dudas, su accionar como parte de los Gobernadores del Frente de Todos, le da leña a la derecha con la cual mantener viva la llama de la denominada grieta.

Pero como todo lo que se cae dentro de la grieta adquiere valores absolutos, pierde el sentido de la proporcionalidad o de la realidad misma, puede llevar a que se pierda de vista a otro “villano” que se encuentra a 938 km de Formosa, el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales.

Claro está, que para poner a contraluz a los gobiernos de Formosa y Jujuy, lo mejor es pararse por fuera de la grieta y preguntarnos, por ejemplo, ¿Es muy diferente cuando Insfrán detiene a concejalas opositoras en medio de la pandemia a cuando la Policía detuvo a mi compañera Andrea Gutiérrez, concejala de San Salvador, cuando defendía a estudiantes que reclamaban por el cierre de colegios ordenado por Morales?

O mi caso, siendo diputado electo por más de 60 mil jujeñas y jujeños, hace 10 meses que por orden de Morales la Legislatura de Jujuy no me deja asumir, ¿Acaso esto no es un acto de autoritarismo, un atentado a la República que dicen defender?

Insfrán es Gobernador desde 1995 e ingresó a la función pública en 1987. Morales lo hizo apenas dos años después en 1989 y desde ahí en adelante no soltó los cargos en el Estado. ¿Quién es el eterno?

Otro aspecto donde no tienen nada que envidiarse es en el sistema electoral. En 2016 hicimos una presentación de inconstitucionalidad del código electoral de Jujuy por el piso del 5 % del padrón de votantes para acceder a un cargo legislativo. La Corte jujeña, rearmada con mayoría propia por Morales, nos respondió que había casos peores como el de Formosa. Allí existe una Ley de Lemas aplicada junto a un código electoral por el cual los cargos se reparten entre dos fuerzas. El que sale primero se lleva los 2/3 y el segundo el tercio restante. Así en ambas Legislaturas solo hay representantes del Partido Justicialista o de la UCR-PRO, salvo excepciones como fue el ingreso del FIT en Jujuy en 2017 gracias al apoyo popular que nos permitió superar el piso electoral proscriptivo de Morales y sus socios justicialistas.

En materia represiva, los mismos que denostan las brutales represiones de Insfrán sobre el pueblo, ¿No recuerdan la represión y detención de la Policía de Morales a obreros azucareros de La Esperanza o el ingreso de la Policía en la Facultad de Ciencias Agrarias y la detención del presidente del centro de estudiantes?

Recientemente fuimos reprimidos en la puerta de la Legislatura de Jujuy junto a mi compañera diputada Natalia Morales, mujeres y vendedoras ambulantes que acompañaban el reclamo por asumir la banca. El 8 de marzo comenzó con la Policía reprimiendo a mujeres en el popular barrio Campo Verde de la capital jujeña. Morales lo reivindicó y ordenó causas para todos. ¿Hay represiones que cuentan y represiones que no?

Insfrán tiene un récord en represión a los pueblos originarios Qom, Morales tiene otro, el hecho de desconocer las observaciones de los organismos internacionales que hicieron sobre la detención arbitraria de Milagro Sala. En ambas provincias existe un régimen policíaco de hostigamiento sistemático sobre todo aquel que levante la voz.

Tanto palo al pueblo tiene beneficiarios materiales. Insfrán y Morales asientan sus regímenes sobre economías cruzadas por una profunda desigualdad, donde los varones del negocio arrocero, ganadero y del tanino en la primera; y del azúcar, el tabaco y la minería en la segunda, son los amos y señores detrás de escena. Y en muchos casos el límite entre los negocios y los cargos públicos directamente no existe.

Estos privilegios propios de una casta contrastan con la pobreza que alcanza al 42,4 y 38 por ciento de la población, el empleo asalariado no registrado que ronda el 50% y en los jóvenes de 18 a 24 años pasa al 58,9 y 90 por ciento en Formosa y Jujuy respectivamente.

En las provincias del denominado, “Norte Grande”, solo disfrutan unos pocos. Sostener esta cruda realidad para las amplias mayorías no puede ser en base a república, sino por la fuerza de regímenes autoritarios diseñados a la medida de los poderosos. Así los hechos, Formosa nunca estuvo tan cerca de Jujuy.




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