Política

SERVICIOS PRESTADOS

Fopea premió al operador del Gobierno Claudio Andrade por “investigar” el caso Maldonado

El seudoperiodista de Clarín apostado en la Patagonia es un prolífico lanzador de pescado podrido al servicio de Patricia Bullrich. El viernes Fopea lo premió por su “periodismo en profundidad”.

Daniel Satur

@saturnetroc

Lunes 5 de noviembre | 13:53

Foto Infobae

En otras épocas el Foro del Periodismo Argentino (Fopea) supo destacarse por defender el oficio periodístico ante ataques, persecuciones y violencias cotidianas perpetradas desde las diversas expresiones del poder. Pero eso ya fue.

En la reciente edición 2018 de la entrega de los “Premios Fopea al periodismo de investigación”, la organización integrada cada vez más por gerentes de medios que por trabajadoras y trabajadores de prensa, mostró sin pudores su degeneración. Hoy ya es una ONG arrastrada a los pies de los grandes oligopolios mediáticos y al poder político.

Alguien dirá “¿recién se avivan? ¡si a Fopea lo preside Néstor Sclauzero, gerente de Noticias de la TV Pública!”. Claro que no es novedad el derrotero de Fopea. Y desde ya que el mero dato de que ese “foro” está encabezado por el funcionario puesto a dedo por Hernán Lombardi y Mauricio Macri al frente de la mentira televisada, podría alcanzar y sobrar.

Pero el viernes pasado dieron un pasito más. Entre las múltiples estatuillas entregadas a periodistas, Fopea premió nada menos que a Claudio Andrade, el servidor estrella del Ministerio de Seguridad que hace las veces de “cronista” desde las páginas de Clarín. Y, por si fuera poco, lo premiaron en la primera de las categorías mencionadas, “periodismo en profundidad”, por su cobertura del caso de la desaparición forzada y muerte de Santiago Maldonado.

Profundidades

Andrade compartía terna con Pablo Calvo de Clarín y con Micaela Urdinez de La Nación, quienes hicieron dos investigaciones (“Pozo de los aparecidos” y “Hambre de futuro”) que podrían considerarse “promedio” para la profesión. Pero no fue por ese desnivel de “profundidad” que ganó, obviamente.

Al momento de subir al escenario a recibir el galardón, Mariano Iúdica lo definió (váyase a saber por qué) como “prestigioso investigador de Clarín en el sur”. Y Andrade se hizo el emocionado. Haciendo uso de la palabra, arrancó diciendo: “para un tipo de las cavernas como yo es un inmenso honor”.

Después destacó que durante la cobertura del caso Maldonado tanto él como el propio Clarín sufrieron “presiones, amenazas y verdaderas campañas en contra”. Así, sin ruborizarse siquiera.

Hablando en vivo por un canal de alcance nacional, Andrade prefirió no decir absolutamente nada de la “profundidad” de su trabajo de investigación alrededor del caso por el que Fopea lo premió. Y no fue precisamente por estar nervioso o “presionado”. Más bien fue porque no tenía mucho que decir o, en todo caso, porque de ser honesto debería haber agradecido a sus “fuentes” (vitales para su corresponsalía patagónica) y eso hubiera sido demasiado.

Es probable que la transmisión de América no la hayan visto ni la ministra de Represión y Criminalización Patricia Bullrich, ni sus subalternos Pablo Noceti y Gerardo Milman, ni su exempleado y actual servidor de la Corte Suprema Gonzalo Cané, ni el juez federal de Esquel Guido Otranto y su par de Rawson Gustavo Lleral, ni la fiscal Silvina Ávila y su secretaria Rafaella Riccono (esposa de Otranto), ni el gobernador de Chubut Mariano Arcioni ni las decenas de jerarcas y oficiales de la Gendarmería, Prefectura, Policía Federal y policías provinciales que pueblan la región patagónica. Pero sin dudas comparten la alegría con Andrade.

En un racconto preciso, el periodista Santiago Rey enumeró en el sitio barilochense En estos días varias de las razones por las que Andrade no solo no debería ser merecedor de ningún premio al periodismo sino por las que debería ser citado a declaración indagatoria con altas probabilidades de ser imputado por encubridor.

“Fue Andrade quien -sistemáticamente citando ’fuentes confiables’- instaló en la agenda que a Santiago lo había matado de un cuchillazo un puestero al que había atacado; que había realizado el ’sacrificio’ de pasar a la clandestinidad para beneficiar la causa mapuche; que había sido visto, dos meses después de desaparecer, en El Bolsón, durante una fiesta; que estaba en San Luis; o en el litoral. Y peor, Andrade fue quien, con el libreto del ministerio de Seguridad que conduce Patricia Bullrich, ayudó a sedimentar sobre el medio pelo argentino la idea de que en el sur los mapuches formaron una suerte de guerrilla secesionista, comparable a las FARC, la ETA o los kurdos”, detalla Rey.

Y agrega que “la lista de los lugares en los que Andrade dijo que Maldonado estaba o de la suerte que había corrido, es interminable. Como si esas notas no hubiesen existido ni formaran parte de la ’cobertura’ realizada por Clarín sobre el tema, Fopea premió ese trabajo”.

Verdad versus relato

Andrade puede haber recibido en los últimos días mensajes de felicitación de parte de Bullrich, Cané, Nocetti, Otranto, Ávila, Arcioni y hasta del mismísimo Luciano Benetton. Y seguramente se habrá mirado en el espejo del baño (ahí donde cada quien habla consigo mismo como en ningún otro lado) diciéndose “bien, Claudio, misión cumplida”. Apretando las mandíbulas se habrá figurado como un guerrero imprescindible para la causa antimapuche y proterrateniente.

Por el contrario, hay muchas personas a quienes la noticia del premio al servidor estrella del ministerio de Bullrich les cayó muy mal. Empezando por la familia de Santiago.

La madre, los hermanos, las cuñadas, las amigas y los amigos de Maldonado llevan más de un año y tres meses sufriendo la campaña macrista, encabezada por Andrade desde Clarín, para demonizar al joven artesano muerto en el marco de la brutal represión de Gendarmería en la Pu Lof de Cushamen y para deslegitimar y desmoralizar a quienes solo exigen que se sepa qué pasó con Santiago y que quienes son responsables de su muerte reciban el castigo que merecen.

Además de la familia y las personas más cercanas a Maldonado, el premio a Andrade es un escupitajo a la cara de Fopea a las comunidades mapuches (primeras en la línea de fuego del Estado) y para los organismos de derechos humanos que denunciaron con precisión la estrategia oficial de tergiversación de la realidad e impunidad para los criminales.

Pero también es una afrenta a la infinidad de periodistas que durante todo este tiempo pusieron en serio su oficio y su tiempo al servicio de obtener la información indispensable para llegar a la verdad de los hechos y determinar qué pasó con Santiago y quiénes son los responsables de que haya terminado su vida de esa manera.

Andrade es tan rastrero que, en medio de álgidos debates sobre el manejo de la información y sobre qué se dice y qué se oculta, cuando es detectado mintiendo decide bloquear de sus redes sociales a sus interlocutores y seguir en la suya como si nada. Todo un síntoma que lo asemeja a los servicios de inteligencia cuando son sorprendidos in fraganti.

El sitio En estos días, que trabaja en el mismo territorio que el psudoperiodista de Clarín, afirma que “la extorsión emocional de Andrade a través de las redes incluye contarse como un tipo humilde, laburador, que se hizo de abajo -y es cierto, si no fuera por la renta del hotel familiar de Chile-, que la pasó mal, y que, sin embargo, vio la luz y sabe cómo comportarse ante los dueños del poder: escriba sumiso de los intereses de otras clases”.

La Izquierda Diario también desenmascaró a Andrade más de una vez en torno a su rol pérfido en el caso Maldonado. El 19 de octubre de 2017, dos días después del hallazgo del cuerpo de Santiago en el Río Chubut, desde aquí se demostró cómo Andrade ya pergeñaba su propia “teoría del accidente” y cómo Clarín intentó decir que hacía un mes ese diario había anticipado dónde estaba el cuerpo del joven.

Poco después el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) desmintió otra de las operaciones de Andrade en Clarín. Y en julio de este año fueron profesionales del Centro Atómico Bariloche quienes hicieron pública una lapidaria desmentida a artículos del pseudoperiodista que había lanzado información falsa sobre peritajes y estudios científicos.

Una de las últimas (y bizarras) maniobras de Andrade fue acusar a quien escribe y a otros periodistas de haber publicado la imagen de su rostro cuando él en verdad siempre se mantuvo oculto. Tan burda fue su mentira que no bastó más que acudir a Youtube para demostrar que su victimización no resiste el menor análisis.

El 1° de agosto, al cumplirse el aniversario de la represión de Gendarmería que daría inicio a 78 días de desesperante búsqueda de Santiago, aquí se detalló el “año de mentiras de Clarín y La Nación sobre Santiago Maldonado”.

Vale decir que ni Andrade ni ninguno de sus colaboradores pudo rebatir (ni en público ni en privado) ninguna de las acusaciones que se hicieron sobre sus manipulaciones y falacias. Todo lo contrario, como las lauchas, él siempre prefirió rajar por los tirantes antes de hacerse cargo.

Este medio coincide con dos reflexiones que hace Santiago Rey desde En estos días. La primera, es que nada de lo que afirmó Andrade en su cobertura “en profundidad” del caso Maldonado se condice con lo que figura en los expedientes judiciales.

En ningún lado se comprueba que Santiago se ahogó “prácticamente sin intervención de terceros”, ni que su cuerpo estuvo siempre “en el mismo lugar donde fue hallado el 17 de octubre”, ni que el Estado “sólo cumplió con su deber de despejar la ruta” y “nada tuvo que ver en el desenlace”. O mejor dicho, solo en la imaginación de Andrade y de quienes le dictan sus notas.

La segunda coincidencia con Rey es que “el círculo del encubrimiento quiere cerrarse con premios, palmadas del poder en la espalda de su mejor escriba. Quieren, con galardones y actos en hoteles de lujo, dar por terminado el tema. Caso cerrado, dicen. Pero como en las viejas novelas policiales, siempre dejan un rastro. Un rastro de sangre”.

Nota de color: la transmisión de la entrega de los premios de Fopea por América estuvo conducida por la periodista Débora Plager y por los… bueno, por Pablo Vilouta y Mariano Iúdica. Así estamos







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